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16 de Jan de 2021

Nacional

Cristo de Esquipulas: una fe

ANTÓN. No cuesta nada llegar a Antón. Solamente siga la fe de un pueblo. En este lugar se congregan los romeros o peregrinos que proc...

ANTÓN. No cuesta nada llegar a Antón. Solamente siga la fe de un pueblo. En este lugar se congregan los romeros o peregrinos que proceden de la capital, de diversos puntos del interior del país o de Centroamérica, Venezuela, Colombia o Perú.

En fin, el Cristo de Esquipulas de Panamá (que no pretende reemplazar al de Guatemala, sino que es la misma fe, el mismo Cristo) es famoso y venerado.

Esquipulas es un lugar en Centroamérica, en la cercanía de la frontera con El Salvador y Honduras. Allí hay un famoso Cristo negro, venerado en todas partes.

El de Panamá es blanco, pero llegó en un cajón que decía “Cristo de Esquipulas”, al parecer hace varios siglos.

Para fines del siglo XIX era una devoción bien constituida.

¿Quiénes le rinden culto? Gente como Natividad Ovalles Morán, un hombre del pueblo. Sencillo, humilde, gente real. 52 años de edad. Tiene 16 como “esquipulita”.

Esto significa que carga un pequeño altar con un Cristo en miniatura, que viaja con él por algún corregimiento o comunidad de Antón.

Estos “mayordomos”, como se les llama, recogen limosnas que después se entregan en la parroquia de San Juan Bautista, y finalmente se devuelven en ayuda a los pobres.

Pero más importante que la limosna es el mensaje evangélico que tratan de transmitir como predicadores de la Palabra.

Cuando se cumple el período de misión, los esquipulitas son recibidos en la Parroquia Jesús Nazareno de El Ciruelo, donde se les agasaja con comida, un acto cultural. Y en donde cada misionero que llega con su pequeño Cristo es recibido por el que llegó antes que él con una actitud de mutua reverencia.

Esta una tradición folklórica nacida entre los mismos campesinos.

Mucha gente ha recibido milagros: que si pies, que si manos (las diversas partes de su cuerpo confeccionadas en oro o plata representan la gracia de esta curación).

El Cristo ha sufrido hasta el asalto de los maleantes por este motivo, y tener que recordarlo no le gusta nada al párroco Esaú Estrada.

Él se siente motivado esta festividad. Como todos.

Como el profesor Julio Ortega, folklorista e historiador aficionado, que ha recogido las historias del pueblo durante toda su vida, pues siempre ha morado allí.

Son 75 años de recuerdos. El dice que muchas tradiciones y danzas de Los Santos nacieron en Antón llevadas allá por un sacerdote durante la fiesta de Corpus.

La fiesta de Corpus tiene dos aspectos: el profano, caracterizado por el baile y la música popular y el sagrado.

Y según dice el padre Esaú con cierto pesar, a diferencia de otras partes aquí lo profano no sigue a lo sagrado, sino que se mezcla.

Y lo religioso va acompañado con ruido de pindín.

“Pero es que aquí también, reconoce el padre “cuando se llora, se llora de verdad” y cuando se ríe, se ríe de verdad”.

Pero sobre todo permanece la fe del pueblo en Cristo, bajo la advocación de Señor de Esquipulas.