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02 de Apr de 2020

Nacional

César Villarreal

Hace 50 años, en 1964, así como hoy, el 9 de enero fue un día jueves. En realidad, esa fecha, en aquel momento, no tenía nada que la hi...

Hace 50 años, en 1964, así como hoy, el 9 de enero fue un día jueves. En realidad, esa fecha, en aquel momento, no tenía nada que la hiciera especial. Si todo sucedió ese día fue en particular por dos razones: La primera, porque al día siguiente, viernes 10 de 1964, era el último día de exámenes anuales y terminaba el curso lectivo, así que el tiempo apremiaba; la segunda, porque durante la pausa de Navidad y Año Nuevo los medios hicieron mucho énfasis en que los zonians no querían izar la bandera panameña junto con la de Estados Unidos, como ordenaba el tratado Chiari-Kennedy.

Cuando yo llegué al Instituto Nacional el 9 de Enero por la tarde, me encontré a muchos compañeros en el vestíbulo. En su mayoría eran graduandos como yo. Al entrar al colegio, me entero de que se estaba organizando una marcha hacia el Balboa High School. Ahí supe que ya el Municipio y las autoridades zoneítas estaban enteradas de la manifestación, cuyo motivo era reclamar por el incumplimiento de esta disposición del tratado.

LA BANDERA YA ESTABA MANCHADA Rogelio Hilton, presidente de la Asociación de Graduandos, quienes estaban organizando la marcha, se acercó a mí y a otros compañeros que estábamos reunidos y nos dijo que iban a escoger a 4 personas que llevaran la bandera. A los pocos minutos nos informaron que Luis Vergara, Inocencio García, Alcibíades Picota y yo éramos los escogidos. Nosotros tuvimos que ir a solicitar la bandera a la Rectoría. Dídimo Ríos, el entonces Rector, nos entregó la insignia. En realidad no era una bandera, sino un pendón que tenía la Bandera y el Escudo Nacional.

–Esta bandera es de gran importancia histórica – nos comentó el profesor Ríos –, pues fue llevada por los institutores en la marcha de 1947 cuando Panamá se opuso a la firma del tratado Filós-Hines– agregó el Rector.

El pendón, al desplegarse, tenía ya manchas de sangre sobre la tela blanca. Era de uno de los mártires de 1947, algo que nos había advertido el profesor Ríos. “Sé que ustedes defenderán esta insignia con su propia vida”, nos dijo el Rector al entregárnosla.

Cuando todo ya estaba organizado, salimos a la avenida Estudiante y nos colocamos a la cabeza de la manifestación. El que lleváramos la bandera no tenía nada que ver con nuestras calificaciones o algún motivo que nos destacara por sobre lo demás, fue mera casualidad, yo era un compañero más.

LA LLEGADA AL HIGH SCHOOL Un cordón de policías y patrullas nos recibió cuando estábamos pasando cerca de las escalinatas del edificio de la Administración. Ellos detuvieron la manifestación. Los líderes del grupo comenzaron a negociar con las autoridades zoneítas y, luego de un rato, Hilton nos dijo que habían acordado que no más de seis o siete estudiantes íbamos a marchar hasta la explanada donde estaba el asta bandera y que arriaríamos las dos insignias, la de EEUU y la panameña, y que cantaríamos el himno. Sin embargo, a medio camino, nos dijeron que las cosas ya no serían así, que la bandera panameña ya no se izaría, sino que solo se desplegaría y que cantaríamos el himno.

Al enterarnos de eso, decidimos cruzar la cerca (de ahí nace la tan conocida foto que hoy es una de las imágenes icónicas del momento). Íbamos García, Vergara, Picota y yo; Napoleón De Bernal llevaba un desplegado que decía “Panamá Soberana”, y otro compañero, cuyo nombre no recuerdo, portaba la insignia del Instituto Nacional. Con ellos, venían otros 3 ó 4 muchachos.

Cuando cruzamos, yo realmente iba con mucha aprehensión, pues estábamos totalmente desprotegidos. En ese momento no lo sabíamos, pero al edificio de la Administración llegó un gran número de estudiantes y adultos, aproximadamente 400. Cuando nos enteramos fue algo sobrecogedor, pero en ese momento lo desconocíamos porque del otro lado del edificio no se ve nada. Sin embargo, el número de personas del lado zonian también era grande, pudo calcular que poco más de 500 que estaban diseminados, tanto en el área del asta bandera como en las balaustradas del colegio.

Llegamos al asta escoltados por unos policías. En el lugar la situación era intimidante: La gente nos gritaba y vociferaba todo tipo de cosas. En ese momento no dominaba el inglés, así que no estaba claro qué nos decían. Sí recuerdo que cuando entonamos el himno, los gritos aumentaron y empezaron a empujarnos. El director del Balboa intentaba que sus alumnos se calmaran; pero, por el contrario, los zonians se tornaban más violentos.

Al ver esto, los policías, alarmados de que pasara algo, nos comenzaron a golpear, porque nosotros no nos movíamos. En ese momento en que nos estaban dando con la macana, uno de los policías tira un golpe, que le da a la bandera y la rasga. Mientras abandonábamos el lugar uno de los chicos zonians nos grita “Go home”. ¡Cómo es posible que un invasor nos grite que nos retiremos de nuestras propias tierras! Esa es la única frase que entendí y que jamás lo olvidaré, la tengo completamente grabada en la memoria.

50 AÑOS DE REMORDIMIENTO Tras el incidente, regresamos al otro lado del edificio de la Administración, donde estaban nuestros compañeros.

–Villarreal, ¿qué pasó?– fue lo primero que me cuestionó una compañera al vernos llegar. Yo, con pesar, lo único que pude responder fue: “Me rasgaron la bandera”.

Han pasado 50 años y todavía me avergüenzo de no haber defendido la bandera como se lo merecía . Disculpe si se me aguan los ojos, pero todavía hoy pienso que pude haberlo hecho mejor.

Lo que pasó después de que regresamos, ya es historia…