Venezuela abre un cementerio de emergencia para miles de víctimas sin identificar tras los terremotos

  • 06/07/2026 11:33
En La Esperanza, las autoridades habilitan zanjas numeradas mientras crecen las críticas por el manejo de cadáveres y la respuesta estatal

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En una zona apartada del cementerio La Esperanza, a una hora de La Guaira, las retroexcavadoras no se detienen. Desde hace más de diez días, máquinas y camiones abren largas zanjas sobre una ladera de tierra desnuda para recibir a cientos de víctimas de los terremotos que devastaron Venezuela el pasado 24 de junio.

Allí serán sepultados muchos de los cuerpos rescatados entre los escombros: los de bajos recursos, los que no pudieron ser reclamados por sus familias y aquellos que aún permanecen sin nombre.

Aunque las autoridades insisten en que no se trata de una fosa común, la imagen resume la magnitud de una tragedia que desbordó morgues, funerarias y cementerios. Sobre cada sepultura se coloca una cruz, piedras blancas y un código que remite a un expediente, un registro fotográfico y la documentación de la inhumación.

Un trabajador pinta tumbas para víctimas no identificadas del terremoto del 24 de junio en el cementerio La Esperanza, en Catia La Mar, estado La Guaira, al noreste de Caracas, el 5 de julio de 2026.
Una sepultura numerada para cada cuerpo

Eli Zabala, funcionario municipal encargado del operativo, defendió que cada víctima está recibiendo una sepultura individual y un registro que permita su futura identificación.

Según explicó, hasta este lunes ya habían sido enterradas 253 personas en La Esperanza, de las cuales 159 no habían sido identificadas. Las zanjas abiertas tienen capacidad para unos 2.000 ataúdes, aunque las autoridades calculan que podrían recibir hasta 3.000 si la emergencia lo exige.

También se evalúa habilitar una nueva terraza del cementerio ante la posibilidad de que sigan llegando cuerpos desde las zonas más afectadas.

El movimiento es constante. Camiones frigoríficos y ambulancias suben y bajan del camposanto trasladando cadáveres desde morgues oficiales e improvisadas hacia las tumbas recién abiertas.

Esta foto muestra las tumbas de personas no identificadas, víctimas de los dos terremotos, en el cementerio La Esperanza de Catia La Mar, estado La Guaira, al noreste de Caracas, el 5 de julio de 2026.
Los más pobres, los más solos

En La Esperanza terminan muchos de los cuerpos de quienes no pudieron pagar un entierro privado o no tenían familiares cerca para reclamarlos.

La diáspora venezolana, estimada en millones de personas, también pesa sobre esta tragedia: muchas víctimas tienen parientes fuera del país, incapaces de regresar a tiempo para identificarlas o despedirlas.

Quienes lograron reconocer a sus familiares y reunir dinero para una funeraria pudieron enterrarlos en cementerios tradicionales o incinerarlos. Los demás fueron trasladados en camiones refrigerados hacia un espacio que intenta ofrecer un mínimo de dignidad en medio del desastre.

Un hombre envuelto en la bandera venezolana intenta encontrar personas desaparecidas entre los escombros de la playa de Los Cocos, en Caraballeda, estado de La Guaira, Venezuela, el 1 de julio de 2026, tras los dos terremotos del 24 de junio.
Una emergencia que superó a las morgues

El último balance oficial eleva a 3.342 los fallecidos y a 16.740 los heridos por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela.

La gestión de los cadáveres se convirtió en uno de los mayores desafíos de la emergencia. Durante los primeros días, el caos marcó las morgues formales e improvisadas.

En un estacionamiento usado como depósito temporal, cientos de cuerpos permanecieron bajo el sol del Caribe, muchos en avanzado estado de descomposición. El olor penetraba las viviendas cercanas y obligó a los vecinos a exigir su traslado.

Después, parte de los cadáveres fue llevada al puerto, colocados en hileras, aunque también expuestos al calor.

Un grupo de personas participa en una vigilia en honor las victimas de los terremotos este domingo, en Caracas (Venezuela).
Críticas a la respuesta oficial

La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, aseguró que desde el inicio ordenó evitar entierros masivos en zanjas sin nombre y defendió que ningún cuerpo sería enviado a una fosa común.

Sin embargo, el manejo de la emergencia ha recibido fuertes cuestionamientos por la lentitud y la descoordinación durante las primeras 72 horas posteriores al terremoto.

Damnificados denunciaron falta de maquinaria, insumos básicos e incluso materiales para marcar los cuerpos que los propios vecinos sacaban de entre los escombros.

Rodríguez rechazó las críticas, las atribuyó a una campaña mediática y sostuvo que el Estado Mayor se activó en cuestión de horas. Según dijo, el despliegue pasó de 4.000 efectivos el primer día a 19.000 en la actualidad.

Fotografía cedida por Prensa de Miraflores de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodriguez (c), participando en un acto conmemorativo por la independencia del país.
Una fotografía entre las cruces

En medio de las filas de cruces blancas, una sepultura rompe la uniformidad.

Es la de Yonhatan Calderón, de 13 años. Su familia pegó una fotografía suya sobre una cruz de madera oscura. En la imagen, el adolescente sonríe. Murió el 3 de julio, nueve días después del terremoto.

Su rostro, entre cientos de códigos y tumbas numeradas, recuerda que detrás de cada cifra hay una vida interrumpida, una familia rota y un país que todavía intenta contar a sus muertos.

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