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26 de Sep de 2020

América

Un nuevo cacerolazo protesta contra Bolsonaro en su aniversario

Las cacerolas y los gritos se hicieron escuchar en diferentes barrios de ciudades como Sao Paulo, Río de Janeiro, Belo Horizonte, Brasilia y Recife

Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.
Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.EFE

Con un nuevo cacerolazo, el quinto seguido en los últimos días, miles de brasileños protestaron este sábado contra la gestión del presidente Jair Bolsonaro ante la crisis generada por el coronavirus, en una protesta que coincidió con la conmemoración de los 65 años del líder ultraderechista.

Las cacerolas y los gritos se hicieron escuchar en diferentes barrios de ciudades como Sao Paulo, Río de Janeiro, Belo Horizonte, Brasilia y Recife, a las 20.00 hora local (23.00 GMT), como ocurre desde el martes.

Los gritos pidiendo "Fuera Bolsonaro" se multiplicaron desde las terrazas a las ventanas de barrios de clase media, ya que millones de brasileños obedecieron la recomendación de las autoridades para recluirse en sus residencias, al fin de evitar las aglomeraciones y un posible contagio del coronavirus.

La intensidad de las protestas hoy, sin embargo, fue mayor que otras noches y en Río el cacerolazo llegó a durar 15 minutos, aunque en algunos barrios también se escucharon gritos de apoyo al mandatario, pero en menor número.

Así como ocurrió en Sao Paulo entre martes y viernes, en algunos barrios de Río de Janeiro fueron proyectadas en edificios enormes imágenes con mensajes de protesta contra el líder ultraderechista y críticas a su gestión y a sus polémicas posiciones.

Y algunos vecinos hasta se pusieron de acuerdo para entonar los párrafos de "Bella Ciao", la canción de los partisanos italianos que fue símbolo de la resistencia a los fascistas y que volvió a ganar popularidad con la serie de televisión "Casa de papel".

Las protestas fueron convocadas en redes sociales por grupos que se dijeron dispuestos a darle a Bolsonaro como regalo de cumpleaños una rotunda manifestación de protesta contra la forma como viene gestionando la crisis provocada por la expansión del coronavirus.

Bolsonaro, que en un primer momento quitó importancia a la pandemia y en los últimos días ha admitido la gravedad de la situación pero aclarado que no se puede actuar con "pánico", reafirmó este sábado en un mensaje en Twitter su preocupación.

"Reconozco la seriedad del momento y el temor de muchos brasileños ante la amenaza del coronavirus. El Gobierno sigue trabajando intensamente y tomará todas las medidas posibles para contener la transmisión del COVID-19", dijo.

Criticó, sin embargo, nuevamente algunas de las medidas adoptadas por algunos gobiernos regionales para frenar la pandemia, como cierre de aeropuertos y de iglesias o la cuarentena decretada por el estado de Sao Paulo, por considerar que pueden paralizar servicios esenciales y afectar la economía.

Ayer aseguró, incluso, que no sería una "gripita" la que lo "derribaría".

Los cacerolazos fueron convocados después de que Bolsonaro anunciara una fiesta con varios invitados para festejar su cumpleaños sin temor a que la aglomeración pudiera facilitar la transmisión del virus.

El hashtag #PanelacoDeAniversario (#CacerolazoDeAniversario) fue uno de los más comentados en Twitter este sábado.

La Presidencia no informó si el mandatario organizó o no una fiesta como había prometido y el gobernante no publicó nada sobre el asunto en las redes sociales, su medio de comunicación preferido.

Bolsonaro afirmó el viernes en declaraciones a periodistas que no le preocupaban los cacerolazos, sino la salud de los brasileños y el combate al virus, aunque admitió que se trata de una manifestación democrática.

Las protestas de este sábado se produjeron una vez que el Ministerio de Salud anunciara que el número de muertes en Brasil por COVID-19 saltó un 63,63 % en un día, desde las 11 del viernes hasta las 18 de este sábado.

Según el último boletín del Ministerio, el número de casos confirmados de COVID-19 en Brasil subió un 24,78 %, desde 907 el viernes hasta 1.128 este sábado, con lo que la tasa de mortalidad por la pandemia en el mayor país latinoamericanos se ubicó en el 1,6 % de los infectados.