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22 de Sep de 2020

América

Un poquito de mano izquierda

PANAMÁ. Hace casi un año, el presidente peruano Alan García creó la Oficina Nacional Anticorrupción (ONA), que vino a reemplazar al Con...

PANAMÁ. Hace casi un año, el presidente peruano Alan García creó la Oficina Nacional Anticorrupción (ONA), que vino a reemplazar al Consejo Nacional Anticorrupción, creado por su predecesor Alejandro Toledo. Hace 2 meses, la ONA fue desactivada. El tema de la corrupción no se mencionó más en Perú hasta que el 5 de octubre el programa de televisión Cuarto Poder hizo públicas unas conversaciones grabadas entre directivos de Perupetro y personal de la noruega Discovery Petroleum, en las que la petrolera estatal otorgaba lucrativas concesiones a la empresa escandinava.

El escándalo desatado supuso para García la peor crisis desde que asumió la presidencia. El 11 de octubre, el Gabinete peruano al completo presentó su dimisión. Ante esta situación, García ha puesto el que será su futuro Gabinete en manos de un gobernador que pasó ocho años en prisión por cargos de terrorismo: el centroizquierdista Yehude Simon Munaro.

DE TERRORISTA A PRIMER MINISTRO

El nuevo primer ministro, hijo de un inmigrante palestino y una italiana, inició su carrera política logrando ser diputado por el departamento de Lambayeque en 1985. En 1991 fundó el Movimiento Patria Libre, que fue acusado de ser el brazo legal del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Un año más tarde, y poco después del “autogolpe” de Alberto Fujimori, Simon –entonces editor de la revista “Cambio”, también acusada de ser portavoz del MRTA— fue detenido. Bajo el cargo de “apología del terrorismo”, es condenado a 20 años en prisión, de los cuales cumplió ocho y medio antes de ser indultado en noviembre del 2000 por el Presidente Transitorio Valentín Paniagua.

Luego de su liberación, Simon regresó a la política, pero se distanció de la extrema izquierda y fundó, a mediados de 2001, el centroizquierdista Partido Humanista Peruano. Solamente un año después fue elegido gobernador de su natal Lambayeque, considerado un importante feudo aprista. Pero lo bueno estaba aún comenzando: a base de pragmatismo y un enfoque hacia el desarrollo, Simon se ganó el apoyo popular y una excelente reputación que le valieron la reelección en 2006 y un flamante nombramiento como primer ministro.

COMIENZA LA ERA SIMON

Al ser cuestionado acerca de las condiciones que había puesto para aceptar el cargo, Simon dijo que sólo pidió “libertad para actuar”. El nuevo premier tiene un titánico reto, pero parece tener sus prioridades claras. En declaraciones a La República, incluso las enumeró: “Primero es la lucha contra la corrupción. Segundo es la lucha contra el terrorismo; y tercero, institucionalizar el país”. Simon ha confirmado que seguirán en el cargo algunos ministros, incluyendo al de Economía, Luis Valdivieso y el de Exteriores, José García Belaúnde.

Su elección y sus decisiones han levantado recelos en ambos extremos del espectro político. El líder izquierdista Javier Diez Canseco declaró que la decisión de dejar a Valdivieso (ministro de Economía) en su puesto es un indicador de que la política económica va a permanecer intacta, lo que le parece una “irresponsabilidad”. Por su parte, la fujimorista Luisa Cuculiza exigió a Simon “condenar claramente el terrorismo” antes de ser proclamado primer ministro.

Ante estas críticas, Simon ha capeado elegantemente el temporal. “No me voy a dedicar a responder a todo el mundo”, aseguró. Luego de reunirse con los miembros del partido aprista y con el líder del Partido Nacionalista, Ollanta Humala, Simon dice estar a la expectativa de reunirse con la dirigencia del sector fujimorista para estabilizar la situación.

La popularidad de Alan García atraviesa el peor momento de su mandato (23% según una reciente encuesta), y Yehude Simon ha dejado claro que su papel no es el de “salvador” del APRA. Una buena gestión podría abrir las puertas a un cambio profundo en un país que, a pesar de que más de la mitad de su población se considera socialista, continúa siendo uno de los últimos bastiones de la derecha oligárquica en América del Sur.