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04 de Mar de 2021

América

¿Qué hacer con Hugo?

Ante las peligrosas tensiones al rojo vivo con un Chávez armado hasta los dientes, ¿habrá quien aún piense que el nuevo tratado de coope...

Ante las peligrosas tensiones al rojo vivo con un Chávez armado hasta los dientes, ¿habrá quien aún piense que el nuevo tratado de cooperación militar entre Colombia y Estados Unidos fue una abdicación de soberanía?

El gobierno colombiano divulgó —finalmente— el texto completo del acuerdo sobre las bases militares, lo que debería disipar las prevenciones que aquí y en el exterior existían sobre su contenido. Aunque sería ingenuo creer que esto apaciguará la paranoia belicista del caudillo bolivariano. La denuncia de las bases militares es parte esencial de su estrategia de aislamiento de Colombia en la región, y de victimización de su gobierno como blanco de una supuesta agresión colombo-yanqui.

Como si Estados Unidos necesitara acudir a estas bases para una acción militar contra Venezuela. El día que la decidiera —y no hay nada que sugiera que Obama contemple siquiera remotamente tal posibilidad— lo haría desde el Comando Sur, o la Cuarta Flota estacionada en el Caribe, y no desde unas bases pobremente equipadas en Malambo, Apiay o Palanquero. Quedó muy claro, además, que en ellas no habrá cesión alguna de territorio ni de mando colombiano, y que no podrán utilizarse nunca contra otros países.

Pero, frente al anticolombianismo cada día más beligerante del mandatario vecino, sí sirven como elemento disuasivo. Más político o sicológico que militar. Y nos evitan incurrir en una ruinosa carrera armamentista. Y para un país con problemas de seguridad tan dramáticos como el nuestro, un significativo aspecto adicional es que la fuerza armada colombiana dispondrá ahora de mayor flujo de crucial inteligencia tecnológica en tiempo real ( remember “Operación Jaque”) para combatir a los grupos armados ilegales.

El tratado firmado la semana pasada fortalece una estratégica relación bilateral entre Colombia y Estados Unidos en materia de seguridad y defensa. Algo que enardece a Chávez y alimenta su ruidosa campaña contra el “enemigo externo”. Típica maniobra de distracción de regímenes con problemas internos y popularidad declinante.

Pero su estrategia va más allá de las bravuconadas, y el gobierno colombiano debe estar atento, so pena de que lo cojan con los calzones abajo. Y no hablo del terreno militar, sino del diplomático y jurídico internacional, que se supone es nuestro fuerte. Chávez busca preconstituir a toda costa un caso contra Colombia para eventualmente formalizar ante un tribunal internacional que él y su gobierno son víctimas del conflicto colombiano. Se basa en declaraciones de Rafael García (un potencial “testigo estrella” del DAS hoy bajo su manto protector), en el caso de los “paras” capturados hace años en Venezuela, y en los últimos y graves incidentes fronterizos, todos los cuales han sido denunciados por su gobierno como producto del paramilitarismo colombiano.

Razón no le falta al canciller Bermúdez cuando le pide a Venezuela que esclarezca los asesinatos en la frontera sin tanto “prejuzgamiento político”. Ni tampoco a Teodoro Petkoff cuando dice, sobre la matanza de nueve colombianos en el Táchira, que no se trata tanto de quiénes eran, sino de quiénes los mataron. Sobre esto, silencio en Miraflores.

No deja de ser irónico, en fin, que Chávez pretenda pasar a la ofensiva diplomático-jurídica, cuando se supone que Colombia es la que tiene un sólido prontuario sobre sus complicidades con las FARC y el ELN que iba a presentar ante la comunidad internacional. Pero se durmió, o prefirió no usarlo, y ahora el teniente coronel quiere curarse en salud volteando la torta. Por eso está empeñado en elevar deliberadamente las tensiones fronterizas y en montar acusaciones y hechos que señalen a Colombia como el origen de todos sus males. La matanza de colombianos en el Táchira y otros actos recientes de violencia no serían ajenos a este plan. Con asesores de cabecera tan siniestros como el ex ministro Rodríguez Chacín (el de “adelante, compañeros de las FARC”) y el general Carvajal Barrios (el que reclutó a Rafael García como testigo contra Uribe), todo es posible. Y como están las cosas, lo más peligroso es que el gobierno Chávez provoque un incidente fronterizo que se salga de madre. Menos mal que, en la medida en que la situación con Venezuela empeora, las relaciones con Ecuador parecen mejorar. ¿Hasta que Hugo meta la mano?