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17 de Jan de 2021

Economía

Acoplándose para progresar juntos

Cuando la recesión arrecia y se buscan signos de recuperación, ha surgido la idea que los países en desarrollo podrían empujar el carro ...

Cuando la recesión arrecia y se buscan signos de recuperación, ha surgido la idea que los países en desarrollo podrían empujar el carro de la reactivación global, reemplazando al endeudado consumidor norteamericano como motor del crecimiento.

Nuestra impresión es que esta visión optimista es todavía prematura: todavía el mundo en desarrollo, especialmente Asia, depende de las exportaciones a Estados Unidos y Europa, y no tiene suficiente peso en los mercados globales como para cumplir ese rol.

Esto no significa que lo que ocurra en el mundo en desarrollo sea irrelevante. Mal que mal, sin los excedentes de ahorro de los exportadores asiáticos primero, y de los productores de petróleo y otras materias primas después, no se habrían visto los bajos tipos de interés y flujos de capitales que dieron origen a la expansión del crédito, la apreciación de activos y la toma de riesgos excesivos en Estados Unidos y el resto del mundo desarrollado.

La superación de los desequilibrios de la economía global va a pasar por una expansión del consumo de los países en desarrollo, especialmente en Asia, que tendrá un efecto dinamizador que ayudará a compensar el aumento del ahorro familiar en el mundo desarrollado.

Pero lo que el mayor consumo de China y otros países asiáticos no pueden hacer por el mundo en su conjunto, sí pueden hacerlo por la recuperación de zonas geográficas particulares. Hay una gran complementariedad entre las economías asiáticas y las de América Latina, que será clave para una recuperación temprana de éstas últimas.

Mirando más allá de la coyuntura, esta relación que ha venido creciendo en forma espectacular en los últimos años, tiene todos los elementos para convertirse en una palanca de desarrollo para que tanto Asia como América aceleren y sostengan un crecimiento que les permita reducir las brechas con el mundo desarrollado.

Hoy la relación se basa en el comercio de materias primas e, incipientemente, en un flujo de inversiones asiáticas a América Latina. Lo que viene en las próximas décadas son inversiones para integrar procesos productivos en cadenas globales de producción y comercio de manufacturas, así como flujos bidireccionales de capitales. Hacia el futuro más lejano, todo puede ser: servicios (salud, educación, turismo, informática), tecnología, capital humano. Esto está recién comenzando y tiene el potencial de marcar al siglo XXI como el de la “Gran Convergencia” entre el mundo en desarrollo y los países más avanzados.