Análisis Económico

Las trampas del desarrollo

  • 12/01/2026 00:00
Un examen a las desigualdades económicas

Medios impresos, televisivos, radiales y digitales presentan al cierre de cada año un recuento, entre otras cosas, del desempeño económico y las expectativas sobre el año que recién iniciado.

Autoridades, representantes empresariales y analistas independientes destacan cómo, desde su perspectiva, la economía se desarrollará en un futuro y si esta permitirá mejoras en el bienestar ciudadano.

El Producto Interno Bruto (PIB), principal indicador del desempeño económico, no es lo que determina si la gente ve mejoras en su calidad de vida. Son otros elementos a los que pasaremos revista los que complementan si el crecimiento del PIB se transforma en un bienestar creciente para la sociedad.

Contexto regional

La Comisión Económica para América Latina (Cepal), en su reporte de fin de año estima que las economías que mejor desempeño económico tendrían para este 2026, desde el indicador convencional, como lo es el PIB, ubica a Panamá en un honroso cuarto (4to) lugar con un crecimiento de 3.7 %, por debajo de Paraguay (4.5 %), Costa Rica (3.9 %) y Argentina (3.8 %).

Pero, como mencioné, el PIB no es el indicador que puede mostrar si su crecimiento tiene verdaderos efectos de derrame sobre la población.

La Cepal muestra cómo, a pesar de los niveles de crecimiento, la región latinoamericana debe enfrentar las tres (3) trampas del desarrollo; siendo la primera de ellas la baja capacidad para crecer; la segunda, una elevada y persistente desigualdad, baja movilidad social y débil cohesión social; y la tercera, baja capacidad institucional y una gobernanza poco efectiva.

Parte de las preocupaciones del organismo internacional es que la persistente desigualdad en la captación de riqueza que genera cada país trae como resultado que la población transite desde una posición tranquila o de mejora de su bienestar hacia una donde la delincuencia común o violenta permite al narcotráfico posicionarse como la solución a la consecución de más ingresos, si lo que el PIB reparte no llega a todos, erosionando con ello aún más la cohesión social.

Centraremos nuestro enfoque amparado en dos (2) de los seis (6) factores que identifica la Cepal como claves para evaluar la desigualdad en la región, a saber: escaso crecimiento y un mercado laboral segmentado y grandes disparidades en las remuneraciones pagadas.

Índice de Gini

Este coeficiente, que oscila entre 0 y 1, es una medida que tiende a cuantificar, de manera general, la desigualdad en la distribución del ingreso en un país.

Cuando este indicador se acerca a 1, muestra que la consecución de ingresos se concentra masivamente en los estratos sociales con mayores recursos, en detrimento de quienes menos ingresos captan. Por otro lado, mientras los valores se acercan a 0, tienden a mostrar una distribución del ingreso más equitativa en la sociedad y eso tiene consecuencias de mejoras en la población.

Veamos algunas cifras y comparemos el estado de la desigualdad entre algunos países y Panamá.

Por lo visto, Panamá no muestra los mejores resultados en algunos años de la última década y eso debe suponer que el crecimiento económico, en apariencia, mantiene los niveles de desigualdad alrededor de la media del índice, pero con tendencia hacia la concentración luego de rebasar el 50 %.

Veamos ahora una compilación del comportamiento histórico del Índice de Gini panameño y qué lectura podemos darle al mismo.

Este registro en cuestión del Índice de Gini repasa los cambios en la distribución del ingreso en Panamá, denotando un cambio constante desde valores por debajo del 50 %, como se refleja en 1979, y el incremento de la distribución del ingreso al final de la década de los años 80, cercanos al 60 %.

Desde 1989 hasta 2019 se nota claramente que año a año la distribución del ingreso bajaba de a poco para situarse en la media del Gini, pero los valores claramente mantienen una elevada desigualdad, oscilando entre el rango del 50 % al 60 %.

A partir de la reversión del Canal de Panamá, a pesar de los crecientes aportes de la operatividad del canal a las arcas nacionales y la modernidad en todos los ámbitos de nuestra economía, se nota claramente cómo la distribución del ingreso en Panamá tiende a concentrarse en quienes más ganan.

Si bien los últimos años muestran una tendencia por debajo del 50 %, este período está fuertemente influenciado por los años de pandemia y no podría ser considerado como un cambio hacia una mejora real en la calidad de vida del panameño.

Evaluando el desempeño latinoamericano en su conjunto, acorde a datos compilados por la Cepal, los tres países con peor distribución del ingreso al cierre de 2024 son Colombia, Panamá y Brasil, en ese orden.

Parece contradictorio que una economía tan pujante como la panameña desde 1990 a la fecha, a excepción del período del Covid-19, sea la segunda más desigual en cuanto al ingreso que puede recibir una persona.

Al igual que el Gini, otros índices, como el de Theil y Atkinson, suelen usarse para evaluar las desigualdades en la captación de ingresos.

Mientras que el Gini acoge la totalidad de los ingresos, los otros índices permiten descomponer el tipo de ingresos que capta la población o determinados estratos (deciles), haciendo énfasis en la cantidad de “transferencias” que forman parte del ingreso total, como lo mide el índice de Theil, o cuando el análisis de los ingresos permite descomponerlos previo o posterior al pago de impuestos y las prestaciones básicas, como lo hace el índice de Atkinson, pero estos serán evaluados próximamente, a la luz de la Teoría del Caballo y el Gorrión.

“Pese a ciertas mejoras registradas en la última década, la desigualdad de ingresos en América Latina y el Caribe continúa siendo estructuralmente elevada. Si bien el índice de Gini mostró descensos leves en los últimos diez años, estos no reflejan transformaciones profundas, sino variaciones de corta magnitud influenciadas por la coyuntura económica”. (Panorama Social, 2025. Cepal).

Conclusión

De nada vale el anuncio por parte de las autoridades y del empresariado nacional sobre las expectativas futuras a partir de las inversiones contempladas o que la recaudación fiscal se incremente y que ello dé pie a más inversiones y, con ello, más empleo.

De darse eso, perfecto; sin embargo, existen otras aristas a considerar y las cifras que hemos examinado deben permitir poner los pies sobre la tierra ante el anuncio de los millones en inversiones, si al resto de los problemas no se les atiende con políticas públicas focalizadas.

El Producto Interno Bruto, principal indicador del desempeño económico, no es lo que determina si la gente ve mejoras en su calidad de vida”
*El autor es economista independiente
Lo Nuevo