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- 11/10/2015 02:00
SAN DIEGO- En los últimos años, me pregunté qué tiene Kevin McCarthy que me da escalofríos. El republicano parece muy afable y obviamente es un político suficientemente hábil como para haber ascendido rápidamente en las filas de los líderes del Congreso sólo en su quinto período. Aun así, hay algo en él de lo que no me fío.
Ahora, gracias a una entrevista de televisión que el presidente de la Cámara concedió recientemente al locutor de derecha, Sean Hannity, finalmente tengo una respuesta.
Yo debería estar en el bando de McCarthy. Ambos somos del Valle de San Joaquín, en el centro de California, un lugar empapado en la mentalidad clara y el sentido común que a menudo escasean en la capital de nuestra nación. Si quieren experimentarlo, pasen un poco de tiempo con esa gente que se gana la vida con la principal industria en esa parte del país: la explotación agrícola.
Los agricultores reciben un servicio al cliente terrible de ambos partidos. Les importan dos cosas que siempre escasean: el agua y la mano de obra. Los demócratas del Valle a menudo piden contribuciones a los agricultores, prometiéndoles aflojar las restricciones sobre el uso de agua para aliviar la peor sequía de la historia del país. Después, los legisladores traicionan a esos electores cuando llegan a Washington y apoyan a los ecólogos, que parecen inclinados a llevar a la quiebra a los granjeros. Mientras tanto, los republicanos del Valle hacen todo lo posible para desplumar a la comunidad agrícola prometiendo una reforma migratoria y una fuerza de trabajo garantizada, para llevar a cabo las tareas que los estadounidenses no pueden ni quieren hacer. Y después, una vez que los legisladores llegan a la capital, muestran el plumero ayudando a derrocar las propuestas de reforma migratoria y poniéndose del lado de los nativistas del Partido Republicano, que tiemblan con la idea de un cambio en la cultura y en la demografía.
Así pues, cuando escuché que McCarthy, oriundo del Valle, estaba echando su sombrero al ruedo para el puesto de presidente de la Cámara, me permití considerar la posibilidad de que las personas reales que viven en el mundo real tal vez pudieran tener un líder real. Entonces llegó la entrevista de McCarthy con Hannity. Sin duda, el líder de la mayoría de la Cámara fue torpe en la forma de expresarse, y cometió el error de conectar dos cosas que deben quedar separadas--el intento presidencial de Hillary Clinton y la investigación del comité selecto de la Cámara sobre la debacle de Benghazi, Libia, que provocó la muerte de cuatro estadounidenses, entre ellos el embajador de Estados Unidos.
‘Todos creyeron que Hillary Clinton era invencible, ¿verdad?" dijo McCarthy. "Pero organizamos un comité especial sobre Benghazi, un comité selecto. ¿Cuáles son sus [de Hillary] cifras hoy? Sus cifras están cayendo. ¿Por qué? Porque no se puede confiar en ella. Pero nadie habría sabido que todo eso ocurrió, si no hubiéramos peleado'.
Por ese acto de generosidad, McCarthy debe esperar un lindo regalo de los Clinton en las Navidades.
Los comentaristas conservadores tienen razón cuando preguntan si McCarthy es suficientemente listo para dirigir el partido. ¿Qué pueden hacer los republicanos cuando se enteran de que la persona en la vía rápida para convertirse en presidente de la Cámara no puede hablar?
Sin embargo, lo realmente preocupante de la entrevista--y de una docena más de ellas en que escuché a McCarthy en televisión y radio--no es que el republicano no pueda comunicarse. Es que no puede liderar, porque está demasiado ocupado siguiendo a la multitud. Parece especialmente ansioso por hacer demagogia con toda celebridad mediática frente a la cual se enfrenta en un día determinado.
Hannity se aprovechó totalmente. Presionó a McCarthy para que prometiera que, a diferencia del actual presidente John Boehner, contemplará cuatro medidas: "Privar de fondos a Planned Parenthood, privar de fondos a una amnistía ejecutiva y a la inmigración, privar de fondos a Obamacare y este acuerdo iraní es un desastre absoluto que llevará a un Holocausto de nuestro tiempo." El anfitrión quiso saber: "¿Dirá usted a los conservadores de Estados Unidos que luchará hasta el final … para privar de fondos a esos asuntos y usar el poder del dinero?'.
‘Sí, la respuesta es sí," dijo McCarthy. ¿Cómo será recibida su promesa de imponer medidas severas contra la inmigración entre sus electores? ¿Está McCarthy diciendo una cosa a los agricultores y otra a Hannity? Espero que el congresista reciba un rapapolvo cuando vuelva a casa.
McCarthy obviamente desea ser popular y estar bien conectado. Y entonces, naturalmente, entró en el polémico juego de la política y ahora aspira dirigir un bloque republicano que está dividido más de lo que creemos.
No tiene sentido. Por supuesto, tampoco lo tiene gran parte de lo que McCarthy promete hacer para los conservadores. Tendrá que dejar de hacer demagogia y comenzar a pensar por sí mismo, si quiere que lo tomen en serio.
THE WASHINGTON POST