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20 de Jan de 2021

Nacional

Secretos de la Casa Blanca

ESTADOS UNIDOS. Sexo, mentiras y licor. Eso y más han presenciado en la Casa Blanca los encargados de la seguridad de los Presidentes,...

ESTADOS UNIDOS. Sexo, mentiras y licor. Eso y más han presenciado en la Casa Blanca los encargados de la seguridad de los Presidentes, según el libro In the President's Secret Service (En el servicio secreto del presidente), escrito por Ronald Kessler, un antiguo reportero de The Washington Post , autor de varios textos que han encabezado la lista de best-sellers de The New York Time s. El volumen promete causar muchas controversias, pues no deja títere con cabeza en cuanto al comportamiento de quienes han regido los destinos de un país que se precia de un moralismo a ultranza.

AMANTES

Uno de los más afectados por las nuevas indiscreciones de sus guardaespaldas es el prócer de la nación, el presidente mártir John F. Kennedy. Según el libro, es quien más amantes coleccionó a su paso por el gobierno.

"Larry Newman y otros agentes que le asignaron descubrieron muy pronto que él tenía una doble vida. Era el líder más carismático del mundo libre. Pero en su otra vida era un hombre que engañaba a su esposa, era un marido despreciable y sus ayudantes le llevaban mujeres a la Casa Blanca para que calmara su desenfrenado apetito sexual", dice. Dos de las secretarias de Kennedy, Priscilla Wear y Jill Cowen, así como Pamela Turnure, la atractiva jefa de prensa de la primera dama, Jackie Kennedy, "tenían un ménage à trois (trío) con el presidente", cuenta el libro.

El romance de Kennedy con Marilyn Monroe también aparece registrado. Los agentes revelan que el presidente y la estrella de Hollywood "tenían relaciones sexuales en varios hoteles de Nueva York y en un 'loft' de la parte alta del Departamento de Justicia en Washington, cuyo jefe era Robert Kennedy".

Lyndon Johnson, que reemplazó a Kennedy tras el atentado mortal de Dallas en noviembre de 1963, resultó ser aun más despreciable para los agentes secretos. "Un día, cuando su esposa Lady Bird lo pilló haciendo el amor con una secretaria en un sofá de la Oficina Oval, los regañó duramente". Por eso tuvieron que instalarle un beeper para que lo activaran en caso de que la primera dama se acercara al despacho.

Richard Nixon también tuvo sus cosas. Casi nunca hablaba con su esposa Pat y solía jugar golf de lunes a viernes a la una de la tarde. Exigía que le encendieran la chimenea incluso en los meses de verano y en los momentos más difíciles del escándalo Watergate se volvió depresivo y ordenaba un Martini o un Manhattan.

Gerald Ford, que sucedió a Nixon tras la renuncia de éste en agosto de 1974, era un hombre correcto, según el servicio secreto, pero no se metía la mano al bolsillo. Su avaricia llegaba a tales extremos, que en ciertos casos les pedía plata a los agentes para pagar los periódicos que compraba.

En cambio Jimmy Carter, que hablaba suavemente y parecía un pacífico cultivador de maní del estado de Georgia, resultó ser un hombre despiadado con quienes le servían y un mentiroso con los ciudadanos. Trataba de proyectar una imagen de hombre común y lo hacía al cargar su propio equipaje mientras estaba de viaje, pero era puro show.

Los Carter pregonaban ser abstemios y lo cierto es que cuando no había nadie, tomaban Bloody Mary y cerveza Michelob. Y Jimmy, llegaba a la Oficina Oval a las 5 ó 6 de la mañana, pero, tras sentarse media hora en el escritorio, cerraba las cortinas y se echaba una siesta.