Consumidores informados

La semana pasada afirmamos que los consumidores han demostrado ser lo suficientemente inteligentes para decidir por sí mismos, pero que,...

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La semana pasada afirmamos que los consumidores han demostrado ser lo suficientemente inteligentes para decidir por sí mismos, pero que, sin embargo, con frecuencia surgen voces que nos reclaman mayor intervención porque consideran que los consumidores no pueden protegerse por su cuenta; ya que teniendo la libertad de elegir no pueden hacerlo, porque entre otros, enfrentan contratos de adhesión, no hay opciones en el mercado o que las empresas hacen tan complejas sus ofertas que es difícil comparar. También señalé que estas ideas aparentemente bien intencionadas revelan desconocimiento de cómo funcionan los mercados y no están libres de costos.

Por ejemplo, en los contratos de adhesión, las condiciones fijadas por cada empresa en el contrato no son independientes, surgen de la interdependencia entre oferentes y se enmarcan en el conjunto de características demandadas por los consumidores. En otros términos, las condiciones contractuales que observamos en un contrato de adhesión surgen de un proceso competitivo.

Cuando bajo el supuesto de que el consumidor no tuvo opción de negociar el contrato de adhesión, decido como Estado aumentar la garantía que debe dar el fabricante, se termina aumentando el precio del bien final (ya que al productor ahora le es más costoso garantizar el bien vendido) y con ello dejo por fuera del mercado a un grupo de consumidores que no pueden pagar ese precio. Este resultado fue producto de pensar que los consumidores con sus decisiones no pueden influir en la duración de la garantía que reciben por un producto comprado.

Otro caldo de cultivo para decidir por el consumidor se basa en suponer que la incapacidad del consumidor para decidir lo que es mejor para él, se ve acentuada cuando las empresas hacen tan complejas sus ofertas que es difícil comparar. La solución de política pública a la dificultad de comparar ofertas son los precios unitarios. Sin embargo, para quienes ven a los consumidores como incapaces, y a la vez presumen que el mercado es incapaz de frenar el comportamiento indebido por parte de los oferentes, la obligación de fijar precios unitarios no es suficiente, y sugieren otro tipo de resguardos para evitar que el consumidor no sea engañado, soluciones cuya complejidad depende de la complejidad de la oferta.

En los mercados muy dinámicos, la planificación de largo plazo termina siendo a lo sumo de un año y, el corto plazo una semana o un mes. En este contexto (pensemos en el mercado de telefonía celular) demasiados resguardos destinados a evitar que el consumidor sea engañado, terminan no sólo encareciendo el precio de los servicios, sino también haciéndolos inviables económicamente y con ello disminuyendo las opciones de los consumidores.

Olvidan quienes creen estar mejor facultados para decidir qué es lo más beneficioso para mí, que en el mercado, generar reputación cuesta, y se pierde con mucha facilidad en mercados de compras recurrentes, esta posibilidad es suficiente incentivo para que los empresarios actúen debidamente para mantener la reputación alcanzada. Lograr que los consumidores sean más proactivos no se logra desconfiando de ellos, se logra apoyándoles con información para que puedan ejercer sus deberes en el mercado, decidir por ellos los empobrece.

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