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20 de Oct de 2020

América

EE.UU., enfrentado al control de las ‘armas descargables'

La justicia estadounidense bloqueó temporalmente la publicación de manuales para fabricar armamento 3D

En el año 2001, la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito de los Estados Unidos puso fin al proyecto de Napster, un servicio pionero de intercambio gratuito de música en formato mp3 a través de Internet.

Con menos de tres años, Napster, enfrentó millonarias demandas por violación a los derechos de autor, cerrando finalmente por una orden judicial. Sin embargo, esta medida no pudo detener los intercambios de datos ‘pirateados' en la red. Lo que quedó claro durante los primero años del 2000 —inicios de la era de la masificación del Internet— fue que no sería fácil controlar los datos compartidos a través de la red, ya sea música, noticias o información para fabricar armas.

Este miércoles, otra orden judicial, esta vez de un tribunal del estado de Washington, puso freno temporal a la autorización que dio el Departamento de Justicia a la publicación en Internet de manuales para la elaboración de armas 3D, concretamente instructivos para su posterior impresión.

La medida bloqueada, daba luz verde para que cualquier persona con una impresora 3D, pudiera fabricar armas de fuego caseras a la medida.

La idea de hacer armas propias fuera del control gubernamental es de salida un asunto polémico para cualquier país; no obstante, en el caso de los Estados Unidos adquiere tintes dramáticos, dada la alta tasas de muertes en el país, como resultado de tiroteos con armas de fuego.

A su vez, la situación se reviste de aristas políticas y electorales en los que está involucrado el propio presidente, Donald Trump.

Fue durante su administración que el pasado 19 de junio el Gobierno y Defense Distributed —la organización que impulsa la fabricación de armas 3D— llegaron a un acuerdo que permitía la venta de los manuales.

Una medida que no fue sorpresa para nadie, ya que el mandatario no solo ha expresado su abierta oposición a cualquier restricción sobre el armamento para civiles, sino también por su estrecha alianza con la Asociación Nacional de Rifle, poderoso lobby proarmas e importante donante de la campaña de Trump.

SEGUNDA ENMIENDA

Ciertamente, para los estadounidenses la entrada de las armas 3D a su vasto mercado interno de armamento no es una enorme novedad (país donde la compraventa, tenencia y porte de armas, se encuentra al alcance de casi toda la población). Esta, más bien, ha hecho provocado el rebrote de un viejo y manido debate sobre el control de armas en el país, una antigua discusión que encuentra sus orígenes en la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.

La prerrogativa constitucional garantiza a sus ciudadanos la posesión de armas, siendo esa enmienda, el más poderoso ariete de los defensores de mantener el estatus quo sobre el control de las mismas.

Este derecho consagrado en la carta magna estadounidense, es uno de los principales argumentos esgrimidos por Cody Wilson, a la cabeza de Defense Distributed, que lidera desde el 2013 varias batallas en los juzgados para legalizar los polémicos manuales de ‘Liberator', nombre con el que Wilson bautizó a la primera arma funcional 3D.

Para Wilson, de acuerdo con declaración recogidas por el New York Times , el trabajo de masificar libremente la ‘Liberator', es su manera de ‘proteger' la Segunda Enmienda, rechazando que la publicación de los instructivos en la red vaya a ser una amenaza o sea ilegal.

Sin embargo, voces críticas apuntan como un peligro para la seguridad de la población y de los Estados Unidos, el facilitar este tipo de armamento a grupos criminales o terroristas.

Avery Gardiner, copresidente de la Campaña Brady por la prevención de la violencia con armas, citado también por el rotativo estadounidense, considera que ‘las personas que fabriquen (las armas 3D) serán entidades estatales o cárteles criminales bien financiados con la capacidad de llevar a cabo ataques bien organizados en Estados Unidos y otros lugares'.

También conocidas como ‘armas fantasma', estas pueden ser fácilmente descargadas de un sitio web, no pueden ser descubiertas por los detectores de metales, ni tienen números de serie, lo que las hace casi anónimas y por tanto una pesadilla para los órganos de seguridad de cualquier Estado.

MATANZAS COTIDIANAS

Mientras la disputa se mantiene en la esfera legal o política, las cifras de muertos por arma de fuego son la principal alarma de aquellos que piden mayor control.

La primera matanza de este año ocurrió en febrero, con un tiroteo en la Escuela Secundaria Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida, donde un estudiante del propio colegio disparó contra sus compañeros dejando un saldo de 17 fallecidos.

Casi tres meses después, en mayo, tuvo lugar otro tiroteo en la Escuela Secundaria de Santa Fe, en el estado de Texas, siendo asesinados diez personas, ocho estudiantes y dos maestros.

Hasta junio pasado, se habían registrado al menos unos 154 tiroteos en los Estados Unidos de acuerdo con un reporte de la oenegé Gun Violence Archive, publicado por el diario Business Insider .

En el último informe de Small Arms Survey de la Universidad de Ginebra, los Estados Unidos mantiene los índices más altos de muertes por armas de fuego de los países de la OCDE, solo superados por Turquía —que mantiene conflictos armados con los kurdos y en la frontera siria— y México, que vive una descarnada guerra contra el narcotráfico.

Todas las cifras de este año se suman a los cientos de tiroteos que se han dado desde la masacre en la secundaria Columbine (Colorado) en 1999, donde dos estudiantes mataron a 13 personas, incluidos sus compañeros y un maestro.

De allí, una la larga lista de tiroteos ha marcado el debate: la masacre del Virginia Tech University en 2007 —33 muertos—, la matanza en el cine Aurora (Colorado) —12 muertos—, el tiroteo en la Escuela Primaria Sandy Hook (Connecticut) —que se saldó con 38 niños asesinados—, el incidente en el Club Pulse (Florida) —50 muertos— o el terror desatado en Las Vegas, donde un hombre abrió fuego sobre 20,0000 personas en una recital musical, dejando 59 fallecidos y más de 500 heridos.

Casi todos estos incidentes fueron perpetrados por personas considerados posteriormente por la policía como ‘ciudadanos comunes' y con armas de fuego —normalmente de guerra— adquiridas legalmente.

A esto se suma que los Estados Unidos es uno de los países con las legislaciones más laxas del mundo en materia de control de armas, y a su vez, con una multimillonaria industria de armamentos con una histórica influencia sobre Washington, que resiste cualquier restricción sobre su lucrativo negocio.

Así las cosas, según los activistas pro control del armamento civil, la legalización de las armas 3D terminaría por abrir la ‘Caja de Pandora' de la violencia en Estados Unidos; también, como ocurrió con Napster, es razonable dudar sobre si dichas prohibiciones podrán controlar su viralización en la red.