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18 de Sep de 2019

Mundo

La homofobia rampante en Georgia sume en la clandestinidad al colectivo LGBT

Los organizadores de la semana LGBT decidieron realizar sus actividades en una forma que pusieron al país frente a un gran reto

La homofobia rampante en Georgia, donde se han organizado "patrullas antigais", ha obligado al colectivo LGBT a celebrar su semana prácticamente en la clandestinidad, después de que las autoridades se negaran a garantizar la seguridad de la marcha que había convocado.

"Todos han sido advertidos de los riesgos y cada quien, individualmente, decide si participa en la semana LGTB", dijo a la prensa la activista Ninó Volkadze, una de sus organizadores.

La iniciativa activó a los grupos más radicales de la patriarcal sociedad georgiana, que se agruparon bajo el liderazgo de Leván Vasadze, un millonario de 48 años, padre de ocho hijos y muy próximo Iglesia ortodoxa georgiana.

De acuerdo con la Asociación Internacional de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA Europe), Georgia ocupa el puesto 25 de 49 países europeos en cuanto al respeto a los derechos de este colectivo y la lucha contra la discriminación.

No obstante, la realidad diaria de este colectivo muestra un sentimiento anti-LGBT muy arraigada aún en la sociedad georgiana y, según el informe anual sobre Georgia de ILGA, la ONG Movimiento Igualitario documentó el año pasado 20 delitos de odio contra el colectivo LGBT, principalmente contra gais y mujeres trans.

Además, según un estudio del Pew Reaserch Center, basado en Washington, Georgia es el segundo país europeo después de Armenia -sin contar Turquía- donde más condena suscita el matrimonio gay: el 94 % de los adultos jóvenes lo rechazan de manera categórica.

"No permitiremos ningún acto gay, independientemente de donde se celebre, en la calle, en un cine o en un parque", declaró Vasadze cuando anunció el reclutamiento de voluntarios para conformar "patrullas populares".

El parque Vera, en el centro de Tiflis, se ha convertido estos días en el centro de reclutamiento de los activistas antigais, que apunta a los voluntarios en un ajado cuaderno.

Gueorgui Jvedelidze, un jurista desempleado de 38 años con seis hijos y que es ortodoxo practicante, luce una camiseta blanca con una bandera LGTB tachada, bajo la cual tiene impreso en georgiano "No a la sodomía". En su opinión, la homosexualidad es un "pecado mortal".

Para el líder de la ONG Iniciativa Democrática Georgia, Gueorgui Mshvenieradze, lo que está pasando en torno a la semana LGBT "supone toda una prueba para Georgia".

"O construimos una democracia liberal o avanzamos hacia la construcción de un Estado de corte fascista, donde las minorías no pueden manifestarse abiertamente", dijo el activista, cuya organización respaldó la celebración de semana LGBT.

El Ministerio del Interior de Georgia, que se declaró incompetente para garantizar la seguridad la marcha LGBT, inició una investigación por los llamamientos a crear destacamentos de voluntarios antigais.

La número dos esa cartera, Natia Mezvrishili, advirtió de que la autoridades aplicarán la ley con toda su dureza contra esas formaciones ilegales, ya que "solo la Policía puede ocuparse de la preservación del orden público".

Estados Unidos y varios países europeos, así como diversas organizaciones de defensa de los derechos humanos, Amnistía Internacional (AI), entre ellas, han expresado su preocupación por la persecución del colectivo LGBT en ese país caucasiano.

"Los organizadores de la semana LGBT decidieron realizar sus actividades en una forma que pusieron al país frente a un gran reto. Desde luego, los derechos de los ciudadanos deben ser defendidos, pero el interés general es que no haya desórdenes masivos", declaró a su vez la vicepresidenta del Parlamento, Tamara Chugoshvili.

La postura conservadora de la Iglesia ortodoxa georgiana (autocéfala), que tiene una gran influencia en la sociedad, es clave en la falta de tolerancia hacia las minorías sexuales.

Precisamente popes de Patriarcado georgiano, pertrechados con palos y apoyados por sus feligreses disolvieron el 17 de mayo de 2013 un grupo de personas que se aprestaban a celebrar en el centro de Tlifis el Día Internacional contra la Homofobia.

Tras esos incidentes, la Iglesia georgiana decretó el 17 de mayo Día de la Sacralidad de la Familia.