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- 10/12/2015 01:00
La concentración de cubanos en Centroamérica aspirantes a llegar por tierra a Estados Unidos demuestra que la política migratoria de Washington hacia Cuba no es sostenible y que es necesario eliminarla o cambiarla para evitar males mayores.
El Gobierno de Ecuador ha cumplido su parte al exigir, a partir del 1 de diciembre, visas a los cubanos que deseen viajar a ese país y pasar los filtros migratorios normales para determinar si el solicitante del permiso clasifica o no, exactamente como hace cualquier país en el mundo.
Teóricamente, la decisión de Quito debe reducir el flujo de cubanos que salen desde territorio ecuatoriano hacia Colombia y Centroamérica, en su afán de llegar a la frontera de Estados Unidos con México y beneficiarse de la política ‘pies secos, pies mojados' y del Programa Parole para médicos y otros profesionales.
Pero Guyana aún los admite sin necesidad de visas y el éxodo podría incrementarse por esa vía si no se toman medidas drásticas y a tiempo, sin que nadie pueda asegurar que los traficantes de personas no sigan ofreciendo métodos y nuevas rutas que estimulen a los candidatos a emigrantes a volver a lanzarse al mar hacia terceros países, o buscar por su cuenta nuevos itinerarios, siempre peligrosos, para llegar con ‘los pies secos' (por tierra), a las fronteras estadounidenses.
La ley de ajuste los incita a eso.
Tanto el gobierno de Estados Unidos como grupos anticastristas de Miami reconocen que la emigración cubana actual es económica y no política, de allí que sus líderes estén abogando por endurecer y transformar la Ley de Ajuste Cubano de 1966 –no eliminarla— a fin de que quienes se beneficien con ella no puedan regresar a la isla ni de visita, y presentarlos como exiliados políticos.
Sin embargo, la administración de Obama, a través del Departamento de Estado, ha insistido en que no cambiará la política migratoria que aplica a los cubanos aun cuando es, a todas luces, una total incongruencia con las negociaciones en curso para el restablecimiento de la normalidad en las relaciones bilaterales.
Una explicación a esa irracionalidad pudiera estar relacionada con el nerviosismo y la intranquilidad que ha generado en los potenciales viajeros la posibilidad de que se cumpla la demanda de Cuba de eliminar esa política migratoria y desaparezcan los beneficios que esta les otorga exclusivamente a los cubanos, y no puedan realizar su deseo de vivir en Estados Unidos.
Si se cierran todas las puertas a la emigración que auspicia y propicia la Ley de Ajuste, la desesperación por viajar puede desencadenar episodios muy poco agradables, como el de Mariel, en el siglo pasado y complicar más aún la situación.
La concentración de cubanos en Panamá y Costa Rica es de mal agüero y lo mejor para todos es destrabar el nudo gordiano que el propio Departamento de Estado ha creado.
Incide en esa situación, e incluso la agrava, el deterioro de la economía de la isla, 55 años después de un bloqueo que no la deja desarrollar y que ahoga las ansias de una vida mejor de las nuevas generaciones de cubanos que tienen otra mentalidad más acorde a los tiempos actuales y que aspiran a alcanzar sus expectativas de bienestar.
El gobierno cubano de ‘los históricos' está en sus postrimerías, como han advertido sus dirigentes, y su condición de garantes de las conquistas de la Revolución va pasando en un proceso lento y cuidadoso a nuevas manos, pero evidentemente ni es una panacea ni permite asegurar que las metas de desarrollo sostenido con las que sueñan los jóvenes se consigan en el tiempo que todos desearían.
El deterioro económico de Cuba es muy evidente y el gran mérito histórico de la vieja y la nueva dirección del país ha sido sobrevivirlo y crear las condiciones necesarias para asumir un restablecimiento rápido y sostenido apenas haya circunstancias favorables. Pero los lineamientos económicos y la apertura a la inversión extranjera son procesos en maduración y llevan su tiempo.
Mientras el despegue económico no llegue, la emigración actual seguirá siendo una espada de Damocles sobre las cabezas de todos si el gobierno de Estados Unidos no actúa con inteligencia para evitar que se produzca otro Mariel.
Obama tiene en sus manos muchas formas de impedirlo si elimina la política de ‘pies secos, pies mojados' y el programa Parole, y paralelamente desmonta los aspectos del bloqueo económico, comercial y financiero que están en la raíz del tema migratorio.
Una señal de que en realidad tiene voluntad de normalizar las relaciones con Cuba y solucionar la crisis sería eliminar el trato beneficioso a los cubanos que ingresan por tierra, condición que no rige para ninguna otra nacionalidad, y regresarlos a su origen como hace con quienes llegan a las costas americanas por mar, lo cual está dentro de sus prerrogativas, y en compensación aumentar y ejecutar las visas a los cubanos para que ingresen de forma legal, ordenada, con todos sus derechos, sin perjudicar ni involucrar a terceros países.
ANALISTA