Carros bomba e inmigrantes

El arresto del ciudadano estadounidense nacido en Pakistán, Faisal Shahzad, tras el frustrado atentado del coche bomba en Nueva York ha ...

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El arresto del ciudadano estadounidense nacido en Pakistán, Faisal Shahzad, tras el frustrado atentado del coche bomba en Nueva York ha producido una oleada de sugerencias de que el gobierno de Estados Unidos está permitiendo que demasiada gente se haga ciudadana del país y que lo esté haciendo demasiado rápido.

¿Pero esas acusaciones tienen sentido? ¿Sería EEUU un país más seguro si redujera el número de inmigrantes a quienes otorga la ciudadanía? Según el Departamento de Seguridad Interna, el número de personas que se naturalizan como ciudadanos estadounidenses ha aumentado desde 210,000 anuales en la década de 1980, a 500,000 por año en los 90, hasta llegar a 743,715 el año pasado. El aumento en las visas de residencia permanentes es parecido.

Después de la noticia del arresto de Shahzad, varios canales de televisión por cable exhibieron estas cifras en la pantalla y preguntaron si Washington no se ha vuelto demasiado generoso a la hora de otorgar la ciudadanía. Pero en momentos en que el país está debatiendo la xenofóbica ley antiinmigratoria de Arizona, hay varias razones por las que no deberíamos apresurarnos a concluir que reduciendo la inmigración ayudaríamos a reducir el riesgo de terrorismo.

En primer lugar, hay muchos terroristas nacidos en EEUU. Sólo basta recordar el atentado de 1995 contra un edificio federal de Oklahoma City por Timothy McVeigh, que dejó un saldo de 168 muertos y más de 500 heridos, o el caso del “Unabomber” Ted Kaczynski, quien llevó adelante una campaña de letales “cartas-bomba” en los años 80 y 90.

Incluso entre los terroristas islámicos y los simpatizantes de la Jihad hay muchos nacidos en Estados Unidos. Tal vez recuerden a José Padilla, un joven nativo de Nueva York que fue declarado culpable de intentar detonar una “bomba sucia”; o de los “Seis de Lackawanna”, de Buffalo, Nueva York, en su mayoría estadounidenses de familias yemenitas arrestados en el 2002 y luego declarados culpables de estar vinculados a Al Qaeda; o de “Jihad Jane”, la rubia de ojos azules de Pennsylvania recientemente acusada de intentar reclutar militantes para la Jihad por Internet.

Más aún, las afirmaciones de que la inmigración aumenta las tasas de criminalidad suelen ser erróneas. Contrariamente a lo que alegan los partidarios de la ley de Arizona, ese estado se ha vuelto más seguro desde que los inmigrantes indocumentados empezaron a inundar su territorio en la década de 1990, según informó el Los Angeles Times. Y el caso de Shahzad debilita los argumentos de quienes citan la seguridad nacional como excusa para tratar de expulsar a los inmigrantes indocumentados que trabajan en Arizona.

Mi opinión: Estoy de acuerdo. Obviamente es imperativo que las autoridades hagan todo lo posible por asegurarse de que no entren terroristas en el país. Pero no debemos perder de vista que los 24 incidentes terroristas ocurridos entre el 2002 y el 2005 fueron perpetrados por extremistas locales, y que muchos de ellos nacieron en Estados Unidos, según datos del FBI.

La solución no es restringir la inmigración, sino mejorar las labores de inteligencia, para que podamos identificar a todos los individuos que presentan una potencial amenaza a la seguridad nacional. Y esos individuos pueden ser tanto estadounidenses nativos como estadounidenses naturalizados o inmigrantes recientes.

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