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02 de Apr de 2020

Planeta

Panamá, cruce de ballenas jorobadas

Este artículo nace como inspiración de la fastuosa portada sabatina del diario istmeño La Estrella Panamá, cruce de ballenas, donde apre...

Este artículo nace como inspiración de la fastuosa portada sabatina del diario istmeño La Estrella Panamá, cruce de ballenas, donde apreciamos en plena Bahía de Panamá el majestuoso sumergir de la cola de un cetáceo, exponiendo de esta forma nuestra muy reciente jornada en San Pedro.

Para aquellos amables lectores investigadores de la historia, es importante señalar que la isla de San Pedro fue descubierta en 1515 por Vasco Núñez de Balboa.

Su primer poblado, Taboga, fue fundado en 1524 por el padre Hernando de Luque siendo este aún el domicilio de la segunda iglesia más antigua del continente, ubicada a escasos veinte kilómetros de Ciudad de Panamá, Taboga, bautizada como ‘isla de las flores’ por su más célebre hijo, Bernardo Domínguez Alba, mejor conocido por su seudónimo Rogelio Sinán, es un imperdonable monumento a la indiferencia que nos caracteriza.

¡Es inaudito que un sitio que goza de tanta belleza natural e historia sea el albergue de un turismo a duras penas de cuarta categoría!

Su potencial turístico, dada la proximidad geográfica a la capital más hermosa de Latinoamérica la convertiría en otra Capri, un exuberante magneto a una peregrinación de primera categoría mundial, multiplicando así los ingresos de sus afables moradores y maximizando la captación de divisas para el país.

No cabe duda que dotada de un magistral plan maestro para su metamorfosis, San Pedro de Taboga podría tornarse en algo símil a Bendor (escudriñe por favor con detenido reparo el portal www.bendor.com ), islote aledaño al poblado de Bandol en la Riviera Francesa donde tuve la dispensa de profundizar mis estudios de la lengua de Moliere entre 1970 y 1972.

La propiedad del magnate francés Paul Ricard, fundador del afamado pastis (anisette con mayor concentración etílica que se acostumbra catar con agua) que lleva su apellido, era en la época sede de la escuela más notable de buceo de Europa bajo la tutela del ilustre oceanógrafo Jacques Cousteau.

Narrando las memorias de Bendor, no me cabe la menor duda que la transformación de San Pedro haría particular honra a la visita que en 1887 le realizara el afamado pintor galo Paul Gauguin.

El diligente empresario Alberto Quirós Jaén, quien también funge como presidente de la Comisión de Turismo de APEDE, ha creado una expedición de avistamiento de ballenas en el flanco sur de San Pedro de Taboga, a bordo de su restaurada nave camaronera Bubba Gump.

Obviamente este tipo de actividades colaboran en generar un mayor caudal turístico al estratégico sitio. Recientemente, tuvimos la preeminencia de acompañarle en la primera travesía. No es exagerado afirmar que la presencia de cetáceos en áreas tan cercanas a nuestras costas de julio a noviembre, es una de las exhibiciones naturales más impresionantes del globo terráqueo, que complementaran soberbiamente a nuestro icono istmeño, el Museo de Biodiversidad de Gehry en la Calzada de Amador.

Es responsabilidad del Gobierno Nacional, a través de las autoridades de turismo, tomar la batuta en esta iniciativa. No se trata de un derroche de fondos públicos, muy por el contrario, como quedó concretado en Bendor, hallar el inversionista privado magistral y dotarle de los incentivos necesarios para en efecto, ser el fragor del tan anhelado cambio, incluyendo una imponente marina para yates de lujo en el colindante atolón de El Morro que sirva como complemento y que facilite mayor privacidad a aquellos visitantes que opten por una alternativa al Club de Yates de Amador.

Un majestuoso proyecto de esta naturaleza a la entrada Pacífica del Canal patrocinaría con creces nuestra proyección universal como lo que somos, los Fenicios del siglo XXI.