Estados Unidos e Irán abren una nueva negociación nuclear tras meses de guerra

  • 16/06/2026 10:55
Tras meses de conflicto y miles de muertos, Washington busca un entendimiento que revive varios elementos del convenio abandonado en 2018

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La posible firma de un nuevo acuerdo entre Estados Unidos e Irán ha puesto de relieve una de las mayores paradojas de la política exterior de Donald Trump.

Ocho años después de retirar unilateralmente a Washington del acuerdo nuclear de 2015, al que calificó como “desastroso”, “débil” y “el peor acuerdo de la historia”, el presidente estadounidense impulsa ahora negociaciones que podrían desembocar en un pacto con características muy similares a aquellas que utilizó para justificar su ruptura.

La diferencia es que el contexto ha cambiado radicalmente.

Tras tres meses y medio de guerra, cerca de 7.000 muertos, pérdidas económicas multimillonarias y el cierre temporal del estrecho de Ormuz, Irán llega a la mesa de negociación en una posición distinta a la de 2015 y con una capacidad de presión que ha quedado demostrada durante el conflicto.

El acuerdo que Trump rompió en 2018

El Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), firmado en 2015 entre Irán, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania, Rusia, China y la Unión Europea, buscaba limitar el programa nuclear iraní a cambio del levantamiento progresivo de sanciones internacionales.

El pacto obligaba a Teherán a restringir el enriquecimiento de uranio a un máximo de 3,67 %, reducir drásticamente sus reservas de material nuclear y someter sus instalaciones a inspecciones permanentes del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

A cambio, la comunidad internacional flexibilizaba las sanciones económicas que durante años habían golpeado la economía iraní.

Sin embargo, en 2018 Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo argumentando que no eliminaba por completo las capacidades nucleares iraníes, ignoraba el desarrollo de misiles balísticos y no abordaba el respaldo de Teherán a grupos armados aliados en Medio Oriente.

Un nuevo pacto con viejos elementos

La propuesta que ambas partes comenzarán a negociar formalmente durante los próximos 60 días mantiene varios de los componentes fundamentales del acuerdo que Trump rechazó hace ocho años.

Según la información conocida hasta ahora, Washington pretende que Irán permanezca sin enriquecer uranio durante un período de hasta 20 años, mientras que Teherán propone limitar ese compromiso a cinco años.

Estados Unidos también aspira a que la República Islámica entregue los aproximadamente 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60 % que conserva actualmente, un nivel cercano al requerido para fabricar armamento nuclear.

Irán, por su parte, se muestra dispuesto únicamente a reducir el nivel de enriquecimiento de ese material, sin desprenderse completamente de él.

El eventual acuerdo también contempla el regreso de inspectores internacionales a las instalaciones nucleares iraníes, una de las bases centrales del pacto firmado en 2015.

El alivio económico que busca Teherán

A cambio de las restricciones nucleares, ambas partes discutirán la flexibilización de sanciones y la liberación de fondos iraníes congelados en el extranjero.

Diversas fuentes señalan que una primera partida podría rondar los 12.000 millones de dólares, aunque la cifra definitiva aún no ha sido confirmada.

Para Teherán, estos recursos representan mucho más que un alivio financiero.

Antes de la guerra, el país atravesaba una profunda crisis económica y social agravada por años de sanciones internacionales, alta inflación y protestas internas.

La llegada de nuevos fondos permitiría financiar programas de reconstrucción, aliviar parte de la presión económica y reducir el descontento social acumulado durante los últimos años.

Las líneas rojas de Irán

Uno de los aspectos más significativos de la negociación es lo que no está incluido en ella.

Irán se ha negado a discutir la eliminación de su programa de misiles balísticos y tampoco acepta condiciones relacionadas con sus alianzas regionales.

El apoyo a grupos como Hezbolá en Líbano, Hamás en Gaza, las milicias chiíes en Irak o los hutíes en Yemen continúa siendo considerado por Teherán un asunto de soberanía nacional.

Precisamente esos puntos formaban parte de las principales críticas que Trump formuló contra el acuerdo de 2015.

Un escenario más incierto que hace una década

Más allá de las similitudes entre ambos pactos, el contexto político actual es mucho más complejo.

La guerra alteró profundamente el equilibrio de poder dentro de Irán.

La muerte del líder supremo Alí Jameneí durante los bombardeos del inicio del conflicto abrió paso a una nueva generación de dirigentes vinculados a sectores más radicales y cercanos a la Guardia Revolucionaria.

Además, los ataques israelíes y estadounidenses, que según diversas estimaciones superaron las 17.000 operaciones militares, reforzaron dentro del país a quienes consideran que la única garantía real de seguridad es desarrollar una capacidad de disuasión mucho mayor.

La desconfianza hacia Occidente, que ya era elevada durante la negociación de 2015, se ha profundizado tras la guerra y especialmente hacia Trump, a quien sectores iraníes consideran un interlocutor impredecible capaz de abandonar cualquier compromiso si cambian las circunstancias políticas.

Una paz todavía bajo prueba

Las próximas semanas serán determinantes para conocer si ambas partes logran transformar el memorando preliminar en un acuerdo definitivo.

Aunque Washington presenta el entendimiento como una oportunidad para reducir las tensiones en Medio Oriente y evitar una nueva crisis nuclear, persisten dudas sobre la solidez de las garantías, el cumplimiento de los compromisos y la disposición real de Irán a realizar concesiones significativas.

Paradójicamente, Trump podría terminar firmando un acuerdo que conserve muchos de los elementos que utilizó para desmantelar el pacto nuclear de 2015. La diferencia es que ahora negocia con un Irán más endurecido por la guerra, más desconfiado y consciente de su capacidad para influir en la estabilidad económica mundial.

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