05 de Dic de 2022

Nacional

Díaz Herrera hacía análisis políticos para Noriega

PANAMÁ. Roberto Díaz Herrera, es hoy embajador en Perú, con frecuencia se le escucha opinar sobre diversos asuntos de la vida nacional,...

PANAMÁ. Roberto Díaz Herrera, es hoy embajador en Perú, con frecuencia se le escucha opinar sobre diversos asuntos de la vida nacional, sobre todo de temas políticos. Hace 22 años cuando fungía como jefe de Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa, también comentaba el tema.

En ese entonces dirigía las operaciones de inteligencia militar y dentro de sus funciones debía evaluar las opciones políticas en el país para que la comandancia pudiera tomar sus decisiones.

Corría el año de 1986, el país empezaba a adentrarse en un túnel de acontecimientos que marcarían el final de la dictadura, pero eran apenas los atrios de ese camino. Noriega y sus militares mantenían el control y una aceptación a nivel internacional.

Dos años antes (1984) habían hecho triunfar a Nicolás Ardito Barletta en las elecciones generales. El mandato sólo duró un año, Barletta fue destituido por los cuarteles cuando intentó investigar el crimen de Hugo Spadafora (1985).

Casi un año más tarde Díaz Herrera entrega a su entonces jefe una carta donde diagnostica el escenario posible en la oposición (los civilitas), tras la muerte de Arnulfo Arias (que se da dos años más tarde, en 1988).

En la nota, Díaz Herrera habla de que a la oposición le haría falta coherencia una vez muerto Arnulfo, que los panameñistas se pelearían por su herencia, que la Democracia Cristiana (hoy aliados al PRD) no aceptaría una alianza como la 1984 (Panameñista, Democracia Cristiana y Molirena), y que otros partidos opositores pequeños tampoco buscarían la unidad, es decir no habría una candidatura única. (Ver nota adjunta).

Díaz Herrera, hoy se refiere al tema con un argumento elemental, “tenía que hacerlo”, dice el coronel en retiro, asegura que desde la muerte de Spadafora él había tenido diferencias abiertas con Noriega, “intenté un golpe en 1985” cuenta y ante el fracaso “pues a Noriega lo apoyó Estados Unidos, sólo me quedó camuflajearme”.

“Seguro que habrá no sólo estas, sino muchas cartas y hasta fotos, tenía que ganarme una mínima confianza, reiteradamente”, dice.

La prueba que argumenta Díaz Herrera es que un año después de esa carta se enfrentó a Noriega, “al final arriesgué mi pellejo y sin Roberto Díaz Herrera, no habría crisis ni cruzada civilista ni golpes. Yo tumbe a Noriega”, sostiene.