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18 de Sep de 2020

Economía

La agricultura, un motor importante en la recuperación económica post- pandemia

Los sectores agroalimentarios que más han crecido son la soya, el azúcar y sus derivados. Los animales vivos, las frutas y hortalizas han sido los más golpeados

Soja
La soya está entre los productos agroalimentarios cuya producci´ón se ha incrementado durante la pandemia.Archivo | La Estrella de Panamá

Hace unos meses, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) identificó las amenazas y riesgos que podrían afectar al comercio internacional de productos agrícolas y pesqueros en América Latina y el Caribe a causa de la covid-19. 

En esa oportunidad, se vaticinaron riesgos en la demanda, a causa de la crisis económica que impactaría en los consumidores, y riesgos en la oferta, por las disrupciones en la movilidad de trabajadores y productos. 

De la misma forma, se llegó a la conclusión de que un alto nivel de dependencia de determinados socios, que pudieran dejar de enviar o comprar sus productos, representaba una importante vulnerabilidad para los países que era necesario considerar. 

Aquellos que dependían principalmente de las importaciones de alimentos, como los países de América Central, parecían más vulnerables a la escasez de alimentos. Con el correr de los meses hemos querido volver a analizar la situación comercial de los productos agroalimentarios producidos en la región de América Latina y el Caribe, y la conclusión pareciese ser que los sistemas alimentarios han resultado ser más resilientes de lo que se esperaba. 

Sin embargo, esta conclusión no aplica para todos los subproductos y posiblemente aún sea demasiado pronto para hacer una afirmación de manera tan tajante, ya que aún no hemos llegado al final de esta crisis.

Los sectores agroalimentarios que más han crecido durante el período de pandemia son la soya, el azúcar y sus derivados, mientras que los más golpeados han sido los animales vivos, las frutas y hortalizas. Esto confirma que los productos alimenticios más vulnerables a esta crisis son los intensivos en mano de obra y perecederos, lo que también es una consecuencia de los consumidores que optaron por los enlatados y las harinas, de más fácil conservación, y que tuvieron mayor presencia en los mercados.

A grandes cifras, entre enero y mayo, los sectores económicos que más sufrieron fueron la minería y el petróleo, con una caída del 25.8% comparado con el mismo periodo del 2019; la manufactura (-18.5%); y el desplome del turismo (-49.5%). Entre enero y mayo de 2020, los productos agrícolas y agropecuarios subieron un 0.9% en comparación con el mismo período del 2019, y se espera un saldo positivo del 2% al final de 2020 (FAO/CEPAL). La importancia de peso del sector agropecuario en la economía explica por qué Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Guatemala fueron los únicos países entre los 33 de la región con saldo positivo en el valor total de las exportaciones.

Panamá siguió la tendencia regional. Según el Instituto Nacional de Estadística y Ceso (INEC), la actividad económica, medida por el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), cayó un 40.9% interanual a mayo. El índice acumulado entre enero y mayo registró una caída del 13.9% respecto al mismo periodo del año 2019, pero sus exportaciones totales en los rubros alimenticios crecieron un 15%, básicamente por el ganado bovino, caña de azúcar y banano (FAO).

En una mirada retrospectiva, entre 2008 y 2018, Panamá redujo sus exportaciones de alimentos y bebidas, pasando de 923,8 millones de dólares a 405,3 millones, menos de la mitad. Por el contrario, en el mismo período las importaciones de alimentos y bebidas casi se duplicaron, pasando de 747,2 millones de dólares a 1,594,5 millones, según el Centro de Estudios para la Integración Económica del SICA. 

Hoy por hoy, la agricultura representa apenas un 2% del PIB nacional, con índices de productividad (promedio nacional) de entre los más bajos de América Central, pero eso también significa que hay mucho espacio para crecer.

No menos importante es buscar al máximo una mayor autosuficiencia alimentaria nacional, con mecanismos que garanticen que la población en situación de pobreza tiene acceso a una alimentación saludable. Lo que se está haciendo con la iniciativa

Panamá Solidario es un ejemplo de ello, donde más de 60 millones de dólares fueron destinados a la compra de alimentos a productores nacionales para la distribución entre las poblaciones vulnerables.

Pese a los posibles costos financieros de impulsar el aparato productivo agropecuario nacional, protegiendo al mismo tiempo el ambiente, el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) y sus autoridades tienen razón en poner a la agricultura como uno de los motores de la recuperación de la economía post-pandemia.