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27 de Oct de 2020

Fútbol

De la fiesta a la tragedia

La eliminación de Brasil contra Alemania, por goleada 7-1, dejó la tristeza en un pueblo que vive y respira fútbol

Los ‘torcedores’ brasileños estaban eufóricos el martes 8 de julio desde muy temprano. Se preparaban para la fiesta en el Estadio Mineirao de Belo Horizonte. Ríos de vehículos y buses de turismo transportaban a gentes con banderas verdes con la leyenda ‘Orden e Progresso’, que flameaban al son de las vuvuzelas y los tambores. Los cánticos destacando los más de mil goles de O Rei Pelé, comparándolo con los desórdenes personales del astro argentino Diego Maradona eran coreados por la multitud. A un kilómetro y medio del estadio había que apearse de los buses y caminar por una subida bordeando un lago, y allí los ríos se convirtieron en aludes de personas que llevaban caretas de Neymar con la etiqueta de Twitter #SomostodsNeymar, que eran regaladas por voluntarios apostados a ambos lados de la avenida cercana.

Frente a la entrada A del Mineirao, una verdadera fiesta de fans, con disc jockey incluido, divertía a los asistentes, que no presentían lo que una hora después se les vendría encima.

Al salir a la cancha al calentamiento de arqueros, el estadio ovacionó a Julio César con vítores que nos transportaban a un Circo Romano en la época de los emperadores. El ambiente era impresionante. Los abucheos a los alemanes fueron el presagio de lo que llegó.

Ataviados con un uniforme similar al del Flamengo, mítico club de Río de Janeiro, la selección germana puso el fútbol, el toque, el ‘jogo bonito’ y los goles en el césped del Mineirao. Una a una fueron cayendo las anotaciones, y el ánimo de los casi 60 mil aficionados de la verde amarela que coparon las gradas. Los 6 mil alemanes celebraban con sobriedad en la gradería Sur, la más distante de la portería donde sus inspirados jugadores anotaron 5 goles en la primera mitad.

El resto es historia. Un Brasil que no jugó a nada y que desnudó todas sus falencias frente a un equipo que lució inmensamente superior en el terreno de juego.

Al minuto 75 lo que eran vítores se transformó en insultos impublicables contra la presidenta Dilma Russeff, contra el número 9 de Brasil, Fred, y contra el hasta antes del ‘Mineirazo’ casi venerado Felipao Scolari.

Al final, la fiesta que estaba preparada para celebrar hasta la madrugada, terminó en tragedia. Los principales periódicos de Brasil calificaron la derrota como la más humillante de la historia. La corresponsal de El País, de España, calificó el Maracanazo como ‘una broma’, comparado con el resultado del 8 de julio en Belo Horizonte.

Disturbios con saldo trágico en ciudades como Sao Paulo y Río de Janeiro vinieron a poner el toque de desorden que las autoridades habían previsto.

Brasil va por el juego que nadie desea, pero es el merecido debido a un planteamiento mojigato, que no varió a lo largo de esta Copa del Mundo, a pesar de ser los anfitriones y grandes favoritos.

El hexacampeonato no fue en Brasil 2014, y si no se adaptan a las exigencias del fútbol moderno, es posible que no llegue ni en Rusia 2018 ni en el 2022, donde quiera que se llegue a celebrar.

Esto es Brasil, y este no fue su Mundial.