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24 de Sep de 2020

América

La necesidad de invertir en la juventud

Chile, España, Argentina, México, Estados Unidos y el Norte de África, ¿qué tienen en común? Allí, los jóvenes han logrado situarse en e...

Chile, España, Argentina, México, Estados Unidos y el Norte de África, ¿qué tienen en común? Allí, los jóvenes han logrado situarse en el escenario principal. Como hace 45 años en Francia, emergentes de un fenómeno demográfico que la mayoría desconoce, ocupando, marchando, cantando, muriendo o simplemente indignándose, cientos de miles tomaron la calle, protagonizaron una película que los tenía de actores secundarios.

América Latina tiene el promedio de edad más bajo del mundo, 28 años. China alcanza los 31, África 33 y Europa 41. El dato marca la plena vigencia del bono demográfico en esos países, que las personas en edad de trabajar y producir (entre 15 y 64 años) son muchas más que las dependientes (menos de 15 y más de 65). La favorable relación no será eterna, por lo que el principal desafío es aprovechar el bono para que no se vuelva hipoteca.

Con todo, el bono demográfico no explica por sí solo la realidad de las personas jóvenes que viven en Iberoamérica. Es habitual escuchar la famosa frase ‘Ustedes son el futuro’. La sentencia –o condena al ostracismo presente– nos acerca al tramposo cartel ‘hoy no se fía, mañana sí’ de los almacenes de barrio, pero sobre todo a un enfoque de política pública basado en la moratoria, que concibe a la juventud como algo pasajero entre la niñez y la adultez. Programas y acciones aisladas que no los atienden –ni entienden– en su particularidad ni en sus necesidades, son quizá la materialización de aquel vetusto enfoque.

El dramaturgo argentino Leopoldo Marechal dijo alguna vez que del laberinto se salía por arriba. Y a la hora de las políticas públicas, la mejor manera de saltar la pared es invertir fuertemente en las y los jóvenes. Los recursos cuantiosos y bien invertidos deben ser el testimonio del compromiso de los gobiernos con sus jóvenes. Inversión en educación de calidad, en transiciones garantizadas a empleos decentes, en salud sexual y reproductiva, protegiendo e informando; en seguridad social y ciudadana, en programas de fomento de la participación y el ocio, pero también en emprendimiento e innovación. Todo esto bajo una mirada transversal que garantice un accionar coordinado y profundo por parte del Estado.

El reto es aprovechar el incremento de la población joven en edad productiva, la generación mejor formada de la historia, y el gran momento que vive Latinoamérica en materia económica y su fortaleza en el contexto global actual. Quizá no haya un mejor momento que ahora.

Sin embargo, falta un elemento clave: un proceso de esta naturaleza no puede hacerse sin escucharlos, sin dejar que nos influyan, que sus ideas nos cambien a todos; sin saber de ellos algo más que la tasa de desempleo, el abandono escolar, la tasa de homicidios o el porcentaje de población carcelería o de ‘‘ninis’’. Quizá, buceando en sus opiniones, repensemos el enfoque de las políticas y programas y generaríamos mejores respuestas a sus necesidades. Por eso la OIJ con el apoyo del BID y la CAF y junto a las principales instituciones de la cooperación internacional, realizará durante el segundo semestre de 2012 la 1ª Encuesta Iberoamericana de Juventudes, un estudio regional en 21 países que contará con más de 25,000 entrevistas. Marcará el pulso, el sentir de los 150 millones de jóvenes que viven en la región, y esperamos que sea el punto de partida para un cambio necesario.

Un proverbio chino afirma que si no cambiamos el rumbo llegaremos a donde nos dirigíamos. Y ese golpe de timón, ese viraje, sólo lo pueden dar los jóvenes, que son la brújula que nos guía a lo que necesitamos que ocurra; al futuro, en definitiva, tan inexorable como listo para ser construido.

Podemos saltar la pared o mirar a los jóvenes, que como el hilo de Ariadna, nos llevará a la mejor de las salidas.

SECRETARIO GRAL. DE LA OIJ