Temas Especiales

25 de Feb de 2021

Deportes

La historia de una final bochornosa

Y o no había visto en más de 20 años de ejercicio profesional del periodismo que en dos partidos consecutivos de una final del béisbol n...

Y o no había visto en más de 20 años de ejercicio profesional del periodismo que en dos partidos consecutivos de una final del béisbol nacional —en cualquiera de sus categorías— se produjeran incidentes tan lamentables... tan bochornosos, vergonzosos y censurables, como los ocurridos en los dos últimos partidos de la serie final entre Chiriquí y Panamá Metro, por el campeonato nacional juvenil 2012.

No hablaré de lo que sucedió durante esos partidos... los medios impresos, radiales y televisivos han repetido imágenes, fotos y comentarios hasta el cansancio sobre el particular.

Comenzaré por el final. Un comunicado, sin firma responsable de algún directivo de la Fedebeis, llegó ayer a mi correo electrónico, con una absurda explicación de los hechos ocurridos el 14 de febrero en el estadio Kenny Serracín de David, y sin referencia alguna a lo sucedido el jueves último en el Rod Carew.

Lejos de asumir responsabilidades como máxima autoridad del béisbol, la Fedebeis se lava las manos y responsabiliza a las ligas provinciales por autorizar la venta de cervezas para sufragar sus gastos; y por ello, también deben hacerse responsables de las consecuencias que se deriven del consumo excesivo de bebidas alcohólicas durante los partidos.

Entonces, ¿para qué existe la Fedebeis? ¿Para contar el dinero de la taquilla? ¿Las garantías de seguridad en los estadios durante los campeonatos nacionales son responsabilidad de la Federación, o de las ligas provinciales?

En el mencionado comunicado, trata de justificarse, señalando que pagó más de 94 mil dólares en concepto de seguridad, durante el torneo juvenil. Pregunto: si fue así, ¿dónde estaban los policías cuando se tiraron los dos fanáticos de Panamá Metro al terreno del Rod Carew?

¿Y cómo aparecieron para reprimir a los chiricanos? De paso, la actuación de las unidades presentes ese día merece comentario aparte, porque en ningún momento se dieron a respetar.

Si hubieran detenido al primer fanático que invadió el terreno de juegos, estoy seguro que allí mismo se habría puesto freno a cualquier otro intento de mal comportamiento.

La administración del béisbol panameño está en manos de gente con poco o ningún conocimiento de la forma en que debe conducirse, responsablemente, un campeonato nacional.

Es una lástima que un torneo juvenil haya llegado a la categoría de ‘Barrio de Trifulca’. Y más lamentable, que los principales responsables se sacudan el polvo del saco. Con el torneo mayor en ciernes, donde hay muchos más intereses en juego, y donde se va a permitir a los mejores jugadores juveniles integrar una selección para foguearse con miras al Mundial de Corea, ¿quién le garantiza a esos jóvenes su seguridad?

¿Y quién garantiza que no habrá secuelas de lo sucedido entre Chiriquí y Metro en la juvenil, reflejadas entre los adultos del certamen mayor? Ojalá aprendan de lo sucedido. Tienen los carnavales para pensar las cosas.

PERIODISTA