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05 de Jun de 2020

Planeta

Protegen el bosque y su tradición

PANAMÁ. En Piedras Gordas de La Pintada, en Coclé, la familia Mora ha encontrado en el cultivo y comercialización de la bellota _materia...

PANAMÁ. En Piedras Gordas de La Pintada, en Coclé, la familia Mora ha encontrado en el cultivo y comercialización de la bellota _materia prima para la confección de los sombreros pintados_ la mejor manera para llevar el sustento al hogar y a la vez proteger el medio ambiente.

Esta familia, integrada por don Florencio, Ana Hercilia (su señora) y Esmedina (la hija), forma parte de la Cooperativa de Pequeños Productores El Nazareno, quienes con el apoyo del Proyecto Corredor Biológico Mesoamericano del Atlántico Panameño (CBMAP II) de la ANAM, llevan a cabo una inversión ambiental de tipo agroforestal, a través de la cual reproducen en un vivero especies frutales como cacao y plátano, plantas medicinales y árboles maderables nativos como el cedro, el laurel y la caoba, además de la bellota.

Dedicados anteriormente sólo a la agricultura de subsistencia y a la deforestación, los Mora y sus otros 22 compañeros de la cooperativa han podido comercializar la producción de plantones maderables con la Autoridad del Canal de Panamá, y ahora reforestan las tomas de agua, conservan el suelo y producen abono orgánico, que aplican en sus propios cultivos de granos y tubérculos.

‘Se estaban tumbando demasiado las parcelas por ahí, sin tener derecho a nada. Por lo menos la gente que se antojaba tumbaba su monte y no le interesaba cuidar nada, si había una quebrada, o si estaba un río, pero de esta manera con el proyecto ya hemos podido ir cuidando el medio ambiente’, recordó Ana Hercilia, para quien la capacitación en métodos productivos amigables con el ambiente, que han recibido como parte de la inversión ambiental con el CBMAP II, ha sido la ganancia más valiosa.

TODOS TEJEN

Los Mora no solamente cultivan y comercializan la bellota. Los tres son también diestros tejedores de toda clase de artesanías con esta fibra, especialmente el sombrero pintado, que en promedio puede tomar entre una y dos semanas de trabajo, dependiendo de la calidad y complejidad del mismo.

Antes de vender las hilachas o de trabajarlas, las mismas deben pasar por un proceso que inicia con el corte y despeluque del cogollo. Luego, éste es hervido por varios minutos y se enjuaga en agua fresca, lo que le quita el color verde a la fibra y la torna más blanca. Cada cogollo se cuelga por tres días al sol diurno y al sereno de la noche, lo que además de secar las hebras las ablanda.

Hoy por hoy, venden 14 cogollos por solamente un balboa, lo que parece irrisorio en comparación con el trabajo que implica, pero ellos mismos, al comparar los ingresos actuales, con la ganancia de tiempos pasados, afirman que ha mejorado. ‘Bueno pues, pero cuando nosotros comenzamos a hacer esto, era la pobreza de nosotros, que este cogollo para poder venderlo era a menos de un real. Con esto nosotros estamos muy bien, para nosotros esta planta es bastante valiosa’, resalta.