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07 de Aug de 2020

Nacional

La casa de Arsenio Villagra

BOCAS DEL TORO. Changuinola. Cuando los vehículos todo terreno se acercaron a la nueva casa de Arsenio Villagra, de 34 años, tres de s...

BOCAS DEL TORO. Changuinola. Cuando los vehículos todo terreno se acercaron a la nueva casa de Arsenio Villagra, de 34 años, tres de sus cinco hijos —quienes jugaban descalzos en el patio frontal— tenían ya la vista congelada sobre nosotros. Detrás de ellos, parecían pintadas en el horizonte una cadena de montañas oscurecidas por la neblina en sus cimas, presagiando lluvia en minutos.

Pensativos, los pequeños sólo se mordían los dedos y, de pronto, corrieron hacia el portal de la nueva estructura, un chalet de dos pisos que parecía sacado de otra dimensión en comparación con los otros dos ranchos traseros, donde viven la mamá de Arsenio y sus hermanos y hermanas, con hijos y parejas.

Arsenio salió a nuestro encuentro a la vez que agrupaba a los niños para que se mantuvieran dentro. Los periodistas invitados por la empresa AES Panamá para conocer el proyecto de construcción de la Hidroeléctrica en Changuinola (Chan 75), empezamos a sacar cámaras y grabadoras para entrevistar a uno de los indígenas que acaba de recibir su casa nueva como parte del plan de reubicación de las familias residentes en las cuatro comunidades que en parte serán inundadas por la represa.

En total son 163 familias que viven en Charco de la Pava, Valle del Rey, Changuinola Arriba y el Guayabal. No todas han aceptado la reubicación que AES ofrece a pesar de las consultas dirigidas a cumplir solicitudes, incluso, a mantener la cultura en las propias viviendas y su entorno. Aún faltan unas 40 familias que esperan más, dice Celia Bonilla, promotora de AES para los traslados. Aseguró que conoce bien a esta gente, pues también es bocatoreña y se mostró optimista porque poco a poco los que restan están aceptando.

A la casa de Arsenio, de 3 recámaras, se le equipó con juego de sala y otros muebles. “Yo veo que la cosa sí ha cambiado, no es como primero se creía”, dijo Arsenio rodeado de cámaras y grabadoras. Junto a él, sus hijos y su esposa con rostros tímidos. “Mi mensaje para los otros sería que no pierdan esta oportunidad. Yo quisiera que todos tuvieran este beneficio”. Siempre sereno, el hombre contestó cada pregunta. Dijo que cree en un mejor futuro, pues se han mejorado las escuelas, carreteras, un centro de salud que ahora es hospital y hay tanques de agua potable. Ya no sólo trabaja la agricultura, le han dado empleo como señalizador de tránsito dentro del proyecto. Y parado a la orilla de la carretera, así nos despidió, levantando un letrero de “siga adelante”.