Temas Especiales

29 de Mar de 2020

Mundo

España, terceras elecciones o gobernar

La formación del gobierno no será fáci

Los resultados de las elecciones del 26 de junio en España han puesto algo de claridad en el confuso escenario político que dejaron las del pasado mes de diciembre, pero no resuelven el problema de la formación de un gobierno. El Partido Popular (PP), vencedor de las elecciones, necesita, para pasar el debate de investidura, un acuerdo con el PSOE (o por lo menos su abstención) y otro con Ciudadanos (a ser posible reforzado con Partido Nacionalista Vasco y Coalición Canaria) para formar un gobierno relativamente estable.

El Congreso tiene 350 escaños. Unidos Podemos, Esquerra Republicana, Convergencia, Bildu (90 votos en total) votarán contra la investidura. Si el voto del PSOE (85 escaños) fuera también negativo, España irá irremediablemente a unas nuevas elecciones. El PSOE tiene, pues, la llave de la investidura. Dando por descontado que no formará coalición con el PP, es indispensable que se abstenga en algún momento del proceso de investidura (o que algunos de sus diputados se ausenten del voto) para que sea posible la formación de un gobierno en España.

Partiendo de la premisa anterior, y descartando que el PP logre sumar una mayoría absoluta de apoyos, la investidura del gobierno podría darse con dos escenarios básicos, que permiten algunas variantes:

1. El más favorable: PP (137 escaños), Ciudadanos (32 escaños), PNV (5 escaños) y CC (1 escaño) votan a favor. Suman 175 votos. Bastaría con que el PSOE instruyera a un diputado para que se ausentara o se abstuviera. La investidura saldría por 175 contra 174 votos. El gobierno tendría una buena perspectiva de estabilidad.

2. El menos favorable: Ciudadanos decide abstenerse (estamos descartando que vote en contra). En esta hipótesis, cualquiera que sea el acuerdo al que el PP llegase con el PNV y con CC, necesitaría la abstención del Partido Socialista (o de una buena parte del mismo) para pasar la investidura y formar gobierno.

Dentro del partido socialista predomina el criterio de que Pedro Sánchez, el líder del PSOE, debe encabezar la oposición al gobierno que forme el PP. Nadie considera la posibilidad, manejada como hipótesis por el Presidente Mariano Rajoy, de entrar en un gobierno de coalición. Un partido socialista en coalición con el PP dejaría el espacio de la izquierda y la labor de oposición a Podemos. Sería un suicidio político. Rajoy lo sabe y le basta con que el Partido Socialista le facilite la investidura. Pero hay un intenso debate dentro del PSOE sobre la abstención. Para algunos ‘barones' del partido, abstenerse es casi tan suicida como entrar en coalición con el PP, porque igual lo aprovechará Podemos para erosionar al partido socialista y hacerse con la hegemonía dentro de la izquierda.

Tampoco es probable que Ciudadanos, el partido de centro, próximo ideológicamente al PP, entre en el gobierno. Ciudadanos ha llevado en las últimas campañas un mensaje de regeneración de la vida pública en España y ha llegado a acuerdos en las Comunidades Autónomas tanto con gobiernos del PSOE como con gobiernos del PP. Siempre han sido acuerdos parlamentarios, sin participación en los ejecutivos, y basados en el cumplimiento de una serie de medidas que tienen que ver mayormente con la transparencia y la dignificación de la política (renunciar a aforamientos, abandonar los cargos públicos ante una acusación judicial, primarias para designar candidatos, limitación de mandatos presidenciales) y con temas económicos y sociales. Lo mismo pasará probablemente tras estas elecciones generales. Ciudadanos negociará un acuerdo con el PP sobre medidas de gobierno y de conducta política y se dedicará desde el parlamento a dar seguimiento y a controlar el cumplimiento del acuerdo.

En definitiva, la formación del gobierno no será fácil, si bien es más probable que lo haya, porque nadie parece estar por ir a unas terceras elecciones. Sería un ridículo internacional y probablemente solo serviría para reforzar aún más al PP. Y sería responsabilidad principal del PSOE, que es quien tiene la llave de la investidura. Pero el gobierno que salga investido será débil y no es probable que dure los cuatro años de legislatura. Se sostendrá probablemente en pactos parlamentarios puntuales, dará estabilidad a la economía y continuidad al crecimiento y a las políticas económicas del actual Presidente, y deberá alcanzar los apoyos precisos para aprobar los presupuestos generales. Rajoy intentará abordar mediante negociaciones con otros partidos grandes temas transversales, como la educación y un nuevo sistema de financiación territorial. Pero no va a ser fácil que se consigan acuerdos. Menos fácil aún será alcanzar un consenso sobre la reforma de la Constitución que permita revisar la estructura territorial del Estado. El problema catalán continuará probablemente como está, con subidas de tensión periódicas, sin perspectivas de que el Gobierno nacional y el regional puedan llegar a un acuerdo aceptable para todos los españoles, los catalanes incluidos.

ANALISTA EN DERECHO CONSTITUCIONAL Y CIENCIA POLÍTICA