24 de Feb de 2020

Nacional

No hay que abusar del poder

POLITÓLOGA. C uando un Ministro plantea la disyuntiva entre el respeto de los derechos humanos y la seguridad, pone a escoger a la ciud...

POLITÓLOGA

C uando un Ministro plantea la disyuntiva entre el respeto de los derechos humanos y la seguridad, pone a escoger a la ciudadanía entre vivir en una dictadura o en una democracia. Y la respuesta es evidente. ¿Qué implica entonces esta disyuntiva?

Para empezar, es imprescindible tener en cuenta que el respeto de los derechos humanos es el núcleo central de cualquier sistema democrático. Conocerlos, incluirlos en nuestra cotidianidad y hacerlos respetar es una tarea de todos, conjunta. En ese efecto, quienes detentan la fuerza pública deben ser entrenados en el autocontrol, en el respeto de los derechos humanos, en el manejo de la ira y en el control de multitud, porque son ellos los que están autorizados para hacer uso de la fuerza pública, los que representan el poder coercitivo del Estado y los que deben brindar el ejemplo de mesura y control a la población.

Los casos del doctor Rafael Pérez Carillo, del señor Ricardo Weeks, más conocido como DJ Black, representante de la etnia negra, y de Franklin Robinson, presentador de televisión, fueron visibilizados porque pusieron en evidencia la vulneración de los derechos de personas conocidas, que se benefician de una red de contactos que les permite hacer pública su denuncia.

Pero cuántos panameños de nuestros barrios se encuentran en la misma situa ción, cuántas personas marginadas por su color de piel, por la pobreza, por el estigma social, no se atreven o no pueden hacer sus denuncias, por miedo, por desconocimiento o por falta de apoyo, dejando en el silencio historias de abuso que luego pasan al olvido.

Jóvenes que se sienten, porque así los tratan, ciudadanos de segunda, y responden como tal. ¿Cómo se sentiría usted si se le interpela: ‘Oye tú! Dejate de vainas… ¡Ey! que te estoy llamando’, utilizando palabras groseras o insultos?

Las fuerzas del orden deben tratar a todos por igual, con respeto, amabilidad y cortesía. Las fuerzas del orden deben controlarse, así su interlocutor no lo haga.

Es evidente que si el sistema no les brinda a los organismos de control las herramientas y el entrenamiento necesarios para no abusar del poder, están mandándolos a cavar con las manos.

Aquí me permito hacer algunos señalamientos de conductas que deben tener los organismos de control: nada de tutear a las personas que no conocen, aunque sean menores de edad, respeto y amabilidad -porque para discutir y pelear se necesitan dos-, exigir que la institución les brinde la formación adecuada en el manejo de las emociones o en el control de la ira, que los formen en el autocontrol y el control de multitudes. Aprender a rehusarse a acatar órdenes injustas, esto fue establecido durante los juicios de Nuremberg en la segunda guerra mundial.

Es responsabilidad de cada uno de nosotros, de ciudadanía a policía, aprender a no abusar del poder. Y a tratar al otro como a sí mismo. Porque todos somos corresponsables, ya sea por omisión, por no denunciar, por callar, por no protestar, por desconocimiento, porque todos y todas tenemos la obligación de ser vigilantes para que se respeten los derechos fundamentales. Con esto defendemos la democracia.