Patrones de consumo

Existen formas de ahorrar en nuestro consumo diario de energía. Apagando las luces de casa, usando el acondicionador de aire solo lo nec...

Existen formas de ahorrar en nuestro consumo diario de energía. Apagando las luces de casa, usando el acondicionador de aire solo lo necesario y además, a conducir de manera eficiente el auto.

Algunos predicen que el petróleo llegará a su fin. La teoría de Hubbert que hoy muestra algunas de sus flaquezas es una de las que pronosticaba el fin de la era del petróleo.

Las fuentes de energía se van a ir sustituyendo. ¿De igual manera el sol llegará a su fin algún día, cierto? Pero como lo vemos tan lejano, nadie se preocupa de cómo calentarse de aquí a 500 años ni de como llevarán a cabo el proceso de fotosíntesis las plantas. De las alternativas me ocuparé en otro artículo.

Hoy son producidos automóviles híbridos por una mayor gama de fabricantes. En Europa se impulsa el uso de motores pequeños y eficientes en sus ciudades; principalmente diesel.

En los Estados Unidos, se consume el treinta por ciento del petróleo del mundo; casi 25 millones de barriles por día. Allí prevalece el consumo de gasolinas en su parque automotor.

Los motores de 6 y 8 cilindros son los preferidos en los Estados Unidos, en Europa dan incentivos a los motores pequeños y se penalizan los de mayor cilindrada.

A lo largo de la historia es probado que el tema de los combustibles solo nos preocupa cuando se incrementa el precio del galón de gasolina o diesel. Si se lograse producir a menor costo los derivados o bien los refinadores o la exploración y la explotación de crudo fuesen menos costosos y lográsemos que efectivamente este costo se trasladase al consumidor final, nos olvidaríamos del tema una vez más. Prevalece la cultura de consumo desmedido.

En Panamá no es diferente, donde a pesar del incremento en precios el consumo aumenta cada año. No solo en sector industrial, sino en ventas en estaciones de combustibles que es primordialmente el consumo de los autos particulares.

Pocos son los motoristas privados que escogen sus autos en función del rendimiento del motor. Prevalece lo poderoso del motor y el renombre de la marca del auto. Entonces, ¿por qué quejarse luego si el auto es poco eficiente y pesado?

Algunos pagan tres dólares por un café, entre 4 y 5 balboas por un galón de agua embotellada y así podría seguir mencionando otras cosas: cerveza, gaseosas, bebidas energéticas, etc.

Mi teoría es que se pagan independientemente del costo, pues da placer comprarlas y consumirlas. Todo lo contrario a la hora de adquirir combustible. En muchos casos no es amena la experiencia de abastecer el auto en una estación de combustible. Peor aún si se trata de autoservicio y es una dama. Pero igual seguimos consumiendo de forma desmedida.

Al final todo se resume en una sola cosa: “Un bien vale tanto como el monto en el que lo puedas vender”. El consumidor le da mayor importancia a la libertad de poder manejar su auto que al precio del combustible.

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