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23 de Apr de 2021

Salud

Presión paternal

Los padres presionan a sus hijos a ser educados, a mostrar buenas maneras al comer y a ser obedientes. Así que presionarlos un poco no e...

Los padres presionan a sus hijos a ser educados, a mostrar buenas maneras al comer y a ser obedientes. Así que presionarlos un poco no es tan malo. Aún empujarles a hacer algo antes o mejor que alguien de vez en cuando puede convertirse en algo positivo.

El problema se suscita cuando algunos padres con alto poder adquisitivo empiezan a identificarse mucho con los logros de sus hijos, ignorando las necesidades básicas de ellos. La razón de este problema es que el padre se siente humillado cuando su hijo o hija no da la talla exacta a los estándares arbitrarios y generalmente irreales establecidos por el padre. Esto crea en el niño un innecesario estrés y a menudo promueve una falsa imagen o un complejo de inferioridad. Estos niños al crecer piensan que jamás darán la medida para hacer algo suficientemente bien como para ganar el respeto y la complacencia del padre. Algunos de estos niños crecen sintiéndose que son objetos sin ninguna utilidad.

Por ejemplo, un exceso de práctica en un determinado deporte es una manifestación de que el padre está ejerciendo demasiada presión en su hijo. Puede que el padre justifique su actitud con el pretexto de que su hijo logrará de esta manera entrar por la puerta abierta a una gran universidad en un futuro, pero la verdad es que el padre está empujando al niño a llenar algún vacío del propio padre. Cualquier cosa que no sea el premio más valioso del jugador se convertirá en un resultado insatisfactorio para él. El padre siente que el logro de ese niño es como si fuera de él mismo. En lugar de sentirse orgullosos de sus hijos, estos padres se toman toda la gloria para ellos mismos. Sienten que sus hijos son solo herramientas para lograr un fin.

El mismo escenario se aplica en el ámbito académico, en las artes, en los concursos de belleza y cualquier cosa que involucre una competencia o el padre puede arreglar una competencia. Cuando existe una desmesurada emoción y un gasto exagerado de dinero al empujar al hijo a que logre una victoria es siempre una señal segura de que la línea entre animar y presionar se ha pasado de la raya.

La línea entre animar y presionar no es tan delicada del todo. Está dividida en el punto en que la presión pasa de ser benéfica para el niño a convertirse en una obsesión en el padre. Todos necesitan un poco de presión para dar lo mejor de sí mismos. Pero, ser obligado a alcanzar el éxito más allá de lo que el niño pueda hacer es demasiado.

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