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14 de Dec de 2019

Fútbol

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Los platillos y tambores sonaron para abrir el pasillo de aplausos que recorrieron Lionel Messi y Jürgen Klopp. 

Megan Rapinoe, centrocampista en el Reign FC de la National Women's Soccer League.EFE

En las últimas horas se dieron a conocer los nombres de los jugadores y entrenadores de fútbol que se hicieron acreedores al premio de la FIFA llamado The Best. Los platillos y tambores sonaron para abrir el pasillo de aplausos que recorrieron Lionel Messi y Jürgen Klopp. Lo decepcionante de los medios de comunicación es que no fueron equilibrados con la publicación de la información, pues poco se ha escrito sobre el laurel de Megan Rapinoe y Jill Ellis.

En conversación con una colega periodista, hablábamos sobre la importancia de estos temas y acerca de la poca cobertura que tuvo el galardón para las protagonistas de la ceremonia. ¿Es entonces que en pleno 2019 la televisión, la radio, el medio impreso y el digital no han podido establecer una igualdad en la difusión de la noticia?

Claramente no, pues la comercialización de caras, nombres y apellidos sigue siendo mayor para el género masculino, y para ejemplo basta el botón mencionado. Cantidades de publicaciones muy superiores al alcance del consumidor mediático, donde lo que se ofrece primero es el mejor jugador/entrenador del año, y como segundo o tercer tiempo vendrán las chicas.

En columnas previas, les había mencionado a Rapinoe como pieza fundamental para la plantilla de las barras y las estrellas, un elemento que supo guiar y dirigir un plantel lleno de visionarias que, al final del cuento de hadas, vivieron felices para siempre, con una sonrisa dibujada mientras levantaban la Copa.

Dentro de la terna para la obtención del premio a mejor jugadora del año se encontraban la defensa inglesa Lucy Bronze (quien ayudó a su selección a instalarse en las semifinales del torneo en Francia, además de haber ganado el triplete de títulos con su club, el Olympique de Lyon), y la compañera de equipo de Megan, Alex Morgan, la cual fue pieza fundamental para los Estados Unidos en toda la trayectoria del equipo en la pasada justa mundialista. Su cereza en el pastel fue haber sido elegida como mejor jugadora del año en los premios que otorga la Concacaf.

Del lado del banquillo hemos tenido mucha suerte de ver en el campo a Jill Ellis, pues después de ganar la Copa del Mundo con la escuadra norteamericana en 2015 ¿qué más podría hacer?, ¿ganar otra vez el torneo?, pues ella fue capaz de hacerlo en otro ciclo deportivo que preparó para convertirse en la única entrenadora que ha levantado en dos ocasiones el trofeo de la competición mencionada.

Es aquí donde merecemos un poco de reflexión, donde las miradas se desvían y el proceso de análisis debería de empezar, porque en los medios de comunicación los periodistas también somos responsables de la presentación imparcial de la información y, lamentablemente, eso sigue sin suceder. Es como si tuviéramos una venda en los ojos o una cinta de pegamento en la boca.

Rapinoe y Ellis son dos ejemplos de mujeres en el deporte que merecen el mismo reconocimiento que cualquier otro atleta y, por mencionar algunos otros apellidos, hemos tenido el deleite de haber visto anotar a Rose Lavelle y a Sam Kerr, así como de apreciar la desenvoltura de Ellen White, Wendie Renard y Amandine Henry. A todas ellas, y a las que podamos sumar, se les recordará como integrantes de una generación auténtica, simplemente las mejores.