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27 de Jan de 2021

América

Ecos de la visita de John Kerry a Cuba

En el caso del bloqueo hay coincidencia en que este es el principal escollo para la normalización de relaciones totales

La relampagueante visita del secretario de Estado de Estados Unidos a Cuba para presidir la ceremonia de izada de bandera en la reabierta embajada de su país en La Habana, tiene como primer efecto sicológico la sensación de que termina la etapa de enemistad y comienza la de una relación de respeto mutuo muy ansiada por los cubanos.

El anuncio principal, o quizás el más esperado, es el de la creación de una comisión conjunta para comenzar a trabajar de inmediato –septiembre, según el canciller Bruno Rodríguez— en el complicado inventario de problemas que se han ido acumulando a lo largo de casi 55 años de enfrentamiento.

Esa comisión bilateral tiene como primera y muy difícil tarea definir los temas más urgentes, donde ya afloran criterios divergentes, pues si para Cuba la devolución del territorio donde está enclavada la base aeronaval de Guantánamo es de alta prioridad, para Estados Unidos no lo es, según dijera el propio Kerry.

En esa misma cuerda está el financiamiento de Washington a actividades de protesta insistentemente denunciado por Cuba, pero Kerry acaba de anunciar que hasta donde él conoce, los fondos federales destinados a promover ‘la sociedad civil' en Cuba se mantienen en favor de ‘los programas por la democracia y otras cosas que hemos financiado en el pasado', dijo textualmente.

La Habana insiste en que cesen las transmisiones radiales y de TV ilegales hacia la isla y los planes subversivos para los que el Congreso aprobó sumas millonarias, pero Kerry defiende que las empresas norteamericanas quieran ayudar a Cuba a aumentar su base de telecomunicaciones e Internet, sin hablar de las regulaciones en ese sector que cada nación impone soberanamente a su espacio radiofónico.

Otro tema escabroso es el relacionado con los acuerdos migratorios firmados entre los dos países para desestimular la emigración ilegal, pero contradictoriamente Kerry expresa que su Gobierno no tiene en su agenda eliminar la ley de ajuste cubano que tantas muertes ha provocado.

En el caso del bloqueo hay coincidencia en que este es el principal escollo para la normalización de relaciones totales y ambas partes tienen la voluntad de suspenderlo, aunque persisten diferencias de enfoque que la comisión irá evaluando. Su capacidad para superar obstáculos se pondrá a prueba el propio septiembre, cuando el gobierno de Obama deberá decidir si mantiene a Cuba dentro de la Ley de Comercio con el Enemigo, de 1917.

Esa obsoleta legislación se le aplica únicamente a Cuba, y faculta al presidente a imponer sanciones económicas en tiempo de guerra o en cualquier otra emergencia nacional, y prohíbe el intercambio comercial con la isla.

Mantenerla sería contraproducente con el restablecimiento de relaciones y la voluntad expresa de Obama de levantar el bloqueo. Eliminarla despejaría el camino para ir dejándolo en el hueso. Precisamente, a finales de julio, el congresista republicano Tom Emmer presentó, con apoyo de una colega demócrata, un proyecto de Ley de Comercio con Cuba que, de aprobarse, dejaría sin efecto las sanciones contra empresas estadounidenses y países que negocien o presten asistencia a la isla.

Kerry sostuvo que iban a hablar muy directamente sobre una especie de plan general para una normalización verdadera y plena y no hay por qué dudar de que sea así. Cuba ha planteado su disposición a abordar todos los temas que les sean presentados, desde los derechos humanos hasta indemnizaciones tanto a compañías estadounidenses nacionalizadas como a Cuba, por los daños y perjuicios causados en 54 años de hostilidad y bloqueo.

‘Estamos seguros que este es el momento de acercarnos, como dos pueblos que ya no son enemigos o rivales, sino vecinos. Ha llegado el momento de desplegar nuestras banderas, enarbolarlas y hacer saber al mundo que nos queremos, que nos deseamos lo mejor los unos a los otros', declaró Kerry en La Habana. El eco de sus palabras todavía retumba en el Malecón.

ANALISTA