24 de Feb de 2020

Economía

Entre mensajes ambivalentes, el honor hispano perdura

En la actualidad, podemos encontrar hispanos en los 50 estados del país, que ayudan a moldear la manera en que los estadounidenses piensan

Para los 54 millones de hispanos de la nación, esta época del año es confusa. El Mes de la Herencia Hispana, que fue establecido por el Congreso en 1988 y se extiende del 15 de septiembre al 15 de octubre, envía mensajes ambivalentes. Permite que la mayor minoría de Estados Unidos se sienta apreciada y al mismo tiempo, no deseada.

Lo mismo que esos inmigrantes ilegales—mucamas, niñeras, jardineros, cocineros y campesinos—de los cuales los estadounidenses se quejan, aunque no pueden vivir sin ellos.

A los hispanos, cuya población, según se proyecta, representará un 29 por ciento para 2050, se les dice que Estados Unidos tiene la suerte de contar con ellos—aun cuando alguna gente afirma que el país estaría mejor sin ellos. La cultura dominante devora la cultura hispana y promueve el bilingüismo, aun cuando se presiona a los hispanos para que se asimilen y abandonen el español. Se les dice que tienen el poder de decidir elecciones, ya que tres de los estados indecisos—Nevada, Florida y Colorado—tienen importantes poblaciones hispanas, aun cuando a algunos republicanos les gustaría reducir la población de electores despojando de la ciudadanía a los hijos de inmigrantes indocumentados nacidos en Estados Unidos.

En 2015, a los hispanos se los admira, teme, ama, odia, corteja y desprecia. Necesitamos más de ellos. Queremos menos de ellos. Es desconcertante. Estados Unidos ¿puedes decidirte?

En las próximas semanas, universidades, organizaciones y corporaciones utilizarán eventos, iniciativas y campañas de marketing para acercarse a los hispanos con el objetivo de obtener una tajada de su poder adquisitivo de 1,5 billones de dólares. Y sin embargo, mientras se lleva a cabo ese cortejo, muchos estadounidenses se someterán a impulsos nativistas, escupiendo odio y congregándose en torno a políticos que quieren construir murallas y proscribir a los hispanos con la esperanza de que el país vuelva a ser lo que era.

Los hispanos no tardaron mucho en comprender que cuando Donald Trump promete ‘lograr que Estados Unidos recupere su grandeza', lo que muchos de los seguidores del puntero republicano oyen es una promesa en código para revertir las tendencias demográficas y volver a un Estados Unidos (BASTARDILLAS) blanco(TERM. BAST.).

Ahora Trump está indicando el acuerdo nuclear con Irán como un excelente ejemplo del estilo de negociación típico del gobierno de Obama, en que se otorgan concesiones. El empresario dice que puede convertir un acuerdo malo en uno bueno. Vende la idea de ‘ganar' y dice a sus seguidores que, si lo llevan a la Casa Blanca, ganarán una y otra vez.

‘Ganaremos tantas veces, si resulto electo, que hasta se pueden aburrir de ganar tanto,' dijo Trump recientemente en una concentración en Washington. Después se auto-corrigió: ‘Nunca se cansarán de ganar'.

Muchos hispanos se están aburriendo de Trump y están cansados de ser su señuelo. También les preocupa que la definición del multimillonario de ‘ganar' signifique que puedan perder dos cosas que se han esforzado en obtener: dignidad y respeto.

Trump sabe mucho sobre el éxito. Y, este verano, ha tenido éxito en una cosa: marginar a los hispanos—especialmente a los mexicano-americanos y mexicanos. Sólo en tres meses de discursos, concentraciones, tuits y medios gratis, el magnate de los bienes raíces hizo que este grupo parezca extranjero, recién llegado y fuera de lugar. No es hazaña pequeña considerando que se trata de individuos que han vivido en el sudoeste de Estados Unidos durante más de cuatro siglos.

En la actualidad, podemos encontrar hispanos en los 50 estados del país, que ayudan a moldear la manera en que los estadounidenses piensan sobre los deportes, la comida, la moda, el espectáculo, la música la cultura pop y el mundo digital. Y en sus puestos de trabajo, preservan el sueño norteamericano con una ética laboral imponente y un indestructible sentido de optimismo.

Escucha, Trump. Es cierto que para los hispanos has hecho de éste un verano más caliente de lo habitual. Te divertiste mucho y, en gran parte, a nuestras expensas. Pero llegamos aquí primero y no nos iremos a ningún lado. No es necesario que prometamos recuperar la grandeza de Estados Unidos. Contribuimos a su grandeza todos los días.

Cuando se trata de heroísmo y sacrificio, no necesitamos de tus sermones. Hemos colaborado---hemos dado, dado y dado aún más. Nuestras contribuciones militares se remontan a la Guerra Civil, cuando el cabo Joseph H. De Castro, del Ejército de la Unión, se convirtió en el primer hispano en recibir la Medalla de Honor, por sus actos de heroísmo en Gettysburg. En su conjunto, la Medalla de Honor fue concedida a más de 40 estadounidenses hispanos. En más de la mitad de los casos, fue presentada póstumamente.

Los charlatanes, fanfarrones y demagogos vienen y van. Pero algo que perdura eternamente es el honor.

THE WASHINGTON POST