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30 de Ene de 2023

Planeta

La metamorfosis de Paitilla

PANAMÁ. Punta Paitilla, a principios del siglo pasado, era una masa espesa de bosque similar al emblemático Parque Natural Metropolitano...

PANAMÁ. Punta Paitilla, a principios del siglo pasado, era una masa espesa de bosque similar al emblemático Parque Natural Metropolitano, con la diferencia de que sus costas estaban rodeadas de manglares.

Poco a poco esta zona, hoy una de las más exclusivas de la ciudad, fue cambiando los árboles por los rascacielos hasta quedar transformada en una muralla de concreto cuyas infraestructuras se yerguen hasta bloquear el sol.

En la memoria de algunos de los que disfrutaron aquella belleza natural solo quedan las imágenes del paisaje encantador que muchas generaciones desconocen.

La historia cuenta que la importancia de los bosques de Paitilla se remonta a la Segunda Guerra Mundial (1938 a 1945). Durante este periodo, la zona se convirtió en un sitio estratégico para la defensa del Canal de Panamá.

En las entrañas del bosque se escondían cañones para enfrentar posibles ataques, también se construyó una pista de aterrizaje que ya desapareció y los soldados realizaban entrenamientos militares. El aeropuerto estaba rodeado de bosques.

Esa sábana verde rodeada de mar cautivó a los naturalistas de la época, que dejaron sus primeros recuentos sobre el área. Yuyín Eisenmann, un estudioso de las aves, fue uno de ellos. Esa pasión por la naturaleza le jugó una broma a Eisenmann. Un día mientras observaba aves con un largavista y hacía sus anotaciones, soldados del ejército de Estados Unidos lo apresaron al confundirlo con un espía. Al final, la inocencia del naturalista se comprobó.

Stanley Heckadon, antropólogo del Smithsonian Panamá, recuerda que todavía en los años 50 en esta zona no había nada. Desde el balcón de un edificio de tres pisos frente al mar donde vivía, el historiador recuerda ‘la actividad que se daba en la bahía, la salida y la caída del sol en Paitilla, el mar era nítido, no estaba contaminado. Añoro el canto de los marineros al arrear las velas, la llegada de los barcos a la bahía cargados de madera y ver los carpinteros cadeneando los botes’, cuenta.

Es así como el ecologista pudo guardar en sus memorias el recuerdo de una Paitilla muy distinta a la que hoy existe. Pero, como dice el viejo adagio, ‘nada es eterno en la vida’.

En los años sesenta, el ambientalista viajó a estudiar al extranjero, pero regresó diez años más tarde (1970), cuando la mutación del área empezaba. Las primeras torres ya estaban construidas. A pesar de ello, ‘Paitilla se veía verde, había mucha vegetación’, confesó Heckadon. Pero, los rascacielos empezaron a salir como hongos y el bosque desapareció. Hasta un relleno se hizo para propiciar el crecimiento. Hoy, lo único que queda es un pequeño parque con algunos árboles donde la nanas recrean a los niños.

El plan inicial para el desarrollo no era ni la sombra de lo que es hoy. Los planos contemplaban una urbanización de baja densidad y muchas áreas verdes, pero los resultados fueron distintos. Paitilla hoy es un laberinto de calles en medio de asfixiantes torres.

La pregunta que surge es si eso también pasará en otras áreas boscosas que se empiezan a desarrollar bajo esa misma promesa, como Albrook, Clayton y Cárdenas, por ejemplo. ¿En 40 años habrán desaparecido? ‘El cambio fue negativo’, piensa Heckadon.