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- 07/09/2014 02:00
Las fuerzas ucranianas y los separatistas prorrusos respetaron este sábado en general el primer día del alto el fuego, aunque empañado por algunos incidentes aislados denunciados por los dos bandos enfrentados en el este de Ucrania.
El presidente ucraniano, Petró Poroshenko, y su homólogo ruso, Vladímir Putin, constataron en una conversación telefónica que la tregua firmada el viernes en Minsk con mediación de Rusia y la OSCE se ha respetado, y resaltaron la importancia del control internacional para garantizar su éxito en el futuro.
La manifiesta voluntad del líder ucraniano de no poner en peligro el cese de hostilidades, que contrasta con su hasta hace poco inquebrantable defensa de la operación militar contra los separatistas, tendrá que resistir en los próximos días a las más que previsibles escaramuzas en los dos bandos.
Los primeros incidentes, algunos ya atribuidos a saboteadores, tuvieron lugar el viernes, aunque incluso el líder de los rebeldes de Donetsk, Alexandr Zajárchenko, apuntó que pudieron deberse a que la orden de dejar de disparar no había llegado a todos los combatientes.
El caso más grave ocurrió cerca de la ciudad de Lugansk, donde al menos once miembros del batallón ucraniano ‘Aidar’ murieron a manos de las milicias tras caer en una emboscada.
Los separatistas denunciaron también la muerte de cuatro civiles durante la madrugada como resultado del fuego de artillería ucraniano contra la ciudad de Donetsk.
El responsable de Defensa de la autoproclamada república popular de Donetsk, Vladímir Kónonov, aseguró que las tropas de Kiev aprovechan la tregua para acercarse a los rebeldes.
Por lo demás, las dos regiones vivieron este sábado una jornada tranquila y apacible, algo que enseguida fue aprovechado por los habitantes de las ciudades más castigadas por los estragos de la guerra, en la que el Gobierno de Kiev denuncia que los rebeldes cuentan con ayuda militarde Rusia. Los pocos residentes que aún resisten en Lugansk, sin agua ni luz desde hace un mes y medio y sometida al fuego de artillería del que se acusaban los dos bandos, salieron de sus escondites para intentar devolver al menos una apariencia de normalidad a sus calles y barrios.