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11 de Aug de 2020

América

América Latina 2020: Geopolítica de una gran transformación

El mundo está cambiando sus fundamentos productivos y eso está propiciando toda una serie de 'ajustes' sociales que están resultando mucho más volcánicos que la simple y tradicional alternancia electoral

Afirmar que en América Latina nunca cambia nada se ha convertido en un lugar común; y esto suele repetirse como un mantra, sobre todo a raíz del reciente viraje de la región a la derecha. Eso, sin embargo, no es cierto: aquí, como en todas partes, la realidad evoluciona. Cuando en Panamá, por ejemplo, se votó a favor de la ampliación del canal interoceánico, en el 2006, los niveles de desigualdad en la región eran ligeramente superiores a los actuales, ahora con el Canal ampliado. Y aunque el carácter dependiente de nuestras economías no ha variado, lo que sí lo ha hecho ha sido la composición de nuestras exportaciones. Otro cambio clave: el papel de China en nuestro hemisferio ha pasado en pocos años de irrelevante a insoslayable.

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La cambiante y compleja realidad

¿Por qué evocar, entonces, tan a menudo, el citado mantra? Aunque, en términos generales, la democracia parece bastante asentada, sus desarrollos institucionales todavía funcionan lejos de automatismos políticos capaces de garantizar valores tan básicos como la convivencia o la estabilidad en tiempos de crisis. No parece muy normal, en efecto, que aunque en los últimos años haya habido alternancia en los Gobiernos de la mayoría de países, las cosas hayan acabado judicializadas (como en Argentina, Brasil o Ecuador) o como en el reciente caso de Bolivia, con los fundamentos de la democracia seriamente trastocados. Hay, de hecho, un mar de fondo atravesado por corrientes mucho más profundas que la simple cultura política.

Nos movemos, no en vano, lejos de problemas relacionados con el supuesto carácter 'impulsivo' e 'intolerante' del latinoamericano medio. Ahora mismo están ocurriendo cosas que desmienten explicaciones poco rigurosas como la de la 'sangre caliente' o la de la 'historia repetida'. La ecuación no consiste, pues, en explicaciones simplistas como “disturbios, inestabilidad y/o protesta (como en los recientes casos de Ecuador, Chile o Colombia) igual a estamos como hace veinte, treinta o cuarenta años”… Debe comprenderse, por el contrario, que después de treinta años de globalización y en un contexto mundial que parece deslizarse hacia una polarización global creciente las cosas se han vuelto un poco más complejas.

“En lo que llevamos de siglo XXI, los términos de la dependencia parecen estarse transformando y eso está propiciando, no solo una redefinición estructural de la desigualdad, sino una considerable transformación de las relaciones de poder en la mayoría de nuestros países”.

Nuevas relaciones de poder

Y esa complejidad trasciende, en efecto, explicaciones clásicas (y algo estáticas) que se limitan a remitir a nuestra desigualdad (interna) y a nuestra dependencia (externa) para explicarlo (casi) todo. En la práctica, ninguna de las dos variables ha perdido importancia en América Latina: la cuestión es más bien que, en lo que llevamos de siglo XXI, los términos de la dependencia parecen estarse transformando y eso está propiciando, no solo una redefinición estructural de la desigualdad, sino una considerable transformación de las relaciones de poder en la mayoría de nuestros países. Expresado en números: mientras que, en 1997, el 20% de nuestras exportaciones eran materias primas, actualmente lo son el 37%.

Ese dato, aparentemente menor, debiera recordarnos que acabamos de pasar por un inédito 'Superciclo de Materias Primas' (2003/2012) consecuencia de un cambio en el patrón de acumulación de la economía mundial. Dicho cambio ha impactado en la demanda, flujo y preferencia global de materias primas. En una región tan dependiente como América Latina alteraciones de esa naturaleza se han concretado en distintas formas de movilidad social (ascendiente y descendiente) que están afectando a los fundamentos de nuestra convivencia: de ahí que se haya vuelto a abrir el melón de discusiones inquietantes, como constituciones, derechos de todo tipo, sistemas electorales y/o políticas fiscales.

Una nueva conflictividad

En la confluencia entre recursos naturales y estructura social es por donde, de hecho, se mueve la conflictividad actual. Ejemplos concretos: que en Brasil hayan comenzado a explotarse hidrocarburos submarinos está afectando a la importancia de su gasoducto con Bolivia e indirectamente a la del litio, un metal de elevado valor agregado que abunda en el país andino. En paralelo, la explosión de la demanda china no está siendo ajena a la irrupción del agronegocio (y en concreto, a la del cultivo de la soja) en el Hinterland sudamericano. Muy lejos de allí, que Colombia esté sumándose —al calor del intermitente proceso de paz— al ciclo de la megaminería tampoco es neutro ni está exento de consecuencias sociales y políticas…

Como tampoco lo está siendo la ampliación del canal interoceánico, que no se limita a que navíos de mucho mayor calado puedan surcarlo: hay un evidente incremento del flujo de mercancías, cambios laborales críticos, presencia de nuevos actores exógenos en la región y una metamorfosis geopolítica del área del Caribe que empata, tanto con la 'explosión' demográfica y económica del Sun Belt estadounidense, como con la persistente crisis en la siempre inestable frontera de dicho país con México. El mundo está pues cambiando sus fundamentos productivos y eso está propiciando toda una serie de 'ajustes' sociales que están resultando mucho más volcánicos que la simple y tradicional alternancia electoral.

La escalada neoliberal

Hay, de hecho, en el trasfondo de la conflictividad política, una transformación en commodities de algunos insumos productivos (como la mano de obra, las infraestructuras o incluso la propia naturaleza) que hasta hace poco se habían regido por criterios no exclusivamente mercantiles. El pulso que ahora mismo se está librando en la Amazonia no es, por ejemplo, ajeno a dicha dinámica: hay una clara expansión de la frontera agraria; una expectativa de nuevas rutas que contribuyan a colocar materias primas emergentes en los mercados globales (saliendo del Amazonas en dirección al Canal) y un pulmón natural en pleno proceso de explotación/degradación… En la América Latina de 2020, así de brutalmente es como se configuran las neoliberales batallas de la Guerra Comercial mundial.

El autor es profesor/investigador del Instituto Latino-Americano de Economía, Sociedade e Política (ILAESP, UNILA, Brasil).

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