20 de Feb de 2020

Deportes

Dentro de la jaula de la furia

PANAMÁ. Por primera vez en nuestro país, el famoso octágono que vemos en la televisión donde los luchadores se pelean como fieras encerr...

PANAMÁ. Por primera vez en nuestro país, el famoso octágono que vemos en la televisión donde los luchadores se pelean como fieras encerradas en una jaula dejó boquiabierto al público de la Arena Roberto Durán el viernes por la noche en el evento Hell in Cage (Infierno en una jaula).

Organizado por Panama Fight League, 28 peleadores de Panamá, Costa Rica, Nicaragua, México y Estados Unidos fueron los protagonistas de 14 peleas (de las cuales diez fueron profesionales y cuatro amateurs, incluida una de mujeres) de muy buen nivel, en una noche llena de adrenalina.

Desde que se abrieron las puertas sobre las 6:30 p.m., la gente comenzó a llegar lentamente en pocas cantidades pero de manera constante a medida que el pesado tráfico lo permitía. Para el comienzo del show con la primera pelea, a las 9:00 p.m., más fanáticos arribaban al coliseo.

COMIENZA EL SHOW

Desde el primer campanazo del combate inicial, cada round fue electrizante. A pesar de que en las primeras peleas no se permitía el ‘vale todo’ a la hora de luchar por la condición de amateurs, los protagonistas no se guardaron nada y el público se lo agradeció con fuertes ovaciones y aplausos.

Ante la mirada atenta del público al borde del octágono, el de las tribunas y los paramédicos, que estaban listos ante cualquier eventualidad, las peleas, de tres rounds de dos minutos cada una, se sucedieron rápidamente, con un KO tras otro.

Al cabo de la cuarta pelea, en la que la tica Carolina Muñoz derrotó rápidamente y con gran autoridad por nocaut a la colonense Kathia Hernández, dieron comienzo las peleas profesionales, donde se permitía atacar con cualquier parte del cuerpo.

Esa fue la señal para que la sangre sea un condimento más en los combates. ‘Pritty, ahora se pueden pegar con los codos’, le destaca un espectador a otro, a lo que éste le repondió: ‘Ahora se viene lo bueno, fren’.

Y así mismo fue. A medida que fueron pasando los combates, los aplausos y gritos de aliento, sobre todo para los peleadores panameños, fueron aumentando en volumen e intensidad.

Al final de cada combate, el luchador interactuaba con el público, al punto de que se trepaba a la ‘jaula’ y, victorioso, recibía los aplausos como inyecciones de gloria.

Uno que no tuvo la misma suerte fue el mexicano Julio ‘Cachorro’ Cruz, quien tras su rápida victoria recibió el abucheo del público, que también era utilizado para exigir a los protagonistas que se dieran golpes cuando la pelea se tornaba aburrida.

En un intermedio del espectáculo, los organizadores le rindieron homenaje al luchador Leonardo González, quien en noviembre competirá en el Mundial de Muay Thai.

‘Sólo vengo a decir que prometo que el 6 de noviembre voy a llegar al aeropuerto con la medalla de oro’, exclamó, a lo que el público le respondió con una gran ovación. ‘Vamos a ver si hacen (los dirigentes deportivos) un recibimiento como a los de fútbol’, manifestó.

EL GRAN BAM BAM

El momento más esperado por todos fue cuando le tocó el turno de pelear a Frankie ‘Bam Bam’ Bloise sobre el final del espectáculo.

Con una entrada digna de película, con modelos desfilando, raperos, música, luces, ‘Bam Bam’ subió a la tarima y el público, literalmente, explotó de euforia.

El nicaragüense Luis A. Hernández era su rival de turno, pero rápidamente pasó a ser una víctima más de Bloise.

La figura panameña salió a atacar cual bulldog a su adversario, quien no pudo hacer más que recibir un golpe tras otro. ‘Bam Bam’ se lo llevó por delante entre puñetes y codazos, lo tiró al suelo, se le subió encima y comenzó a golpearlo brutalmente.

La esquina del nica no demoró más de 10 segundos en tirar la toalla de rendición. Ante la rápida victoria, el público se dividió entre abucheos y aplausos.

Para el cierre de los combates, fue prácticamente igual.

El estadounidense Jessie Taylor derrotó casi sin sudar al luchador panameño Luis Trujillo, quien estaba de seguridad en el evento y reemplazó a un luchador que se retiró horas antes.

Ni bien se dictó la sentencia, el público comenzó a retirarse casi automáticamente del Roberto Durán.

Fue una bomba de humo generalizada. Ante las luces blancas del coliseo encendidas, el octágono quedó desnudo en el centro del mismo, con algunas manchas de sangre sobre la lona blanca que dejaron en evidencia la furia de las fieras enjauladas.