Reactivación y recaudación: únicas salidas

  • 13/07/2015 02:00
Las críticas del FMI y la realidad que demuestran los recientes indicadores piden un plan de acción

Nuevamente una serie de advertencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) generan incertidumbre sobre la situación económica actual y una futura consecuencia de aumento del riesgo país. La única forma de evitar la repetición de este tipo de sucesos es dar señales claras de disciplina fiscal y avanzar en la concretización de los programas de reactivación económica y recaudación de impuestos.

Los indicadores conocidos en los últimos días muestran que la actividad económica sigue en franca desaceleración. Por una parte, la Zona Libre de Colón, el turismo y el consumo de servicios vinculados con la economía siguen deprimidos y el índice de desocupación de junio fue más elevado que del mismo mes del año pasado. Pero por otra, la construcción, el movimiento de carga y el consumo de energía aumentaron en relación a junio anterior. También aumentó, aunque a un ritmo lento, el consumo de alimentos.

Es evidente que la inercia de más de un año y medio de desaceleración desalienta las decisiones de inversión y de consumo, a pesar, incluso de las medidas de reactivación anunciadas por el Gobierno en las últimas semanas. La situación es inquietante por sus consecuencias sobre el nivel de empleo y la salud de las empresas pero también porque reduce la capacidad recaudatoria del Fisco.

En este contexto tuvieron lugar las declaraciones de FMI que afirmaron que existen dudas sobre la capacidad del país para cumplir con sus compromisos fiscales, provocando inquietud en los mercados financieros. También influyen negativamente comentarios aislados sobre una eventual salida del ministro de Economía y Finanzas (MEF), Dulcidio de la Guardia, quienes aducen que carece de credibilidad para enfrentar la crisis que se avecina por su manejo en torno al tema de Cobranza del Istmo. Sobre esto último, sería importante precisar si la información fue lanzada por algún grupo interesado en perjudicar el programa económico o si simplemente el Gobierno tiró la línea desde Palacio.

Para reducir la vulnerabilidad que sigue evidenciando la economía nacional es necesario, en primer lugar, fortalecer la disciplina fiscal y aumentar la capacidad recaudatoria. Y aquí valdría la pena resaltar la importancia de combatir la evasión y corregir las disposiciones que permiten eludir el pago de impuestos. Aunque nunca fui partidario del método Cair, en efecto, fue una medida necesaria para cobrar impuestos y no deja de ser una alternativa para que el actual Gobierno salga del atolladero.

Sobre esto último, tanto los gladiadores de la oposición como los mansos del oficialismo, no entienden que la única forma de responder al FMI es con acciones concretas de mejorar ingresos y cobrar impuestos. Más de uno en Washington añoran los tiempos cuando, durante la gestión de Martin Torrijos y el ministro Ricaurte Vásques, el asesor Orville Goodin tuvo el coraje de impulsar una reforma tributaria impopular pero altamente efectiva para sanear las cifras del déficit fiscal.

En ese sentido, el Gobierno debe hacer su parte y tratar que los fondos recibidos se administren en forma más eficiente, con mayor dedicación a los programas de desarrollo social y un menor financiamiento del clientelismo político. Igualmente, hay que evitar que la discusión fiscal se utilice con fines políticos o que contribuya a alimentar las incertidumbres ya existentes. Hay que tener en cuenta que debido a los 18 meses de desaceleración, los anuncios por sí mismos no bastan. Los inversionistas no tomarán decisiones hasta tener la certeza de que podrán colocar sus productos en el mercado local o internacional, ni los consumidores se animarán a endeudarse si no visualizan una mejora en sus perspectivas de empleo e ingresos.

Un papel importante en las expectativas de reactivación y recaudación le corresponde al propio Gobierno. Por eso, el ministro del MEF debiera viajar de inmediato a Washington para aclarar el tema y garantizar nuestro nivel de riesgo país. El costo de no hacer la tarea supera con creces los gastos de estadía y manutención que se requieran para calmar las aguas y bajarle el tono, en buena medida necesarios para dar a los inversores externos mejores perspectivas sobre la situación nacional.

Es igualmente crucial que cuando hablen con el FMI, digan toda la verdad. Porque el sistema no solamente colapsará por la desaceleración global o por el aumento de la deuda fiscal, sino también por el déficit actuarial de la Caja del Seguro Social. Según los mejores pronósticos, se habla de una brecha de 800 millones por año que hasta ahora nadie sabe o se atrevido a informar y que se requieren urgentemente para salvar el programa de Invalidez, Vejez y Muerte.

Pienso que el los señalamientos del FMI fueron muy suaves y que han podido ser peor. Por tal razón, es hora de actuar antes que lleguemos al 2019 y nos pasen una factura de B menos.

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