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06 de Apr de 2020

Nacional

Barú: entre sueño y frustraciones

CHIRIQUÍ. Un largo camino que se mezcla entre la tierra y la piedra traza la ruta hacia una humilde residencia de madera color rojo y cr...

CHIRIQUÍ. Un largo camino que se mezcla entre la tierra y la piedra traza la ruta hacia una humilde residencia de madera color rojo y crema. Es la casa de doña María que parece un viejo caserón de esos que se retrataban en el otrora Curundú en la ciudad capital. Pero estamos en el interior de la República, en el occidente, en Finca Corredor del distrito de Barú, en Chiriquí.

Huele a yerba mojada, pues un aguacero vistió la región y una vez más se filtró por la casa de doña María, una mujer culisa que trabajó en las fincas bananeras del Barú y que, tras la salida de la Chiriqui Land Company, quedó enferma y desempleada. Las arrugas de su rostro y las marcas en la piel revelan la dura labor de trabajar en el campo, en una región que en el Google Maps apenas se mira como un globo de terreno rodeado de naturaleza.

Pero acá la realidad de su gente no es el paraíso; muchos, tal como narra María, viven un infierno pues pareciera que la máquina del tiempo se estancó desde que se marchó la trasnacional productora de banano que estuvo en la región cultivando, cosechando y exportando la fruta por más de tres décadas.

Después de la salida de esta transnacional comenzó a escribirse un nuevo capítulo, un antes y un después. Nada siguió igual.

Sin parar de espurgar arroz en su batea, doña María recuerda aquella época de gloria. Cuando había trabajo, cuando el oro verde inyectaba dinero en la comunidad. Cuando estaba el comisariato que vendía de todo: puerco, pollo, carne, frijoles, arroz, todo a buen precio y hasta a crédito.

Ahora todo se esfumó. De la majestuosidad de las plantas procesadoras de banano hoy solo quedan ruinas. En la actualidad las oxidadas infraestructuras solo son mudos testigos de una historia que la población anhela que vuelva.

En algunas regiones no hay luz eléctrica, a veces el agua se va, no hay caminos de acceso, el transporte es deficiente, y ni hablar de la ausencia de centros médicos. Así se vive en Finca Corredor. Así de cruda es su realidad: viven danzado al ritmo del ‘no hay’, expresa doña María.

La realidad que se retrata en esta finca se repite en las más de diez fincas bananeras, donde la pobreza se hace gala, hablar de desarrollo es una utopía y hablar de progreso es un chiste de mal gusto, pues las necesidades abundan.

Doña María siente que el tiempo se lo llevó todo, todo lo bueno. Ella perdió la fe en el gobierno central, en las autoridades locales. Dice que ‘todo es politiquería, puro bla-bla-bla, promesas sin cumplir que se repiten cada cinco años’.