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28 de Nov de 2020

Nacional

Ambicioso plan antipandillas

PANAMÁ. El Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) proyecta para abril próximo que unos 934 jóvenes en alto riesgo social o “pandillero...

PANAMÁ. El Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) proyecta para abril próximo que unos 934 jóvenes en alto riesgo social o “pandilleros” hayan cumplido con la primera etapa del visionario proyecto de resocialización llamado “Por una esperanza”.

Este proyecto, que fue discutido por unos 29 representantes de iglesias y dirigentes de organizaciones que trabajan en el rescate de estos jóvenes, tiene tres fases: la primera de diagnóstico (de 4 meses de duración), la segunda de crecimiento (de 8 meses) y la tercera de inserción social (de 5 meses).

Luis Petit, director de la Oficina de Desarrollo Social Seguro del MIDES, presentó el ambicioso plan, elaborado tomando en cuenta las estadísticas que esa institución maneja: 105 pandillas en todo el país y unos 1,500 integrantes activos.

Petit detalló que la forma como esta institución logrará el “gancho” con estos adolescentes es mediante las actividades deportivas, con partidos de fútbol en las comunidades donde también se le hablará del proyecto a los jóvenes.

El programa, cuyo costo será de 1.4 millones de dólares, abarca los distritos de Panamá, San Miguelito, Arraiján, Colón y David.

Durante el encuentro, Petit transmitió su preocupación por el aumento de los casos delictivos donde se ven involucrados jóvenes en riesgo. “Hay razones de peso para que este tema se haya incluido como política de Estado, por eso estamos elaborando un modelo integral que incluya también a las familias de estos adolescentes”.

CORO DE PETICIONES

Los presentes en la discusión enviaron un mensaje claro al gobierno: sin una oportunidad de empleo, los jóvenes en alto riesgo social o “pandilleros” no podrían abandonar este círculo vicioso e insertarse en la sociedad como hombres de bien.

Pedro Lañón, taxista y pastor evangélico, tiene diez años de trabajar con los jóvenes de San Joaquín en Pedregal, donde dice que hay tres pandillas, dos que salieron de la primera y más peligrosa del sector: “Los Perros”, de la que él formó parte cuando tenía 23 años.

Lañón sostiene que la estrategia que el Estado necesita en su comunidad consiste en construir talleres y escuelas para los “chicos”, para que en la mañana aprendan un oficio y en la tarde se eduquen, así, podrán salir del mundo de las pandillas del que él pudo escapar gracias a la mano de Dios.

Aracelys Gutiérrez, de la Fundación Unidos por la Paz de El Chorrillo, reclama que “el tiempo del bla, bla, bla, se acabó” y que es hora de que el dinero que el gobierno destina al trabajo de rescate llegue a donde tiene que llegar: a la comunidad.

La religiosa, señaló que luego de terminada la jornada tenía que salir corriendo para rescatar a una chica que estaba en manos de una pandilla, reclamó que desde una oficina refrigerada no se solucionan los problemas. “Ellos, los pandilleros, tienen hijos, mujeres que mantener y por eso salen a las calles a buscar lo que no tienen en la casa”.

TESTIMONIOS DEL HORROR

José Pérez (nombre ficticio) tiene 16 años. Hace un mes dejó la pandilla de la que fue miembro desde los 13 años en El Chorrillo. Cuenta que dejó de ser pandillero porque recibió una señal de Dios: salvarse de los 7 disparos que le propinaron a corta distancia y de la que solamente una le hirió un glúteo.

La historia de Pérez no es distinta de la de Alberto Sánchez (nombre ficticio), un joven de 20 que usa frenos dentales y que también salió de una pandilla de Barraza hace cuatro semanas. Ha pasado temporadas en La Joya, La Joyita y en El Renacer, casi todas las cárceles panameñas.

Para que sea creíble su testimonio muestra cicatrices en las manos, los brazos, y dice que hay también en las piernas y en la barriga.

“Todo pandillero es afanado, quiere ropa, carro, casa”, dice como resumen de ese mundo.