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27 de May de 2020

Planeta

Algo huele a podrido en la cumbre

COPENHAGUE. William Shakespeare escribió una vez que “algo huele a podrido en Dinamarca”. A tres días del final de la COP15 aquí en Cope...

COPENHAGUE. William Shakespeare escribió una vez que “algo huele a podrido en Dinamarca”. A tres días del final de la COP15 aquí en Copenhague —y con absolutamente nada que ofrecer al mundo aún— se puede sentir el mismo olor, pero nadie sabe a ciencia cierta qué lo produce. Será, dicen algunos, que hablar de calentamiento global a cero grados y con nieve no tiene ni pies ni cabeza.

Los más pesimistas dicen que el mundo es así, que poner de acuerdo a contaminadores y contaminados, pobres y ricos, primer mundo y tercero es simplemente una utopía que jamás tuvo posibilidades de concretarse.

Sea lo que sea, en Copenhague se mastica la tragedia. Si la cumbre no había tenido suficiente con el incipiente estado de las negociaciones sobre emisiones, la bochornosa actuación de la policía danesa el fin de semana pasado (más de 1000 arrestados) y el desplante del G77 el lunes, ayer la cumbre danesa volvió a recibir un recto al mentón tras conocerse las primeras reacciones a un borrador de acuerdo con respecto al proyecto REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación).

Lo que se decía era la más avanzada de las múltiples negociaciones que se están llevando a cabo en el Bella Center ha sufrido un revés que muchos han calificado de “decepcionante” y de “un paso atrás”.

UNA MASACRE

De acuerdo con el comunicado de prensa de la Coalición Global de Bosques (Global Forest Coalition) “lo que se suponía sería la última etapa en la preparación de un acuerdo REDD terminó en una masacre”.

El gran problema son los llamados carbon offsets , es decir, la financiación por parte de los países ricos de proyectos de reforestación en países pobres, ya sea usando bosques degradados de biocombustible o simplemente comprando grandes cantidades de selva y “preservando” los árboles, por la cual los ricos reciben una ventaja, u offset , para sus propias emisiones.

Suena bien, pero la realidad es otra. Estos proyectos están desplazando a miles de personas —las personas que habitan en estos bosques, principalmente indígenas y campesinos— de sus hogares. Precisamente las personas que menos contaminan en el planeta. “Es una estrategia completamente equivocada”, opinó Henry Saraghi, coordinador general de la ONG “Vía Campesina”, que tiene sus cuarteles en el “Klimafórum”, uno de los muchos foros alternativos que hay por todo Copenhague. “Los gobiernos están usando esta crisis para hacer negocio”, agregó.

Esto ya está sucediendo en Brasil. Mark Schapiro, periodista estadounidense que estuvo de reportero para la televisión pública estadounidense (PBS) en las selvas del estado de Paraná —donde varias compañías estadounidenses, entre ellas General Motors, ya han comprado inmensas extensiones de selva para “preservarla”— conversó con La Estrella acerca de su experiencia.

“Lo que vi fue surrealista, moralmente perturbador: el sufrimiento causado por estas compañías a gentes que están a miles de kilómetros de sus oficinas. Las empresas no entienden lo que le están haciendo a estas personas y ellas tampoco entienden por qué ésto está sucediendo”.

Y lo más aterrador puede estar aún por venir. Para proteger estas nuevas propiedades, las compañías emplean una “policía verde” que se encarga de asegurar que nadie tale un árbol, aunque sea para construir una canoa. “Ya existe un conflicto de tierras en el Tercer Mundo. Agregarle esto sin duda traerá inmensas tensiones entre los indígenas y campesinos y el gobierno”, dijo Schapiro.

¿Pero qué hay de los gobiernos? Las posiciones de los países en los que estas iniciativas podrían tomar lugar —entre los que está Panamá— son variadas. Brasil, el principal protagonista, se opone —al menos a nivel federal— a vender sus tierras a multinacionales. Pero las presiones de los gobiernos de los Estados —como es el caso de Paraná— parecen estar haciéndolo ceder.

Del otro lado de la balanza están los otros dos “gigantes selváticos”: Indonesia y Papua Nueva Guinea, que apoyan firmemente estas iniciativas. Otros países con grandes selvas darán a conocer sus posiciones pronto. Mañana se espera que Evo Morales se refiera al tema durante su participación en el Bella Center, y a las 6:00 p.m. Ecuador y Perú darán a conocer sus posiciones y estrategias en un evento conjunto.

¿Y PANAMÁ QUÉ?

Panamá, por su parte, es aún una incógnita. Por un lado, muchas de las tierras que podrían ser usadas para este proyecto están protegidas por ley. Por el otro, si un futuro acuerdo REDD lo permite, Panamá se convertiría en un gran objetivo de estas compañías.

Schapiro no tiene ninguna duda de lo que le espera a los bosques panameños: “Panamá tiene grandes bosques y una magnífica relación con EEUU. Es obvio que las compañías preferirían lidiar con Panamá que con Venezuela o Ecuador”, aseguró. Respecto a esta posibilidad —y de la nula participación que se comenta que ha tenido el país en la cumbre— La Estrella intentó contactar al personal de la ANAM en la capital danesa, sin obtener respuestas concretas.

Por todas estas razones, la expectativa era altísima para el borrador de acuerdo que se publicó el lunes temprano. Pero la nevada matutina trajo consigo otra decepción más: los delegados estadounidenses lograron eliminar las frases en las que se aseguraría que los bosques no se convertirían en plantaciones de biocombustible y que se respetaría a los habitantes de los mismos. “Las cosas están caminando hacia atrás”, dijo Bill Barclay, de la Rainforest Action Network, “la preservación de los bosques está siendo sacrificada por intereses nacionales”.

Por si eso fuera poco, ayer se esperaba que los dos ecosistemas que conviven estos días en la ciudad, el oficial —concentrado en el Bella Center, con las delegaciones gubernamentales y algunas ONGs como protagonistas— y el alternativo —el de las múltiples conferencias alternativas y protagonizado por apasionados activistas— choquen en lo que se comenta será “una verdadera batalla campal, peor que Seattle en 1999”.

Con este panorama, lo único que podría salvar esta cumbre sería que la llegada de los Obamas, Lulas y compañía trajera consigo acuerdos sorpresa. Hasta ayer, Copenhague era un gran fracaso. Se ve en la frustración de los activistas —que sin duda explo tará pronto– y en la desesperación de los países insulares que desaparecerán del mapa (los cuales han sido invitados a unirse a la protesta). Si no fuera porque el futuro de la humanidad depende de esta cumbre, darían ganas de reírse.