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19 de Feb de 2020

Fútbol

Lo mejor de 2019 (II)

Continuamos con nuestro resumen de lo mejor (y lo peor) del año futbolístico

Lionel Messi, ganador del balón de oro 2019.EFE

Lo que nos dejó la Copa América

Brasil volvió a la victoria después de 12 años, en un torneo dominado por la insipidez, la veteranía, las paranoias conspiratorias y la incompetencia arbitral.

Lo mejor de 2019 (I)

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Si bien Brasil fue vencedor indiscutible, la calidad general del torneo dejó mucho que desear. Cierto es que la solidez de Brasil se impuso con más fuerza que belleza, pero resulta muy curiosa la ausencia de cracks que habitualmente abundan en los equipos brasileños. Imagínate que la camiseta más vendida en las calles de Río, era la de Neymar que ni siquiera jugó en el torneo. Se vendían más camisetas de Marta (estrella de la selección femenina) o de los ya retirados Romario y Pelé, que las de los jugadores que saltaron a la cancha a defender y expresar las esencias de la verdeamarelha. ¿Y los demás? Perú mantuvo una línea ascendente, basada en la coherencia que emana de su entrenador, el argentino Gareca. Chile mostró el agotamiento de su vieja guardia, pese a mostrar huellas de su buen fútbol. Colombia está iniciando un nuevo proceso y muestra señales positivas. Uruguay es el epítome de la coherencia, que en esta ocasión no le alcanzó para superar los cuartos de final. Argentina pasó de la sensación de desastre futbolístico a un atisbo de esperanzas que se hundió entre quejas, acusaciones y una sensación de impotencia que ya va resultando familiar. ¿Lo demás? Es jungla, como decía el cuento de Mario Benedetti. El juego de Ecuador, Paraguay, Venezuela y Bolivia, apuntó a muy poco, ofreció casi nada más allá de los empeños voluntariosos venezolanos o ciertos atisbos de pundonor paraguayo. La Copa estuvo atravesada por una sensación de veteranía, de “ya visto”. Basta ver las distinciones: el mejor jugador de la copa fue Dani Alves, con 36 añitos a cuestas. La revelación del torneo fue Everton, que cuenta con 25 años. ¿Acaso hará falta una renovación cualitativa en el fútbol sudamericano, habitual cantera de la que se nutre el mundo entero? ¿Será que las naciones del sur venden muy rápido a sus figuras sin darles tiempo a articularse y desarrollarse con calma suficiente?

Otro asunto que ocupó titulares a lo largo del torneo, fue el de las conspiraciones. Messi, habitualmente un jugador ajeno a los conflictos mediáticos y alérgico a las groserías públicas, estalló en esta copa, realizando algunas aseveraciones muy subidas de tono, acusando a la Conmebol de arreglar el torneo a favor de Brasil. Algunos piensan que sus palabras tenían como fin el apartar las miradas críticas del pobre juego argentino y fijarlas en elementos exógenos. Su actitud tuvo cierto éxito en Argentina (donde la hinchada no es muy conocida por saber perder con elegancia) aunque despertó quejas en el resto del mundo, donde se destacó la falta de respeto del argentino y su pobre deportividad.

Pero además, fue la Copa que quiso tomarse el presidente Bolsonaro de Brasil a través de sus irritantes irrupciones, que incluyeron meterse en la cancha para arengar, con una bandera brasileña en el medio tiempo de la semifinal y colarse en la foto del título, autoproclamándose parte de un triunfo que no le correspondía en absoluto.

Ecos del Balón de Oro

Por si estuviste desconectado las últimas semanas, reincidiré en decir que Messi ganó el premio, que Van Dijk quedó segundo y Cristiano tercero. Lo curioso es lo cerca que quedó el segundo del primero: apenas siete votos los separaron (686 de Messi por 679 del defensa holandés del Liverpool). Así que un defensa pudo haber ganado el Balón de Oro, lo cual sería una extrañeza, pues en toda su ilustre historia (el premio arrancó en 1956) solo tres defensas lo obtuvieron. Entre ellos, imposible no destacar a Beckenbauer, ganador en 1971 y 1976, quizás el defensa más elegante y eficaz que pisó una cancha de fútbol. Los otros defensas vencedores fueron el alemán Mathias Sammer (Borussia Dortmund), en 1996, y el italiano Fabio Cannavaro (Real Madrid), en el año 2006. Y si te preguntas por el incombustible Paolo Maldini o el gran Bobby Moore (al que Pelé definió como el más grande defensa al que tuvo que enfrentar) ambos fueron finalistas, pero no se llevaron el primer lugar.

Y si tu curiosidad llega hasta los porteros, Alisson, compañero de Van Dijk en el Liverpool, quedó en el séptimo lugar entre todos los jugadores. Para su consuelo, dentro del Balón de Oro, ahora existe el premio Lev Yashin, exclusivamente para porteros, el cual Alisson ganó de manera indiscutible. Yashin fue el único en su puesto que obtuvo el Balón de Oro. Lo ganó en 1963, cuando la Araña Negra (en la cancha, siempre se vestía de ese color) asombraba y dominaba como nadie bajo los tres palos.

En esta versión del Balón de Oro, también se han dado otros premios en categorías específicas: Mejor Jugador Joven (Premio Raymond Kopa) y Mejor Jugadora Femenina. A Kopa le decían Napoleón, porque era chaparrito y tenía un don de mando que le permitía controlar la cancha, como si fuera su propio patio. Era un jugador que no parecía correr, sino deslizarse. Fue, además, protagonista de uno de los más hermosos partidos en la historia de los mundiales: la semifinal de 1958 que enfrentó a Brasil y Francia. Esa tarde el duelo entre Didí y Kopa fue espectacular. Finalmente, Brasil venció 5-2 en ruta a su primer campeonato del mundo. Ese mismo año, Kopa ganó su Balón de Oro, mientras el Premio Raymond Kopa se lo llevó en 2019 Matthijs de Light, defensa de la Juve que se formó en el Ajax.

La Mejor Jugadora Femenina fue la súperfavorita Megan Rapinoe.

Copa Libertadores

La gran final

Seguramente el partido no respondió a las expectativas. Como muchas finales, la tensión superó al buen juego, aunque el desenlace impredecible garantizó una cuota enorme de emoción. Flamengo obtuvo el campeonato de manera incuestionable y venció en la final a un rival que defendía su título con con un juego atractivo, digno heredero de las mejores tradiciones de la institución. Por su parte, Flamengo, dirigido por el portugués Jorge Jesus, fue un equipo explosivo, retornando a una final de la Libertadores después de 38 años de ausencia. Y si bien esta encarnación rojinegra no alcanzó la belleza futbolística de los campeones de 1981, encabezados por el maravilloso Zico, logró conformar una escuadra agresiva, talentosa, inteligente y eficaz.