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20 de Oct de 2020

América

Presos ponen fin a motín en cárcel brasileña tras más de 46 horas

Los presos lllegaron a un acuerdo con las autoridades

Presos ponen fin a motín en cárcel brasileña tras más de 46 horas
Presos ponen fin a motín en cárcel brasileña.

Un grupo de presos amotinados puso fin hoy a una nueva rebelión en un presidio brasileño y liberó a nueve rehenes tras más de 46 horas de negociaciones, un episodio que ha vuelto a sacar a la luz la dramática situación de las cárceles del país.

Los presos levantados en el penal de Guarapuava, en el estado de Paraná, terminaron con el motín tras llegar a un acuerdo con las autoridades, que aceptaron algunas de sus reivindicaciones, entre ellas trasladar a 28 reos a otras prisiones de esa región del sur de Brasil.

Durante tres días, muchos de los reclusos se instalaron en el tejado del edificio y mostraron y agredieron a los rehenes en diversas ocasiones, llegando a amenazar con quemar a uno de ellos.

Según la Secretaría de Justicia, Ciudadanía y Derechos Humanos (Seju) de Paraná, los presos capturaron a un total de trece agentes y diversos reclusos, algunos de los cuales fueron liberados entre el lunes y el martes y el resto durante la mañana de este miércoles.

Los amotinados demandaban una mejora de sus condiciones en el presidio, la transferencia de algunos detenidos a otras cárceles del país y exigían garantías de que no sufrirán represalias tras la rebelión.

De acuerdo con el Sindicato de los Agentes Penitenciarios de Paraná, fue la primera rebelión registrada en los últimos quince años en el presidio de Guarapuava, en el que hasta hace poco tiempo tan sólo ingresaban presos que buscaban la reinserción social y de poca peligrosidad.  "Hoy no existen criterios.  Entran presos peligrosos, que participaron en otras rebeliones y que consiguen diseminar la revuelta entre otros presos cuando no están satisfechos por algo", alegó la entidad en un comunicado remitido a medios locales.

El estado de Paraná, fronterizo con Argentina y Paraguay, ha sido epicentro de más de una veintena de rebeliones en lo que va del año y una de las más violentas tuvo lugar en agosto en una penitenciaria del municipio de Cascavel.

En aquella ocasión, el motín terminó con cinco personas muertas, varios heridos y 45 horas de negociaciones.

La dramática situación de las cárceles brasileñas tomó fuerza después de las revueltas generadas a finales de 2013 e inicios de 2014 en las cárceles del estado de Maranhão, especialmente en el complejo penitenciario de Pedrinhas, de la capital Sao Luis.

Desde enero de 2013, fueron registrados 77 asesinatos en esa cárcel, incluidas decapitaciones, y fueron denunciadas "violaciones de familiares" en los días de visitas, lo que llevó a la ONU a pedir una investigación "inmediata, imparcial y efectiva".

Organismos de derechos humanos, como Amnistía Internacional, también arremetieron contra la "violencia" y el "hacinamiento" en las cárceles brasileñas, que, a su juicio, "son una mazmorra, con condiciones de animales".

Según datos oficiales, las prisiones brasileñas albergan a unos 550.000 internos, lo que supera en un 30 % su capacidad y supone la cuarta población penal del mundo en términos absolutos, por detrás de Estados Unidos (2,2 millones), China (1,6 millones) y Rusia (740.000).

De ese total de presos, se calcula que cerca del 40 % se encuentra en prisión preventiva y a la espera de sentencia, lo que revela que el problema va más allá del propio sistema penitenciario y pasa también por la lentitud del Poder Judicial.

La estadística oficial dice que el año pasado fueron asesinados 282 reclusos en diversos episodios de violencia, que en general se vinculan a disputas entre los internos por el control del tráfico de drogas y otros "comercios" ilegales tras las rejas.

El problema fue abordado superficialmente en la campaña electoral y ninguno de los candidatos que se enfrentarán en la segunda vuelta, la presidenta Dilma Rousseff y el opositor Aecio Neves, ha ofrecido propuestas concretas para atajar el problema.