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22 de Sep de 2020

Tecnología

La ciencia ayuda a meter penales

INGLATERRA.. Dicen que son una lotería. Que el jugador arriesga y el arquero se tira, sin ninguna certeza, a uno de los dos palos. Algun...

INGLATERRA.. Dicen que son una lotería. Que el jugador arriesga y el arquero se tira, sin ninguna certeza, a uno de los dos palos. Algunos, claro, dan cátedra de los beneficios de momento, el amague, el cuerpo para un lado y el pie apuntando hacia otro. Están los porteros que juran que pueden prever qué dirección tomará la pelota. Pero el arte de los penales o es un arte o una eventualidad, un accidente, una suerte que se sufre o celebra y nunca se conoce.

Como siempre, la ciencia viene a poner luz a tanta imprecisión. Ahora van a estudiar milimétricamente la cuestión para tratar de mejorar científicamente las opciones de ganar una tanda de penales en el fútbol.

El Departamento de Deportes y de Salud de la Universidad británica de Exter puso en marcha una experiencia de entrenamiento de ojos (‘Quiet-Eye Training’). Greg Wood, del departamento de Exeter, cree que hay otras variables que intervienen en el resultado, además de la frescura y el instinto. Para él, el entrenamiento, base de concentración y de resistencia a la presión psicológica, está en la esencia de todo.

Por eso ha creado el entrenamiento de ojos, en colaboración con su colega Mark Wilson. Ambos obligaron a jugadores de su universidad a mirar sistemáticamente, durante varias semanas, las escuadras derecha e izquierda de la portería, una y otra vez, antes de cada lanzamiento. Resultado: sus alumnos tuvieron un 50% de fallos menos que los que no hicieron el ejercicio.

El entrenamiento permite a los estudiantes, según Wood, ser más precisos en sus lanzamientos, en gran medida porque reduce la ansiedad y da más confianza al controlar mejor las distancias y mantener la mente ocupada en los extremos de la portería y no en el arquero.

Para Wood, el recurso último del portero en un penal, donde no tiene nada que perder (si lo para es un héroe, si no lo consigue es algo lógico), está en intentar romper la concentración del lanzador, para desestabilizarlo. ‘Todo lo que un portero pueda hacer para captar la atención del lanzador (indumentaria o guantes de colores vivos, por ejemplo) va en su beneficio’, explica.

Y agrega: ‘Por ejemplo, cuando uno va en coche y ve algo a la izquierda, enseguida tiene tendencia a girar el volante en la misma dirección. Es increíble el número de penales tirados al centro, hacia el portero, porque éste ha tenido éxito en su intento de desestabilizar’, añadió el investigador.

Si el lanzador de un penal pudiera aislarse en una burbuja, con una concentración total, entonces el factor que determinaría su éxito o su fracaso sería la velocidad. Según matemáticos de la Universidad John Moore de Liverpool, el penal perfecto debe tirarse a una velocidad comprendida entre 90 y 104 km/h. Más rápido, faltará precisión. Más lento, dará tiempo al portero a reaccionar.A partir de ahí, los razonamientos científicos encuentran límites.

Es lo que intentó Joe Hart, el guardameta inglés: desestabilizar a los lanzadores italianos, intentar captar su mirada, hizo muecas, movió los brazos, trató de intimidar, pero su equipo perdió. El italiano Gianluigi Buffon fue por su parte el héroe del partido, deteniendo un penal a Ashley Cole, con oficio y experiencia, que terminó dando el pase a su equipo. El ’show’ de Hart, además, no sirvió para poner nervioso a Andrea Pirlo, que logró marcar con un lanzamiento al estilo Panenka, a una velocidad sensiblemente menor a los 100 km/h que dictan los científicos de Exeter. Italia se clasificó, eliminando a Inglaterra, porque fútbol y ciencia no siempre van de la mano.