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07 de Mar de 2021

América

¿El comienzo de una nueva era?

MÉXICO, D. F. Las felicitaciones han llovido de parte de líderes del hemisferio occidental, de la prensa, y de los ciudadanos. La mayo...

MÉXICO, D. F. Las felicitaciones han llovido de parte de líderes del hemisferio occidental, de la prensa, y de los ciudadanos. La mayoría celebran como Estados Unidos ha “roto las barreras raciales” al elegir al primer presidente afroamericano. En países que sufren problemas de diversidad y discriminación, la elección fue una gran notici, y una noticia que no esperaban ver venir del inercial sistema político estadounidense. Las poblaciones afroamericanas de Brasil y otros lugares recibieron la ocasión con aun más entusiasmo.

Pero para los latinoamericanos, la fascinación por las elecciones estadounidenses va más allá de la raza. Luego de observar a distancia como los americanos escogían a George W. Bush en medio de acusaciones de fraude que fueron enterradas por las cortes, y luego ver el mismo episodio repetido en 2004, cualquier idea de que el sistema electoral estadounidense pudiera generar un cambio real recibiría una respuesta cuando menos escéptica. Para muchos, la elección de Obama demostró una capacidad de cambiar el rumbo y un nivel de participación ciudadana ciertamente impensado.

Los latinoamericanos no gustan de George W. Bush. Aquí, la popularidad de Bush alcanzó sus récords mundiales negativos. Obama parte con una tremenda ventaja en América Latina simplemente por no ser George Bush, o de su “combo”. La mayoría de la gente al sur de la frontera cree que el presidente electo cambiará al menos un poco la radical política exterior estadounidense de unilateralismo y hegemonía en la región.

A pesar de que la política de Bush no incluyó la intervención militar en la región, si consistió en una incansable intimidación para forzar a los países a aceptar los modelos económicos de Washington, codificados en los TLCs, y aceptar la política exterior de Bush, expresada en el paradigma antiterrorista y la invasión a Irak. Cuando países como Bolivia o Ecuador se rehusaron a alinearse, la administración Bush buscó aislar a estos países económica y diplomaticamente, dividir el continente, y promover la oposición interna. La inflexibilidad y nula disposición a establecer un diálogo real profundizó los resentimientos, incluso entre aliados.

Ahora, los líderes de la región han bienvenido el nuevo perfil de la Casa Blanca. Pero los líderes latinoamericanos aún no están corriendo a la cima de la montaña para proclamar el amanecer de una nueva era en las relaciones de sus países con EEUU. La respuesta podría describirse más bien como una esperanza vista a través del siempre desconfiado ojo que el continente mantiene sobre su vecino del norte.

El gobierno estadounidense tiene un largo camino por delante si quiere deshacer el daño hecho a sus relaciones y su reputación luego de décadas de presidencias imperialistas demócratas y republicanas.