04 de Oct de 2022

Cultura

Shikoku, la pequeñita

Un destino primordial para conocer el Japón tradicional. Se trata de la menor de las cuatro islas principales que conforman el archipiélago japonés

Shikoku, la pequeñita
Iyanokazura BashiCedida

Aterrizamos en Shikoku la más pequeña de las cuatro islas principales que conforman el archipiélago de Japón, Son cuatro las prefecturas de Ehime, Kagawa, Kochi y Tokushima, no obstante de tener la menor población eso no la descarta como destino turístico, ¡muy por el contrario!, se dice que para conocer el Japón tradicional es preciso darse una vuelta por esta “grandiosa” Isla.

Peregrinaciones y templos

Iniciamos con el Shikoku Henro, una ruta de peregrinación asociada al monje budista Kobo Daishi —Kukai—. Ella cuenta con ochenta y ocho templos oficiales y veinte bangai fudasho —templos extra oficiales—. La distancia de mil doscientos kilómetros del recorrido se hacía a pie, aunque en la actualidad algunos peregrinos usan bicicletas, motos, taxis o buses. Dar la vuelta a la isla es una muy agradable forma de visitar las cuatro prefecturas que la componen.

Shikoku, la pequeñita
Cueva OnigashimaCedida

De los templos budistas pasamos a los santuarios sintoístas, que son varios, aunque el más espectacular es el Santuario de Kotohira, también conocido como Konpira-san y es el equivalente Japonés a la Virgen de la Caridad del Cobre, o sea, que es el patrono de los marineros y del transporte marítimo. Desde el período Edo (1603-1868) ya figuraba en la lista de lugares a visitar, antes de la pandemia de este siglo, recibía cerca de tres millones de turistas anualmente entre nacionales y extranjeros, está localizado en el monte Kotohira, por lo que llegar a él no es tarea fácil. Para visitar el hondo —santuario principal— hay que subir setecientos ochenta y cinco escalones, pero al hacer la primera mitad de la subida puede descansar en las diversas tiendas de recuerdos un rato... ¡Y más vale que las use!, porque para llegar al oku-no-In —Santuario interior—, necesitará subir quinientos ochenta y tres escalones más. La recompensa no es solo la visita al santuario, la cima ofrece una vista maravillosa de la prefectura de Kagawa, su bahía y alrededores.

Continuamos con el Matsuyama-jo —Castillo de Matsuyama—, en la cima del monte Katsuyama, con la ventaja de que a este puede acceder por auto, teleférico o telesilla. Construido en 1603 por el señor feudal Kato Yoshiaki, es uno de los pocos castillos de Japón cuyo tenshukaku —torre utilizada por los señores feudales para mostrar su autoridad— se mantiene en pie.

Por último puede visitar el Imabari-jo —Castillo de Imabari— reconstruido en 1980, su importancia radica en que es uno de los tres mizujiro —castillos de mar— construidos en Japón. Edificado por el señor feudal Todo Takatora entre 1602-04, en la actualidad funciona como museo y tiene una gran colección de armas y armaduras utilizadas por samuráis de diversas épocas.

Shikoku, la pequeñita
Santuario de KotohiraCedida

Saciando el hambre

Tanto viaje abre el apetito y estar en Shikoku es la excusa perfecta para degustar el katsuo no tataki, atún rayado ligeramente asado sobre hierba lo que le da un sabor ahumado, con el exterior crocante y el interior crudo las texturas se suman a la delicia del sabor. Si prefiere el pollo, el honetsuki-dori es su plato, la materia prima puede ser gallina, lo que le da un tono más firme a la carne y mayor textura, o pollo joven cuya carne es más jugosa y suave. La cocción es la misma, frito con sal y pimienta hasta que la piel se torne dorada y crocante. De postre un botchan dango, un “pastelito de harina de arroz glutinoso” como se describe en Oishii, el diccionario ilustrado de gastronomía japonesa, ensartados en un palito de bambú, el color indica el sabor, rojo: frijoles azuki, amarillo con huevos y verde con matcha —hojas de té verde molidas—. Y qué mejor que la aventura para acelerar la digestión, con menos de cincuenta metros de largo el Iyanokazura Bashi, un puente suspendido hecho con la vid del kiwi siberiano y a una altura de catorce metros sobre el río. Es emocionante cruzarlo, no solo por el bamboleo, sino por lo separado de los maderos sobre los que se camina.

Al terminar, aproveche el coraje que aún le sobra y visite la cueva Onigashima —Isla de los ogros— en la isla Megijima. La fecha de su construcción es desconocida, al igual que su propósito. La leyenda dice que la isla estaba plagada de oni — ogro de la mitología japonesa—, y fue gracias al guerrero Yuriwaka Daijin quien se dispuso a acabar con ellos por sus fechorías e instaurar la paz en el lugar. En la actualidad la cueva puede explorarse y en ella encontrará estatuas de oni más graciosas que aterradoras.

Shikoku, la pequeñita
Castillo de MatsuyamaCedida

Si las alturas y el coraje no lo definen, un momento de relajación en el Ritsurin Koen —Jardín Ritsurin— será de su agrado. Con más de cuatrocientos años de antigüedad es considerado una propiedad cultural, sus vistas del monte Shiun, la posibilidad de paseos en bote para llegar a algunas islas, además de lugares para relajarse, descansar y saborear un té hacen de este un lugar tranquilo e idílico.

Si es amante de los matsuri —festivales—, el Awa odori se lleva a cabo en el mes de agosto desde hace más de cuatrocientos años, hay desfiles y espectáculos de bailes con increíbles coreografías. No recomendamos tratar de unirse al baile ya que a diferencia de otros matsuri, las coreografías pueden llegar a ser bastante complicadas. El festival es famoso en todo Japón, por lo cual debe hacer su reserva con tiempo.

Shikoku, la pequeñita
Festival 'Awa Odori'Ville Misaki

Y cerramos con una nota para los cinéfilos, en especial los que gustan del cine japonés. Aproveche y visite la isla de Shodoshima —famosa por sus olivos, limoneros y mandarinos—, donde además Keisuke Kinoshita grabó Nijûshi no hitomi (1954) —Veinticuatro ojos— y rememore el placer de ver a la musa de Mikio Naruse, la hermosa Hideko Takamine caminando por el lugar.

Shikoku, la pequeñita
Botchan dango, pastelito de harina de arroz glutinosoCedida

Quiero agradecer a Masatoshi Watanabe, quien nos ha brindado su ayuda revisando cada una de los artículos por región.

El autor es catedrático de la Universidad de Panamá y Doctor en Comunicación Audiovisual y Publicidad.