Según Díaz-Canel, las conversaciones han sido coordinadas con las principales instancias del Partido, el Gobierno y el Estado cubano
- 04/02/2012 01:00
El mercado mantiene una cantidad importante de componentes que viabilizan su funcionamiento de un modo eficiente, tanto para hacerlo competitivo entre fabricantes y proveedores, como atractivo para los consumidores de productos y servicios.
Uno de tales componentes lo constituye la calidad del producto, aspecto trascendente, desde la perspectiva de la oferta, que determina, en no pocas ocasiones, la preferencia por uno u otro bien.
Respecto a la calidad puede distinguirse aquélla referida a la composición del producto, la cual tiene naturaleza técnica y, además, es medible y verificable, conocida como ‘calidad objetiva’; como complemento a ésta, existe la ‘calidad subjetiva’, cuya efectividad viene determinada por las reglas del marketing y atiende más a la percepción que tienen los consumidores del producto respectivo.
Ambos tipos pueden ser considerados para nuestra decisión, no obstante, la Ley 45 de 2007, expresamente señala que la composición y características de los bienes puestos a disposición del consumidor, deben aparecer descritas en las etiquetas de los mismos, información que debe ser evaluada por el consumidor, para descartar o confirmar la calidad del producto.
Algunos afirman que existe una relación entre calidad y precio. El precio, por tanto, pudiera ser un indicador de calidad, pero no siempre sucede así.
Por esta razón que resulte necesario que dediquemos algo más de tiempo a la lectura de la información contenida en los envases y etiquetas correspondientes a cada uno de los productos. Por sí solas, la marca y posicionamiento alcanzadas en el mercado no es una señal inequívoca de que la calidad es mejor.
Ahora bien, si se mejora la calidad del producto, posiblemente los consumidores estén dispuestos a pagar un mayor precio.
Si, por el contrario, el precio del producto se incrementa, puede ser un indicador de mejor calidad, pero en éste último caso, debe ser confrontado con otros productos de igual naturaleza ofrecidos en el mercado y determinar las diferencias y similitudes entre ellos, sobretodo de naturaleza técnica, que pudieran influir en la decisión del consumidor.
Lo cierto, es que nuestro conocimiento de la estructura y constitución del producto representan un aspecto determinante en la adquisición de bienes de buena o mala calidad, en consecuencia, se impone educarnos en la obtención de información clara y veraz, antes de formalizar la relación de consumo.
ACODECO