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21 de Jan de 2020

Nacional

Tragedia a lo panameño

PANAMÁ. Estar acostumbrados y preparados para enfrentar eventos naturales de gran magnitud marca la diferencia. Esa es la gran lección q...

PANAMÁ. Estar acostumbrados y preparados para enfrentar eventos naturales de gran magnitud marca la diferencia. Esa es la gran lección que le queda a Susana Noriega, una estudiante panameña de 22 años que justo ayer se graduaba de licenciada en Bellas Artes en la Universidad de Seian Art and Design, en Shiga, Japón.

Ella forma parte del grupo de ochenta y ocho panameños que residen en este país asiático.

Para cualquiera, un terremoto de 8.9° en la escala de Richter, que además desencadena un tsunami, es algo para alarmarse, pero Susana tiene una historia diferente.

A las 3:30 de la tarde del 11 de marzo, junto a 280 estudiantes sentados en el salón de conferencias del hotel Otsu esperaba su turno para recibir su diploma que la acredita como licenciada en Bellas Artes.

Repentinamente, el edificio empezó a mecerse ‘como si fuera un columpio. Las luces colgantes se prendían y apagaban, daba la impresión de que iban a caerse y las paredes parecían de papel’, cuenta Susana.

Los presentes empezaron a mirarse unos a otros buscando una respuesta a lo que estaba pasando. En sus miradas se percibía el temor por lo que venía. Y llegó, ‘estaba temblando’, los mensajes de Twitter recibidos por iPhone anunciaban la tragedia. A pesar de ello, el pánico no se apoderó del auditorio durante los casi dos minutos que duró el movimiento.

Pero, segundos después de la primera sacudida, la escena se repetía, aunque con menor intensidad. Las réplicas eran constantes; sin embargo, una vez que dejó de temblar, Susana y sus compañeros siguieron con la ceremonia. Por el altavoz se escuchó: ‘los que tengan familiares en el norte de Japón, por favor comuníquense con ellos. Nadie se movió’.

Los graduandos siguieron desfilando hacia el podio para recibir sus títulos. Mientras el norte de Japón se destruía —las olas del mar se tomaban las costas arrastrando autos, barcos y casas en total confusión, el incendio en una planta nuclear se extendió y las llamas devoraban los centros urbanos, en el resto del mundo alertas de tsunami y noticias de impacto recorrían los noticieros—, en el hotel Otsu todo seguía con aparente normalidad. ‘A las 5, cuando acabó la ceremonia, nos fuimos a cenar y a bailar. Hace poco llegue a casa —1:00 a.m.— y hasta ahora que encendí la televisión me doy cuenta de la magnitud de la tragedia’, contó Susana.