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28 de Nov de 2020

América

Disparatada ocurrencia

Para hoy los ánimos con relación a la explosión de CAVIM en Maracay, están más serenos. Lo cierto es que Venezuela espera una investigac...

Para hoy los ánimos con relación a la explosión de CAVIM en Maracay, están más serenos. Lo cierto es que Venezuela espera una investigación seria y profunda sobre lo ocurrido. En lo personal no descartamos nada. Pudo haber sido un accidente de esos que ocurren ocasionalmente en depósitos o almacenes de armas y explosivos, casi siempre por imprudencia, negligencia o impericia, aunque puedan existir otros factores desvinculados del quehacer humano. Aún no lo sabemos. También cabe suponer la posibilidad del sabotaje interno por razones que deberán determinarse o la acción de agentes externos enemigos del régimen con ánimo desestabilizador, con o sin complicidad de adentro. Aún no tenemos noticias sobre la marcha de las investigaciones, pero seguimos dando gracias a Dios por limitar los daños colaterales a la lamentable muerte de una civil. Pudo ser una tragedia de proporciones mayúsculas.

Se ha hablado bastante sobre los barrios y urbanizaciones que rodean CAVIM. Una irresponsabilidad tremenda de quienes permitieron que el crecimiento de la ciudad avanzara sobre estas instalaciones haciendo caso omiso del evidente peligro. Esto incluye a las autoridades militares de antes y de ahora. Debieron lanzar las correspondientes alertas y trabajar en consecuencia para impedir situaciones de riesgo permanente como la que se ha vivido durante muchas décadas. La conclusión es que resultan incompatibles los conglomerados urbanos, la población civil, y las armas de cualquier pelaje, municiones y explosivos, sobre todo cuando se concentran masivamente en depósitos para tal fin. Esto no admite discusión. Es un razonamiento de aceptación universal guiado por el más elemental sentido común.

Sin embargo, ese sentido común pareciera ser el menos común de los sentidos en la cabeza de un gobierno que no se caracteriza precisamente por la responsabilidad. Poco antes de la explosión maracayera, el señor Chávez anunció con bombos y platillos, en rueda de prensa transmitida en cadena nacional, acompañado de los embajadores y representantes de los países con los cuales su gobierno mantiene todo tipo de negocios, armas y casas entre otros, como Rusia, Bielorusia, Irán, etc, la construcción de Ciudad Tiuna, dentro del fuerte militar que lleva el mismo nombre, antes conocido como Conejo Blanco. ¿Acaso el Presidente ignora la cantidad de armas, municiones y explosivos que hay en Fuerte Tiuna? Se trata del centro de operaciones militares más poblado del país. Miles de uniformados trabajan y viven allí. Es el centro de acopio más importante de la capital. Resulta inaceptable pensar que el Presidente conscientemente anuncie que expondrá a decenas de miles de compatriotas a vivir expuestos a una experiencia similar o peor que la pesadilla de Maracay. Tan grave como eso sería que la llamada Ciudad Tiuna, cuyas maquetas enseñó al país, sea producto de una inconsciencia más de este señor que, en mi opinión, se convierte en un caso de alta psiquiatría.