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17 de Oct de 2019

América

Delcy Rodríguez, los éxitos mediáticos de la estrella de la Asamblea de OEA

Rodríguez y la maquinaria diplomática de Venezuela consiguieron que no prosperara una declaración conjunta de la OEA sobre la crisis en el país

Rodríguez canceló la conferencia a medios de este miércoles, intervino también en la última sesión plenaria, donde dijo adiós a su cargo.

Si Venezuela acaparó titulares en la 47 Asamblea General de la OEA en Cancún, Delcy Rodríguez fue la estrella mediática, con calculadas idas y venidas, y dejando su cargo de canciller a última hora tras recibir aplausos, por "tigra", del presidente Nicolás Maduro.

Su vehemencia y dureza respondiendo a sus adversarios y su posición clave en esta cumbre hicieron que los medios la acompañaran en nutridas ruedas de prensa y siguieran siempre que había oportunidad cada uno de sus pasos, rodeada de un séquito y elementos de seguridad.

En la primera sesión plenaria respondió a Perú acusándolo de "formar parte de la camada de perritos simpáticos para el Imperio", y esta fue la tónica habitual de todas sus intervenciones.

En ellas repartió a diestra y siniestra con una retórica más efervescente que argumentada y, quizás por ello, eficaz para una prensa ávida de titulares.

También se especializó en soltar su discurso y dejar la silla vacía, escenificando la salida de la OEA de Venezuela, anunciada en abril y que no se concretará hasta el 2019.

En una de las ruedas de prensa, acusó a México de "infantil" por justificar la agresión verbal que padeció Samuel Moncada, representante de Venezuela ante la OEA y que hoy la sustituyó como canciller, al arribar al hotel sede, el lujoso Moon Palace, pese a las extremas medidas de seguridad.

Este acto, que no llegó a mayores, fue calificado como propio de "un país libre" por el canciller de México, Luis Videgaray.

Aunque Rodríguez canceló la conferencia a medios de este miércoles, intervino también en la última sesión plenaria, donde dijo adiós a su cargo y el canciller de México le propinó un divertido, quizás también rencoroso, "que le vaya bien".

Y es que Rodríguez y la maquinaria diplomática de Venezuela consiguieron que no prosperara una declaración conjunta de la OEA sobre la crisis en el país, algo que el chavismo vendió como un triunfo.

Cuatro países caribeños, que deben dinero a Venezuela por el petróleo que durante años les ha subvencionado, no apoyaron el acuerdo a última hora, según revelaron a Efe fuentes diplomáticas.

La ya excanciller abandonó el recinto dando una única entrevista a Telesur mientras el resto de medios de comunicación gritaba "¡prensa!" y "¡censura!".

A los otros reporteros, cercados por miembros del Estado Mayor Presidencial de México, el cuerpo de seguridad del mandatario, les dedicó una salutación y una sonrisa desde una treintena de metros, antes de abordar un elegante todoterreno negro.

De esta manera, Rodríguez culmina su papel ante la OEA, que en los últimos meses, y en calidad de primera línea de defensa en el exterior del Gobierno de Maduro, convirtió en su principal cuadrilátero frente a los embates del "Imperio".

La oposición venezolana también tuvo sus minutos de gloria en esta batalla mediática, y este miércoles interrumpió de manera intempestiva la última plenaria enarbolando una bandera de su país al grito de "No más dictadura" y exigiendo mayor celeridad de actuación del organismo multilateral americano.

Si esta Asamblea fuera un periódico, Venezuela ocuparía la portada y la intensa lluvia -alejada de la imagen soleada de las postales de Cancún- la contraportada.

La posibilidad de ciclón tropical en las costas del Caribe mexicano amenazó con dificultar esta Asamblea General que, por algunos errores logísticos, resultó un tanto incómoda para la multitud de periodistas que cubrió el evento.

El frío del aire acondicionado, sumado a la ropa mojada, causó más de un principio de resfriado y, sobre todo, un inusual exceso de ropa en un balneario que roza habitualmente los 30 grados centígrados durante el día.

A las largas sesiones plenarias, a menudo robustecidas por el alarde de retórica venezolano, se le sumaron unos novedosos paneles ideados por el anfitrión, México, en temas como derechos humanos o seguridad.

En su esencia, estos simposios parecieron aportar poco al debate.

Sin nubarrones en el cielo, pero con numerosas dudas sobre la utilidad de estos organismos multilaterales pese a la insistencia de Videgaray y el secretario general de la OEA, Luis Almagro, en subrayar los éxitos de la cumbre, acabó esta 47 Asamblea General.

El próximo año más. Washington, sede del organismo, acogerá la máxima cumbre anual del ente, coincidiendo con el 70 aniversario de su creación.