19 de Ago de 2022

Nacional

Los Sittón y la herencia q ue conmueve a Chiriquí

Un juicio de sucesión intestada que debía resolver a partes iguales una herencia familiar terminó rompiendo los lazos fraternales de la ...

Un juicio de sucesión intestada que debía resolver a partes iguales una herencia familiar terminó rompiendo los lazos fraternales de la familia Sittón.

Todo comenzó hace 11 años, cuando Alberto Sittón —padre de José Aníbal, Alberto, Itza, Tomás y Ricardo— murió y dejó un testamento abierto: 45 millones de dólares en propiedades y empresas. Lo que parecía un acto de igualdad —todos sus hijos recibirían lo mismo— se convirtió en un acto de imprudencia. La falta de definición sobre el destino de los bienes terminó inflamando la disputa familiar hasta llevarla a límites impensados. La familia se dividió en dos bandos. Tres de los hijos iniciaron una pelea liderada por Ricardo contra José Aníbal, el hermano mayor. La disputa por la herencia generó grandes odios y terminó con una muy polémica decisión de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia.

VIDA Y OBRA

Alberto Sittón siempre supo que entre sus hijos había rivalidad. Sin embargo, como todo padre, intentó dejar que pasara el agua y la corriente se llevara las piedras. Creía que las fricciones eran producto de los caracteres diferentes de cada uno. El anciano empresario conocía a cada uno de sus hijos y todos sus bienes estaban a nombre de los cinco, pero ninguno con más beneficio que otro. Hasta sabía cuáles eran las debilidades y fortalezas de cada uno. Incluso se llegó a decir que controlaba los gastos en los que incurrían. Sin embargo, la confianza de la administración de los bienes la depositaba en su hijo mayor, José Aníbal.

Sittón quizá nunca imaginó que después de su muerte sus hijos romperían los lazos de hermandad por pelearse la fortuna que desde muy joven él había construido: 45 millones de dólares que dejaba en bienes repartidos en las empresas Inmobiliaria Sittón, S.A., Alberto Sittón e Hijos, S.A. y la Compañía Industrial y de Comercio de Chiriquí, S.A., además de varios terrenos y ganado.

Alberto Sittón fue el hijo no deseado de una relación extramarital entre una chiricana de nombre Florentina Ríos y Mair Sittón, un inmigrante isralí proveniente de la ciudad de Hebrón (Cisjordania), donde según la tradición judía están enterrados los patriarcas bíblicos Abraham, Isaac y Jacob. Alberto era uno de los 25 hijos que tuvo el inmigrante judío —otro hijo, hermano de Alberto, es Mauricio Sittón, muy conocido por ser el fundador de Café Sittón—.

Lo cierto es que a pesar de provenir de una familia rica, Alberto no recibió ni dinero ni bienes. Lo que sí heredó fue un agudo sentido para los negocios y un carácter severo y disciplinado. A los 14 años su padre lo nombró capataz de una finca ganadera de mil hectáreas y encargado de una tienda que poseía en el distrito de Gualaca.

Acostumbrado a trabajar y a valerse solo desde muy joven, se casó a los 17 años con Otilia Vega Ortega, con quien tuvo a los cinco hijos que hoy se pelean su fortuna.

Lo cierto es que Alberto fue confiando en su agudeza y buen olfato para los negocios que lo llevaron rápidamente a convertirse en uno de los hombres más acaudalados de las tierras altas chiricanas. Posteriormente comenzó a codearse con líderes políticos del país y hasta se convirtió él en uno. Su fama comenzó a crecer, de tal forma que hasta cruzó las fronteras. Empresario célebre que pisaba Chiriquí, se entrevistaba con Alberto. Como pasó en 1960, cuando llegó David Rockefeller.

El estadounidense era propietario del Chase Manhattan Bank y recibió un gran agasajo en tierras chiricanas. Fue atendido por los círculos sociales más altos de la provincia. ¿Dónde? En la finca El Cabrero, de Alberto Sittón. Ya había sucedido la reconversión: de hijo ilegítimo a empresario venturoso. Poco a poco el patriarca Sittón se volvió un político activo del Partido Conservador. Fue gobernador en tiempos del presidente Marco Robles (1964–1968) y posteriormente en el gobierno del general Omar Torrijos. Su elocuencia y carisma lo ayudaban a navegar cualquier crisis. Salvo una que le provocó un dolor del que, quizá, nunca se recuperaría.

De los cinco hijos de Alberto, el que lleva su nombre y que es conocido como ‘doctor Alberto Sittón Vega’, fue condenado en ausencia en 1998 por el homicidio y violación de una menor de edad que trabajaba en su casa, en 1993. Fue un golpe duro para Sittón, que ya estaba en la parte final de su vida.

LA MEMORIA

El 27 de abril de 2000 fue la última vez que los hijos de Alberto Sittón estuvieron unidos. Acababa de fallecer su padre. Después de ese día los hermanos se separaron por la pelea para controlar los bienes que había levantado en toda la provincia de Chiriquí el patriarca.

El 28 de abril de 2000, día del sepelio del empresario chiricano, fue tal vez el más caluroso en la ciudad de David. A pesar que el viejo Sittón se había desempeñado como Gobernador, Suplente de Diputado, Gerente del Banco Nacional y presidente de varias organizaciones ganaderas, pocas personas asistieron a su funeral.

Al momento de su muerte su fortuna ascendía a 45 millones de dólares, no obstante la plusvalía de esas propiedades producto del auge inmobiliario subió y los valores de sus bienes se han incrementado, por lo que sus terrenos podrían estar valorados actualmente entre 70 y 80 millones de dólares.

Según cálculos estimados a cada uno de los hijos debía tocarles entre 8 y 12 millones de dólares.

Alberto Sittón era propietario de más de una veintena de fincas en toda la provincia de Chiriquí. Poseía alrededor de 911 hectáreas de terreno, las cuales estaban repartidas de la siguiente manera: 22 fincas en el distrito de David; 3 en el distrito de Bugaba; 1 en el distrito de Alanje y 2 más en el distrito de Boquerón. Luego de que los tres hermanos —Itza, Ricardo y Tomás— se quedaran con el control de los bienes, José Aníbal decidió no demandar a sus hermanos sino que solicitó que se abriera un proceso de sucesión intestada.

El expediente con la solicitud del juicio de sucesión intestada estuvo paralizado desde el año 2000.

En aquella oportunidad la jueza Maruja Rivera, del Juzgado de Circuito Judicial de Chiriquí, era quien estaba a cargo de resolver la petición de José Aníbal. No se volvió a realizar ninguna acción dentro del proceso sino hasta el año 2005, cuando se reactivó.

El 18 de octubre de 2005 una sentencia del Juzgado Séptimo niega la solicitud de José Aníbal, donde pedía que se declarara que su difunto padre era el propietario de las acciones de las empresas.

Nueve meses después, el 8 de junio de 2006, una sentencia del Tribunal Superior de Chiriquí del Tercer Distrito Judicial confirma entonces que el patriarca de los Sittón era el dueño de las acciones. Inconformes Ricardo, Itza y Tomás con esta decisión, se inicia en agosto de 2006 el trámite para un proceso de casación, contra la resolució n que había dictado el Tribunal Superior. Es entonces que la Corte suprema ingresa en esta historia. Y ya se sabe: la Corte Suprema de Justicia suele ocupar lugares importantes en los escándalos nacionales. Mañana, no se pierda la segunda entrega.