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09 de Apr de 2020

Mundo

El líder olvidado de una causa perdida

La noticia llegó rápido pero las reacciones fueron lentas como el paso de los camellos en el desierto del Sahara marroquí

La noticia llegó rápido pero las reacciones fueron lentas como el paso de los camellos en el desierto del Sahara marroquí. La muerte de Mohamed Abdelaziz (Marraquesh, 1947), el líder cuasi eterno del grupo separatista Frente Polisario, no llegó en forma inesperada. Se conocían desde hacía tiempo sus graves enfermedades gástricas y su asma crónica. Pero fue un cáncer pulmonar, que no pudo superar pese al trasplante al que se había sometido semanas antes, lo que le ocasionó la muerte.

La prensa internacional dio inmediata cuenta del deceso y los posteriores funerales el pasado 4 de junio en Argelia. Pero las escasas o nulas reacciones de los gobiernos del mundo demostraron que quien desaparecía, como comentó The Economist, era ‘el líder olvidado de una causa perdida'. Ningún jefe de Estado asistió a sus funerales. Tampoco hubo representantes de la clase política mundial. Solo estuvo presente una delegación del gobierno de Argelia, creador y financiador del Polisario, junto a un puñado de diplomáticos africanos.

Abdelaziz era un marxista de vieja data que admiraba a Moamahhar Kadafi, quien había asumido el poder cinco años antes de que el líder guerrillero tomara el control del Polisario. Incluso Robert Mugabe, con 30 años de dictadura, no ha durado tanto en el poder en Zimbabwe, afirmó The Economist.

Abdelaziz tomó el control de Polisario en 1976 y por cuatro décadas ganó en forma sucesiva 12 elecciones que lo perpetuaron en el poder. Esa farsa de triunfos electorales, resultaron tan fraudulentas como la ficción de la República Árabe Saharaui Democrática que decía presidir en cuatro campamentos en territorio argelino con una población de 50,000 refugiados.

En 15 años de guerra contra Marruecos y 25 años más de tratativas por parte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para un arreglo político, que permanentemente ha chocado contra la resistencia de Argelia, Abdelaziz fue incapaz de cumplir la promesa de lograr arrebatarle a Rabat su legítimo e histórico control sobre el Sahara Occidental.

Marruecos ha demostrado la existencia de vínculos de siglos sobre sus demandas de territorialidad sobre sus provincias del Sur. Resulta revelador que en 1956 la Cumbre de los No Alineados reunida en Bandung, Indonesia, reconoció la unidad natural de Marruecos y su derecho a recuperar los enclaves creados por el colonialismo de España y Francia.

Abdelaziz nunca promovió la renovación, por lo que la búsqueda de un sucesor y la reconstrucción del liderazgo tras décadas de inmovilismo será uno de los asuntos que el Polisario deberá enfrentar para sobrevivir. La sucesión debe contar con el respaldo de la dictadura militar de Argelia que ni siquiera ha elegido a su candidato para reemplazar al moribundo presidente Abdelaziz Bouteflika, en el poder desde hace 17 años.

En las circunstancias actuales, Argelia es una mala noticia para Europa. Ese país se adentra en un túnel sin salida, se tambalea y dibuja un escenario que anticipa una mayúscula tragedia de inestabilidad interna que amenaza al Norte de África y el Mediterráneo Occidental.

Semanas antes de su muerte, Abdelaziz agitaba el fantasma de la guerra contra Marruecos con unos guerrilleros que no han luchado en una generación. La opción de una guerra es más que remota ya que el Polisario debe contar con el respaldo de Argelia, que sufre de lleno la crisis económica ocasionada por la baja de los precios del petróleo y no está en condiciones reales de iniciar una guerra contra Marruecos.

En la actualidad, la excepción de toda la zona sigue siendo Marruecos, consolidado como una potencia económica africana y un actor de primer orden en ese continente. Para Europa y Estados Unidos la asistencia de Marruecos en la lucha contra el terrorismo y la migración fuera de África lo ha convertido en un aliado demasiado importante para correr el riesgo de un enfrentamiento en una causa perdida como la del Polisario.

Las profundas reformas políticas, su dinámica economía, su apego al respeto de los derechos humanos y la igualdad de género, y la integración del islamismo a la administración del Estado le han grajeado elogios en la comunidad internacional como un modelo democrático único para África y el Medio Oriente.

Marruecos ha propuesto la autonomía como solución política al diferendo sobre el Sahara Occidental. La única solución viable es integrar todo el territorio y que no queden sentimientos de ganadores o perdedores. Argelia rechaza esa solución porque teme que los saharauis que viven en Argelia argumenten que quieren su propia autonomía.

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